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Esclavitud en la Antigua Grecia

Esclavitud en la Antigua Grecia

Articulo bueno
Esclavo negro con las manos atadas, Dinastia Ptolemaica, Museo del Louvre.

Esclavo negro con las manos atadas, Dinastía Ptolemaica, Museo del Louvre.

La esclavitud fue un componente esencial del desarrollo del mundo griego antiguo durante toda su historia. Fue considerada por los griegos no solamente como indispensable, sino también como natural: incluso los estoicos o los primeros cristianos no lo pusieron en entredicho.

De acuerdo con la tradición historiográfica moderna, este artículo sólo trata de los esclavos-mercancía (forma calificada como esclavos enseres por los autores anglosajones) – no de grupos dependientes como el penestes de Tesalia, los hilotas de Esparta ni tampoco los clarotas de Creta cuya posición era compleja, cercana a la de servidumbre del medioevo. Un esclavo-mercancía, es un individuo privado de libertad y sujeto a la voluntad de un propietario que puede comprarlo, venderlo o alquilarlo, como un bien. El estudio de la esclavitud en Grecia antigua plantea problemas metodológicos no desdeñables. La documentación es dispar y muy fragmentaria, concentrada sobre la ciudad de Atenas. Ningún Tratado se refiere específicamente al tema. Los argumentos judiciales del siglo IV a. C. no se interesan por el esclavo más que como fuente de ingresos. La comedia describe a esclavos de comedia; la tragedia menciona a esclavos de tragedia. Es difícil distinguir con certeza a un esclavo de un artesano en la producción iconográfica o entre las estelas funerarias. Incluso la terminología es a menudo vaga.

Terminología

El griego antiguo posee un gran número de palabras para designar al esclavo, muchas de las cuales necesitan un contexto para evitar toda ambigüedad. En la lengua homérica, el esclavo es llamado δμώς/dmôs. Durante la época clásica, se lo llama ἀνδράποδον/andrápodon (literalmente “que tiene pies de hombre”, en oposición con τετράποδον/tetrápodon, o cuadrúpedo, es decir, ganado). En un contexto militar, el término designa a un prisionero que forma parte del botín, es decir, un bien. La palabra más corriente δοῦλος/doûlos (que se deriva seguramente de doero del micénico), empleado en comparación con el hombre libre (ἐλεύθερος/eleútheros) y más concretamente al ciudadano (πολίτης/polítês). El δουλεῖα/douleia designa el certificado de sumisión del esclavo a su amo, y también el de los niños con relación a su padre o de los ciudadanos a los magistrados. Por último, se emplea también el término οἰκέτης/oikétês: literalmente, “aquél que vive en la casa”, que por extensión, designa al “criado”. Los otros términos utilizados son mucho menos precisos y requieren de un contexto:

  • θεράπων/therápôn: en la obra de Homero designa al jinete (Patroclo es así el terapón de Aquiles y Merión el de Idomeneo); en la época clásica, designa al criado;
  • ἀκόλουθος/akólouthos, literalmente, el que «sigue» al «escolta»;
  • παῖς/pais, literalmente el «niño», uso emparentado con el de «boy»;
  • σῶμα/sôma, literalmente «cuerpo», empleado en el contexto de la liberación de un esclavo.

Orígenes de la esclavitud

No quedan dudas de la presencia de esclavos (doeroi) durante la civilización micénica. Según las tablillas de Pilos, se puede identificar con certeza a 140 doeroi. Se pueden distinguir dos categorías jurídicas: los esclavos «simples» y los «esclavos del dios» (teojo doero), que probablemente era Poseidón.

Algunos de ellos, como lo prueba su nombre (asociado a sus etnias de Citera, Quíos, Lemnos y Halicarnaso), fueron reducidos a la esclavitud probablemente por piratas. Las tablillas ponen de manifiesto que las uniones entre esclavos y no esclavos no eran raras, que los esclavos podían ser artesanos independientes y que podían poseer un lote de tierra. De hecho, parece que la división principal en la civilización micénica no pasa entre libres y no libres, sino entre dependientes del palacio y no dependientes.

En Homero, dónde las estructuras sociales reflejan la situación de los siglos llamados oscuros, no se observa ninguna continuidad con la época micénica. Incluso la terminología cambia: el esclavo es demos y no doero. Tanto en La Ilíada como en La Odisea, los esclavos son principalmente mujeres, tomadas como botín de guerra mientras que los hombres son secuestrados para pedir rescate o matados en el campo de batalla.

Las esclavas son sirvientes, a veces concubinas. Existen también algunos esclavos masculinos, sobre todo en La Odisea, entre ellos el criador de cerdos Eumeo. El esclavo tiene la particularidad de ser miembro totalmente del oikos (unidad familiar). El término demos no es peyorativo y Eumeo, el “divino” criador de cerdos, es tratado con los mismos epítetos homéricos que los héroes griegos. A pesar de todo, la esclavitud sigue siendo una condición inferior. El mismo Eumeo declara que «Zeus le quita la mitad del valor a un hombre cuando lo convierte en esclavo».

En la época arcaica, es difícil determinar cuando nace la esclavitud-mercantil. En los trabajos y los días (siglo VIII a. C.), todo indica que Hesíodo posee varios demos cuyo estatuto no queda claro. La presencia de douloi es mencionada por los poetas líricos como Arquíloco o Teognis de Megara.

Según la tradición, el código de Dracón (620 a. C.) sobre el homicidio habría mencionado esclavos. Según Plutarco, Solón (594 a. C.-593 a. C.) habría prohibido a los esclavos la práctica de la gimnasia y la pederastia. A partir de esta época, las menciones se multiplican. Cuando Solón sienta las bases de la democracia ateniense se oficializa la esclavitud. Moses Finley observa también que Quíos, que según Teopompo fue la primera polis en la que se practicó el comercio de esclavos, pasa también durante el siglo VI a. C. por una democratización precoz y concluye que, “uno de los aspectos de la historia griega, es el avance a la par de la libertad y de la esclavitud”.

Función económica

La agricultura era la actividad principal en el uso de los esclavos, Museo Británico

La agricultura era la actividad principal en el uso de los esclavos, Museo Británico

No existen actividades para esclavos propiamente dichas: cualquier actividad puede ser llevada a cabo por un esclavo, si excluimos la política. Esta era la única actividad en la que el ciudadano tenía el monopolio. En realidad, para los griegos era la única actividad digna de un ciudadano, las demás debían delegarse en la medida de lo posible a los no-ciudadanos.

La principal actividad en la que se los utilizaba era la agricultura, fundamental en la economía griega. Testimonio de ello es una abundante literatura compuesta de manuales para terratenientes (como el Económico de Jenofonte o el del pseudo-Aristóteles). Se recurría a la mano de obra servil en cuanto la explotación superaba la célula familiar. En las grandes posesiones, los intendentes solían ser esclavos. Sin embargo, no existe en Grecia la inmensa población de esclavos de los latifundia romanos.

En las minas y canteras, el trabajo de los esclavos no es el más importante. Aunque se encuentra en ellas una importante población de estos, con frecuencia eran alquilados por particulares ricos. Así, el estratego Nicias alquiló un millar de esclavos a las minas de plata del monte Laurión, en la región de Ática, Hipónico 600 y Filomides, 300. Jenofonte (Sobre los ingresos) indica que proporcionan un óbolo por esclavo y día, lo que supone 60 dracmas anuales. Era una de las inversiones más apreciadas por los atenienses. Jenofonte calcula que unos 30.000 esclavos trabajaban en las minas del monte Laurión o en los molinos contiguos de transformación del mineral (ibid., IV, 14). Incluso propone que la ciudad se dote de una importante población de esclavos pertenecientes al Estado, que estima en tres por ciudadano, cuyo alquiler aseguraría el mantenimiento de todos los ciudadanos.

También eran utilizados en la artesanía. Del mismo modo que sucedía en la agricultura, se recurre a ellos en cuanto la actividad supera a la familia. Sin embargo, la proporción de mano de obra esclava es mucho más importante en los talleres. La fábrica de escudos de Lisias daba trabajo a 120 esclavos y el padre de Demóstenes, contaba con 32 cuchilleros y 20 fabricantes de camas.

Por último, también se utilizaban en las casas. El criado tenía como labor sustituir al dueño de la casa en su trabajo y acompañarlo en los trayectos y viajes. En tiempos de guerra, servía de escudero para el hoplita. La mujer esclava, por su parte, se ocupaba de las tareas domésticas, en especial de la elaboración del pan y de la fabricación de tejidos. Sólo las familias más pobres carecían de esclavo doméstico.

Demografía

Población

Esclavo etiope intentando amaestrar un caballo, fecha desconocida, Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

Esclavo etíope intentando amaestrar un caballo, fecha desconocida, Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

Es difícil calcular el número de esclavos de la antigua Grecia, a falta de censos precisos y a causa de los muchos cambios habidos en distintas épocas. Cierto es, que Atenas poseía la población global más importante, acaso hasta 80.000 en los siglos VI y V a. C., a razón de unos tres o cuatro esclavos por trabajo. En el siglo V a. C. Tucídides evoca sin pesar la deserción de 20.000 esclavos en el curso de la Guerra de Decelia, en su mayor parte artesanos.

El cómputo más bajo estima su número en 20.000 en los tiempos de Demóstenes y corresponde a un esclavo por trabajo. Entre el 317 y el 307 a. C., el tirano Demetrio de Falero ordenó (según Ctesiles en Ateneo, VI, 272c), un censo general del Ática que aporta las cifras siguientes: 21.000 ciudadanos, 10.000 metecos y 400.000 esclavos. El orador Hipérides, en su discurso Contra Aristogitón, evoca el proyecto de enrolar a 150.000 esclavos (hombres en edad de portar las armas) después de la derrota griega de Queronea (338 a. C.), lo que concuerda con la cifra de Ateneo.

En la literatura, parece que la gran mayoría de los atenienses posee al menos un esclavo: Aristófanes en su Pluto habla de ciudadanos pobres propietarios de numerosos esclavos. Aristóteles definió una casa como poseedora de hombres libres y de esclavos. Inversamente, no poseer esclavos, es un signo claro de pobreza. Así, en el célebre discurso de Lisias Sobre el inválido un enfermo protesta de lo siguiente: «Lo que saco de mi oficio es poca cosa; me apena ejercerlo yo mismo y no tengo forma de comprar un esclavo que me sustituya.» Sin embargo, las inmensas poblaciones de esclavos de los romanos son desconocidas para los griegos. Cuando Ateneo cita el caso de Mnason, amigo de Aristóteles y propietario de mil esclavos, esto parece excepcional. Platón (propietario él mismo de cinco esclavos en el momento de su muerte), cuando evoca a personas muy pudientes, se contenta con atribuirles cincuenta esclavos.

En términos de densidad, Tucídides estima que la isla de Quíos es el territorio griego que posee proporcionalmente un mayor número de esclavos.

Redes de aprovisionamiento

Existen tres redes de aprovisionamiento principales de esclavos: la guerra, la piratería (marítima) o bandolerismo (terrestre), y el comercio internacional.

La guerra

En el derecho de guerra antiguo, el vencedor posee todos los derechos sobre el vencido, haya combatido o no. La esclavitud, sin ser sistemática, es práctica corriente. Así, Tucídides (VI, 62 et VII, 13) evoca los 7.000 habitantes de Hyccara, en Sicilia, hechos prisioneros por Nicias y vendidos enseguida (por 120 talentos) en la ciudad vecina de Catania. Incluso, en 348 a. C., la población de Olinto es reducida a esclavitud; la de Tebas lo será en 335 a. C. por Alejandro Magno y la de Mantinea en 223 a. C. por la Liga Aquea.

La existencia de esclavos griegos es una fuente de molestias constante para los griegos libres. También la esclavitud de ciudades es una práctica muy contestada. Algunos generales la rechazan, así los espartiatas Agesilao II o Calicrátidas. Algunas ciudades aprueban acuerdos prohibiendo la práctica: así, a mediados del siglo III a. C., Mileto conviene no reducir a ningún habitante libre de Cnosos a esclavitud, y recíprocamente. La liberación de una ciudad entera reducida a esclavitud aporta un gran prestigio: así Casandro de Macedonia, en 316 a. C., restaura la ciudad de Tebas.Antes de él, Filipo II de Macedonia había reducido a esclavitud la ciudad de Estagira.

La piratería

La guerra proporciona contingentes importantes y regulares de esclavos griegos. La importancia de la piratería (marítima) y el bandolerismo (terrestre) varía según las época y las regiones. Piratas y bandoleros piden un rescate cuando su presa es de calidad. Cuando no es pagado, o si el prisionero no es rescatado, es vendido a un traficante. Así, ningún hombre libre está a salvo de caer en esclavitud. En algunas regiones, la piratería o el bandolerismo son verdaderas especialidades nacionales, que Tucídides califica de vida «a la manera antigua» (I, 5, 3): es el caso de Acarnania, de Creta o Etolia. Fuera de Grecia, es el caso de los ilirios, de los fenicios y etruscos. En el período helenístico se añaden los cilicios y los pueblos montañeses de la costa de Asia Menor. Estrabón explica la fama de la actividad de los cilicios por su rentabilidad: Delos, situada no lejos, permite «vender cotidianamente miríadas de esclavos» (XIV, 5, 2). La creciente influencia del Imperio Romano, gran demandador de esclavos, desarrolla el mercado y agrava la piratería. En el siglo I, los romanos intentaron aplastar la piratería, deseando explotar de manera diferente las nuevas provincias del Imperio.

El comercio

Por otra parte, existe un comercio de esclavos con los pueblos bárbaros vecinos: tracios, escitas, capadocios, paflagonios, etc. Los mecanismos son relativamente idénticos a los de la trata de negros: profesionales locales venden sus congéneres en los mercados de esclavos griegos. Los principales centros de comercio de esclavos parecen haber sido Éfeso, Bizancio o Tanais, en la desembocadura del río Don. Si algunos esclavos bárbaros son víctimas de guerra o de piratería local, otros son vendidos por sus parientes.

Existen pocos testimonios sobre el tráfico de esclavos, pero varios elementos lo atestiguan. Algunas nacionalidades están representadas de manera importante y constante entre la población servil, así como el cuerpo de arqueros escitas utilizado por Atenas como fuerza de policía (300 individuos al principio, cerca de un millar después). Los nombres atribuidos a los esclavos en las comedias tienen a menudo una connotación de lugar: así, «Tratta», utilizado por Aristófanes en Las avispas, Los acarnienses o en La paz significa simplemente «mujer tracia». En las épocas clásica y helenística, es el señor el que pone el nombre a su esclavo. Puede llevar el de su amo; un étnico, como el mencionado; un nombre de lugar (Asia, Carion, Lydos, etc.); un nombre, seguido de su patria de origen (Manes para un lidio, Midas para un frigio, etc.); un nombre de personaje histórico (Alejandro, Cleopatra, etc.). En resumen un esclavo puede llevar prácticamente cualquier nombre; sólo los basados en nombres de países bárbaros están específicamente reservados a los esclavos.

La nacionalidad del esclavo es un criterio esencial para los compradores importantes: los antiguos aconsejan no concentrar en un mismo lugar demasiados esclavos del mismo origen, a fin de limitar los riesgos de revuelta. Es probable que, como los romanos, algunas nacionalidades fueran consideradas productoras de mejores esclavos que otras.

El precio de los esclavos varía en función de su competencia. Así, Jenofonte valora en 180 dracmas el precio de un minero de Laurión — en comparación, un obrero de grandes construcciones es pagado con un dracma diario — pero los cuchilleros del padre de Demóstenes valen 500 o 600 dracmas cada uno. El precio está también en función de la cantidad de esclavos disponibles a la venta: en el siglo IV a. C., son abundantes y, por tanto, baratos. En los mercados de esclavos, la ciudad cobraba un impuesto sobre el producto de la venta: en el santuario de Apolo en Actiôn, por ejemplo, la confederación de los acarnienses, que tiene a su cargo la logística de las festividades, percibe la mitad del impuesto, mientras que la ciudad de Anactorion, en cuyo territorio se halla el santuario, percibe la otra mitad c. 216 a. C. Se sabe, además, que el comprador se beneficiaba de una garantía contra los «vicios ocultos» del esclavo: si se comprobaba que estaba enfermo y el comprador no había sido advertido, podía anular la venta.

El aumento natural

Estela funeraria de dos jóvenes y su pedagogo, muertos en un terremoto, Nicomedia, siglo I a. C., museo del Louvre.

Estela funeraria de dos jóvenes y su pedagogo, muertos en un terremoto, Nicomedia, siglo I a. C., museo del Louvre.

Curiosamente, parece que los griegos no practicaban la «cría» de los esclavos, al menos en la época clásica: la proporción de los nacidos en una casa parece bastante importante en el Egipto ptolemaico o en los actos de emancipación helenística de Delfos. A veces, la causa de ello es natural: en las minas sólo trabaja personal masculino. Sin embargo, las mujeres esclavas son numerosas en el ámbito doméstico. El ejemplo de los negros en los Estados sudistas enseña, por otro lado, que una población servil puede reproducirse. Este punto queda pues relativamente inexplicado.

Jenofonte aconseja alojar a los esclavos hombres y mujeres separadamente. El Pseudo-Platón, en el Económico (I, 5, 6), considera la reproducción de los esclavos como un medio de presión disciplinar. La explicación es sin duda económica: es menos caro adquirir un esclavo que liberarlo. Además, el parto pone en peligro la vida de la madre esclava, y el bebé no tiene asegurado sobrevivir hasta la edad adulta.

Por otro lado, los esclavos nacidos en casa, minoritarios, constituyen a menudo una clase privilegiada. Se les confía, por ejemplo, el encargo de llevar los niños a la escuela: son los «pedagogos», en el sentido primero del término (cf. educación en la Antigua Grecia). Ocurre igualmente que estos esclavos fueran hijos del dueño: en la mayoría de las ciudades, sobre todo Atenas, el niño hereda el estatus de la madre.

Estatus serviles

La antigua Grecia posee varios estatutos serviles. Más concretamente, existe une multitud de estatutos que van del ciudadano libre al esclavo-mercancía, pasando por los esclavos-siervos (penestes o hilotas), los ciudadanos que han perdido la categoría, los libertos, los bastardos o los metecos.

Moses Finley (1997) propone un esquema de lectura de los diferentes estatus:

  • derecho a una forma de propiedad
  • poder sobre el trabajo de otro hombre
  • poder de castigar a otro hombre;
  • derechos y deberes judiciales (posibilidad de ser arrestado y/o castigado arbitrariamente)
  • derechos y privilegios familiares (matrimonio, herencia, etc.)
  • posibilidad de movilidad social (emancipación);
  • derechos y deberes religiosos
  • derechos y deberes militares (servir en el ejército como simple sirviente, soldado de infantería pesada o ligera, o como marino).

Esclavos atenienses

Lutróforo funerario, a la derecha un joven esclavo lleva el escudo y el casco de su amo, h. 380-370 a. C., Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

Lutróforo funerario, a la derecha un joven esclavo lleva el escudo y el casco de su amo, h. 380-370 a. C., Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

En Atenas, los esclavos no tienen jurídicamente ningún derecho. Un delito merecedor de una multa para un hombre libre da lugar a golpes de látigo para el esclavo, parece que, un golpe por dracma. Con algunas excepciones, el testimonio de un esclavo no es admisible, salvo bajo tortura. El esclavo no está protegido, si alguien le maltrata, su amo puede intentar una acción por daños y perjuicios (griego), δίκη βλάϐης, dikê blabês). Inversamente, si su amo le maltrata en exceso, cualquier ciudadano puede perseguir a éste último (griego antiguo γραφὴ ὕϐρεως, graphê hybreôs): no se trata de humanidad hacia el esclavo, sino de reprobación de toda forma de exceso (griego antiguo, ὕϐρις, hybris). Incluso la muerte de un esclavo: es la mancha del asesino la que la causa. El sospechoso es juzgado por el tribunal del Paladión, y no por el Areópago, y la pena prevista es el exilio, también para el homicida involuntario.

Esclavos de Gortina

En Gortina, cuyo código grabado en piedra data del siglo VI a. C., el esclavo (doulos o oikeus) se halla en un estado de dependencia muy amplio. Así, sus hijos pertenecen a su amo; éste es responsable de todos los delitos de su esclavo e inversamente, percibe las multas pagadas por otros por los delitos cometidos contra el suyo. En las leyes de Gortina, donde todas las penas son pecuniarias, un esclavo tiene los montantes duplicados cuando comete un crimen o un delito. Inversamente, un delito cometido contra un esclavo cuesta mucho menos caro que un delito cometido contra un hombre libre. Así, la violación de una mujer libre por un no libre está castigado con una multa de 200 estáteras, mientras que la violación de una esclava no virgen por un no libre lleva aparejada una multa de sólo un óbolo.

El esclavo tiene, sin embargo, el derecho de poseer un domicilio y ganado, que pueden ser transmitidos a sus descendientes, incluso sus vestidos y objetos necesarios de su hogar.

Un caso particular: la servidumbre por deudas

Antes de la prohibición de Solón, Atenas practica la esclavitud por deudas: un ciudadano incapaz de pagar una deuda es sometido a su deudor. Se trata principalmente de campesinos que alquilan tierras arrendadas a grandes propietarios terratenientes, incapaces de pagar sus arrendamientos. En teoría, el esclavizado por deudas es liberado cuando puede rembolsar su deuda inicial. El sistema, desarrollado con variantes en todo el Próximo Oriente y citado por la Biblia (Deuteronomio, 15, 12-17), parece haber sido formalizado en Atenas por el legislador Dracón.

Solón le pone fin mediante la seisákhtheia (en griego: σεισάχθεια), la liberación de las deudas, la interdicción de todo crédito garantizado sobre la persona del deudor y la prohibición de vender un ateniense libre, incluso a uno mismo. Aristóteles hace así hablar a Solón en su Constitución de los atenienses (XII, 4):

A muchos, hacia Atenas, su patria fundada por los dioses, traje que habían sido vendidos, unos sin justicia otros justamente(…) A los que aquí mismo en vergonzosa esclavitud estaban, temblorosos ante el semblante de sus dueños, los hice libres.

Aunque el vocabulario empleado sea el de la esclavitud «clásica», la esclavitud por deudas se diferencia en que el ateniense esclavizado sigue siendo ateniense, dependiente de otro ateniense, en su ciudad natal. Este aspecto, explica la gran oleada de descontento del pueblo en el siglo VI a. C., que no entiende que se libere a todos los esclavos, sino sólo a los esclavizados por deudas. En fin, la reforma de Solón deja subsistir una excepción en la prohibición de vender a un ateniense: el tutor de una mujer soltera que haya perdido su virginidad tiene derecho a venderla como esclava.

La liberación

La práctica de la emancipación está atestiguada en Quíos desde el siglo VI a. C. Es probable que se remonte a la época arcaica, el procedimiento para hacerla oralmente. Las liberaciones informales están atestiguadas en el período clásico: es suficiente llevarla a cabo con testigos, lo que lleva a los ciudadanos a liberar a su esclavo en plena representación teatral o en plena deliberación del tribunal. Será prohibida en Atenas a mediados del siglo VI a. C., para evitar disturbios en el orden público.

La práctica se convierte más corriente a partir del siglo IV a. C., y da lugar a actos grabados en piedra, que han sido hallados en santuarios como los de Delfos o Dodona. Datan principalmente del siglo II y del I a. C., así como del siglo I. Existen casos de emancipación colectiva. Por ejemplo en Tasos, en el transcurso del siglo II, sin duda en periodo de guerra, para agradecer a los esclavos su fidelidad. Se trata en la mayoría de los casos de un acto voluntario por parte del amo — un hombre—, pero también, sobre todo a partir de la época helenística, una mujer. El esclavo no parece tener voz y las mujeres no parecen beneficiarse más que los hombres. El esclavo es a menudo rescatado, por un montante al menos equivalente a su valor comercial. Para hacerse, puede deducirse de su eventual peculio, contraer un préstamo amistoso (griego ἔρανος, eranos), o los amantes de una hetera se reúnen para ayudarla al rescate o la petición a su dueño. La emancipación tiene a menudo una naturaleza religiosa: o el esclavo es considerado vendido a la divinidad, a menudo a Apolo delfio, o es consagrado después de su emancipación. El templo percibe entonces una parte de la suma pagada en el rescate, y garantiza la validez del contrato. La emancipación puede ser también totalmente civil, unos magistrados desempeñan el papel de la divinidad y perciben un impuesto.

La libertad ganada por el esclavo puede ser total o parcial, a elección del amo. En el primer caso, el liberto es protegido jurídicamente contra toda tentativa de reducirle de nuevo a la esclavitud, por ejemplo por parte de los herederos de su antiguo amo. En el segundo, el emancipado puede ser sometido a un cierto número de obligaciones con respecto a su antiguo dueño. El contrato más exigente, la paramonê, especie de servidumbre con una duración limitada (a menudo hasta la muerte del antiguo dueño) durante la cual el amo mantiene casi todos sus derechos sobre el liberado.

Respecto a la ciudad, el liberado está lejos de ser el igual de un ciudadano de nacimiento. Está sometido a toda clase de obligaciones de las que puede hacerse una idea a la vista de las que propone Platón en las Leyes (XI, 915 a-c): presentación tres veces al mes en el domicilio del antiguo dueño, interdicción de hacerse más rico que este último, etc. De hecho, el estatus del liberto se acerca al del meteco.

¿Esclavos en Esparta?

Los ciudadanos de Esparta disponían de hilotas, dependientes poseídos colectivamente por el Estado. Se ignora si también eran esclavos – mercancía. Los textos hacen mención de personajes liberados por espartiatas (la liberación estaba teóricamente prohibida para los hilotas) o vendidos al extranjero: es el caso del poeta Alcman, de un denominado Filoxeno, ciudadano de Citera, que habría sido reducido a esclavitud en la época de la conquista de su ciudad, y después revendido a un ateniense, de un cocinero espartano que habría sido vendido a Dionisio I o a un rey del Ponto. o de las famosas nodrizas espartanas, muy estimadas por los aristócratas atenienses.

Además, algunas menciones evocan, a propósito de Esparta, a los esclavos “e” hilotas, lo que tiende a sugerir que las dos poblaciones no coinciden. En el Primer Alcibíades, el pseudo-Platón, sobre el tema de la riqueza de los espartanos, cita a los esclavos y sobre todo a los hilotas»; Plutarco explica que las actividades domésticas son el ámbito «de los esclavos y los hilotas».

Definitivamente, el acuerdo de 404 a. C. que pone fin a la revuelta de Mesenia, estipula que los rebeldes refugiados en el Itome deben abandonar definitivamente el Peloponeso y precisa que cualquiera que sea apresado se convertirá en esclavo del que lo haya cogido. Evidentemente, la posesión privada de un esclavo no es por lo tanto ilegal.

La mayoría de los historiadores están de acuerdo en pensar que los esclavos – mercancía eran usados en Esparta, al menos después de la victoria de 404, pero eran poco numerosos y sólo a disposición de las clases superiores. Como en las otras ciudades griegas, pueden ser adquiridos como botín o en el mercado. Definitivamente, si se admite que los periecos no pueden tener hilotas a su servicio, deben tener algunos esclavos.

Condición de los esclavos

el esclavo es representado como un personaje de pequeño tamaño, cerca de su ama, Gliptoteca de Munich.

Estela funeraria: el esclavo es representado como un personaje de pequeño tamaño, cerca de su ama, Gliptoteca de Munich.

Es difícil apreciar la condición de los esclavos griegos. Según el pseudo – Aristóteles (Económico, 1344a35), el diario del esclavo se resume en tres palabras el trabajo, la disciplina y la comida. Jenofonte aconseja tratar a los esclavos como animales domésticos, es decir, castigarlos en caso de desobediencia y recompensarlos en caso de buena conducta (Económico, XIII, 6). Aristóteles, por su parte, prefiere tratarlos como a los niños, y recurrir a las órdenes ,pero también a las recomendaciones, porque el esclavo después de todo es capaz comprender las razones que se le dan (Política, I, 3, 14).

La literatura griega abunda en escenas de flagelación de esclavos: es un medio de presionar al esclavo para que trabaje, como para la concesión de comida, ropa o descansos. Esta violencia puede ser obra del amo, pero también del intendente, de hecho también un esclavo. Así, al principio de los Los caballeros, Aristófanes presenta a «dos esclavos que se quejan de trabajar como burros y de las palizas que les inflige el nuevo intendente». Sin embargo, Aristófanes denuncia en (La paz, v. 743 – 749) lo que es la verdadera cantinela en la comedia griega:

«…puso fin [Heracles] a los esclavos que huían y engañaban y se dejaban pegar adrede, esos que metían en la obra siempre llorando y sólo para que el otro esclavo se burlara de sus golpes y luego preguntara: -desdichado, ¿qué te ha pasado en la piel? ¿Acaso un látigo te ha invadido los flancos con un gran ejército y te ha devastado la espalda?…»

De hecho, la condición de los esclavos varía mucho según su estatus: el esclavo minero de Laurión tiene condiciones de trabajo particularmente penosas, mientras que el esclavo de ciudad goza de una relativa independencia. Puede vivir y trabajar solo, mediante el pago de una renta (griego, ἀποφορά, apophora) a su amo. Puede poner dinero, para comprar su libertad. La emancipación es en efecto una potente palanca de motivación, de la que es difícil estimar la amplitud real. El pseudo – Jenofonte deplora la licencia en la cual viven los esclavos atenienses: «En cuanto a los esclavos y a los extranjeros, disfrutan en Atenas de una mayor licencia; no se tiene allí el derecho de golpearlos y el esclavo no se apartará a tu paso» (República de los atenienses, I, 10).

Este presunto buen trato no impidió que 20.000 esclavos atenienses huyeran al final de la Guerra del Peloponeso, incitados por la guarnición espartana estacionada en el Ática, en Decelia. Sin embargo éstos estaban eran esencialmente esclavos artesanos cualificados, probablemente entre los mejores tratados. Inversamente, la ausencia de una gran revuelta de esclavos griegos, comparable por ejemplo con la de Espartaco en Roma, se explica sin duda por su relativa dispersión, impidiendo toda acción concertada de gran envergadura.

Concepciones de la esclavitud griega

Concepciones antiguas

Esclavo de teatro sentado sobre un altar, vaciando el monedero que acaba de robar, h. 400-375 a. C., museo del Louvre.

Esclavo de teatro sentado sobre un altar, vaciando el monedero que acaba de robar, h. 400-375 a. C., museo del Louvre.

Ningún escritor antiguo cuestiona la existencia de la esclavitud, aunque admiten que algunos esclavos lo son injustamente. Para Homero y los autores preclásicos, la esclavitud es una consecuencia inevitable de la guerra. Heráclito reconocer así: que «el combate es el padre de todo, el rey de todo (…): vuelve a unos esclavos, a otros libres» (fr. 53, Diels).

En la época clásica emerge la idea de la esclavitud «por naturaleza»: así, dice Esquilo que los griegos «no son ni esclavos, ni están sujetos a nadie», mientras que los persas, como lo resume Eurípides en Helena, v. 276) «son todos esclavos, salvo uno, el Gran Rey». Esta idea latente es teorizada al final del siglo V a. C. por Hipócrates: según él, El clima moderado de Asia Menor produce hombres plácidos y sumisos. Esta explicación es retomada por Aristóteles en su Política, donde postula la teoría de la esclavitud por naturaleza: «El ser que, gracias a su inteligencia, es capaz de prever es gobernante por naturaleza; el ser que, gracias a su vigor corporal, es capaz de ejecutar es gobernado y por naturaleza esclavo». Contrariamente a los animales, el esclavo puede percibir la razón, pero está «completamente desprovisto de la facultad de deliberar». También condenaba la esclavitud injusta al señalar «Hay quienes tienen la opinión de que el poder del señor sobre el esclavo es cosa fuera de la naturaleza, porque es en virtud de una ley que este es esclavo y el otro libre; pero en cuanto a la naturaleza no difieren en nada y que por esto no es justa la esclavitud, pues es cosa forzosa y violenta». Platón, reducido a esclavitud y después rescatado por uno de sus amigos, da, al contrario, una condena explícita de la esclavitud en el Menón haciendo participar a un esclavo en la discusión filosófica. De ese modo, el estatus de él mismo como humano completo es reconocido, y el fundamento esencial de la esclavitud es desmentido.

Paralelamente los sofistas desarrollan la idea de que todos los hombres pertenecen a una misma raza, ya sean griegos o bárbaros, y que algunos hombres son esclavos aun cuando tengan el alma de un hombre libre, y recíprocamente. Aristóteles mismo reconoce esta posibilidad y argumenta que la esclavitud no puede ser impuesta, si el amo no es mejor que el esclavo, confirmando así su teoría de la esclavitud por naturaleza. Po su parte, los sofistas terminan por concluir que la verdadera esclavitud no está ligada al estatus sino al espíritu: así, dice Menandro, «sé libre de espíritu, aunque seas esclavo: entonces, no serás más esclavo» (fr. 857). Esta idea, retomada por los estoicos y los epicúreos, no está en absoluto en oposición al sistema de la esclavitud, sino que contribuye a banalizarla.

Incluso en la utopía, los griegos no llegar a pensar en la ausencia de esclavos. Las “ciudades ideales” de las “Leyes” o de “la república” piden su existencia. Las «ciudades invertidas» muestran a las mujeres en el poder o el final de la propiedad privada (Lisístrata, Las asambleístas), pero no a esclavos gobernando a los amos. Las únicas sociedades sin esclavos son las de la Edad de oro, donde la satisfacción de las necesidades no es un problema. En este género de sociedad, explica Platón que se cosecha con profusión sin sembrar. En los Anfictiones de Teleclides (citado por Ateneo, 268 b-d), el pan de cebada se bate con el pan de trigo para ser comido por los hombres. Mejor aún, los objetos se mueven por sí mismos: la harina se amasa a sí misma y la jarra vierte ella sola. La sociedad sin esclavos es relegada a un más allá cronológico o geográfico. En una sociedad normal, se tiene necesidad de esclavos.

Concepciones modernas

Máscara teatral perteneciente al tipo de primer esclavo de la Comedia Nueva, siglo I a. C., Museo Arqueológico Nacional  de Atenas.

Máscara teatral perteneciente al tipo de primer esclavo de la Comedia Nueva, siglo I a. C., Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

Para los modernos, la esclavitud en Grecia es durante mucho tiempo objeto de un discurso apologético cristiano al que se atribuye la responsabilidad del fin del sistema. A partir del siglo XVI, el discurso sobre la esclavitud antigua deviene moralizador: debe ser interpretado a la luz de la esclavitud colonial: o los escritores alaban los méritos civilizadores, o denuncian los perjuicios. Así Henri Wallon publicó en 1847 una Histoire de l’esclavage dans l’Antiquité en el marco de su lucha por la abolición de la esclavitud en las colonias francesas.

En el siglo XIX emerge un discurso diferente, de tipo económico-político. Se trata de distinguir algunas fases en la organización de las sociedades humanas, y de interpretar correctamente el lugar que jugó la esclavitud griega. La influencia de Marx es aquí determinante: para él, la sociedad antigua está caracterizada por un auge de la propiedad privada y por el carácter dominante -y no secundario, como en otras sociedades precapitalistas- de la esclavitud como modo de producción.

Se opone pronto a la interpretación marxista la corriente positivista representada por el historiador Eduard Meyer (l’Esclavage dans l’Antiquité, 1898): según él, la esclavitud es el reverso de la democracia griega. Es pues un fenómeno jurídico y social, y no económico. Esta corriente historiográfica evoluciona en el siglo XX: dirigida por un autor como Joseph Vogt, que ve en la esclavitud la condición del desarrollo de la élite, de la clase de los ciudadanos. Inversamente, insiste sobre las posibilidades ofrecidas a los esclavos de agregarse a la élite. Estima que la sociedad moderna, fundada sobre valores humanistas, ha permitido dejar atrás este modo de desarrollo.

Hoy, la esclavitud griega es objeto de debates historiográficos, en particular sobre dos cuestiones: ¿se puede decir que la sociedad griega era esclavista? ¿Los esclavos griegos formaban una clase social?

Economia en la Antigua Grecia

La economía en la Antigua Grecia se caracterizaba por la gran importancia de la agricultura, acrecentada todavía más por la pobreza relativa de los campos de cultivo de la geografía de Grecia. A comienzos del siglo VI a. C., se desarrollaron la artesanía y el comercio (principalmente marítimo), que fueron siendo cada vez más importantes en el periodo clásico.

Debe tenerse en cuenta que la idea de una economía desde el punto de vista actual es relativamente anacrónica cuando se usa haciendo referencia a la Antigua Grecia. La palabra griega oikonomia (οἰκονομία) hace referencia a los oikos (οἶκος), que significan la casa o el horno. Por lo tanto, el diálogo de Jenofonte titulado Oeconomicus está dedicado a la gestión del hogar y de la agricultura. Los griegos no tenían un término exacto para hacer referencia a los procesos de elaboración de productos e intercambio.

El economista Murray Rothbard, sin embargo, comenta que si bien el concepto en sí no existía, los antiguos filósofos griegos trataban con cuestiones que hoy en día serían identificadas como económicas.

La agricultura

La agricultura era la base del la economía de la antigua Grecia. Cerca del 80% de la población se dedicaba a esta actividad. Siendo una excelente tarea para el ciudadano común, dio a luz a un estilo de vida y a unas costumbres que persistieron por toda la antigüedad.

Entorno natural

Exceptuando las ciudades de la costa de Anatolia, Grecia presentaba unas condiciones naturales relativamente homogéneas. Las montañas ocupaban el 80% del espacio disponible, y la friolera del 90% en las islas del Egeo. Esto redujo de forma significativa el espacio disponible para la agricultura y la cría de animales. El único suelo que quedaba era de pobre calidad, seco y duro. Sólo unos pocos terrenos como los de Mesenia se consideraron fértiles.

El clima mediterráneo se caracteriza por presentar dos estaciones: una seca y calurosa, desde abril hasta septiembre, en la que las cuencas de los ríos tienden a secarse. La segunda es húmeda y está marcada por violentas tormentas de lluvia traídas por vientos del oeste, con temperaturas medias que impiden la formación de escarcha. Hay variedades de este clima. En las montañas los inviernos eran rigurosos y la nieve abundante. En el Ática, las Cícladas, el sur del Peloponeso, y Creta, el clima era más árido que en el resto de Grecia.

Productos derivados

De la granja

Moneda representando una espiga de cebada, simbolo de riqueza de la ciudad de Metaponto, en la Magna Grecia.
Moneda representando una espiga de cebada, símbolo de riqueza de la ciudad de Metaponto, en la Magna Grecia.

Durante la parte más antigua de la historia griega, como se muestra en la Odisea, la agricultura griega -y su dieta- estaba basada en cereales: cebada (κριθαί / kritaí), trigo (πύρος / pýros), y, menos frecuentemente, mijo. El término general (σῖτος / sitos), traducido normalmente por “trigo”, puede de hecho designar cualquier tipo de grano de cereal. En realidad, el 90% de la producción de cereal era cebada. Incluso si los antiguos griegos estaban al tanto de que el trigo poseía un mayor valor nutricional, cultivar cebada era más fácil y a la vez más productivo. Se ha intentado varias veces calcular la producción de grano en el Ática, pero los resultados no han sido concluyentes.

En poco tiempo, la demanda de grano sobrepasó las capacidades de su producción. La “estrechez” de la tierra (στενοχωρία / stenokhôría) también explica por qué los griegos formaron colonias en el extranjero, y la importancia que los asentamientos en Anatolia tendrían para el imperio ateniense al controlar las provisiones de grano.

Por otra parte, la tierra griega era ideal para los olivos, que proporcionaban aceite de oliva. La plantación de olivos data de la antigua Grecia. Plantar olivos era invertir a largo plazo: éstos tardan más de veinte años en dar fruto, y dan fruto dos años de cada tres. Las viñas también sobreviven en tierra seca, pero demandan muchos cuidados. Se plantan viñas desde la Edad del Bronce.

Estas plantaciones base aumentaron con el cultivo de vegetales (col, cebolla, ajo, lentejas, garbanzos, judías) y frutos (higo, almendra, granada). También se producían especias (salvia, menta, tomillo, ajedrea, orégano, etc.), así como plantas semilleras como la linaza, el sésamo y la amapola.

De la cría de animales

Cabra de bronce encontrada en el demo de Cefisia. Museo del Louvre.

Cabra de bronce encontrada en el demo de Cefisia. Museo del Louvre.

La cría de animales, vista sobre todo como un signo de poder y riqueza en las obras de Homero, no estaba de hecho muy desarrollada debido a las limitaciones del terreno. Mientras que la civilización micénica estaba familiarizada con el pastoreo de rebaños, esto se redujo rápidamente como resultado de la expansión geográfica a un terreno menos apropiado. Las cabras y ovejas pronto llegaron a ser la inversión más común, al ser menos difíciles de criar y proporcionar carne, lana y leche (normalmente para hacer quesos). También se criaban pollos y gansos. Los bueyes casi nunca se usaban como animal de carga, pero ocasionalmente servían en los sacrificios de animales o hecatombes. Los burros, mula y demás sí que se criaban como animal de carga.

Finalmente, se criaban caballos en las llanuras de Tesalia y Argólida; era un animal de lujo, y su posesión significaba aristocracia, debido a que eran muy costoso por el escaso número que se criaban (la mayor parte de Grecia estaba y esta formada por colinas y sierras escarpadas, que son poco adecuadas para la cría de caballos y otros equinos). Las nubes, una comedia de Aristófanes, ilustra ampliamente cómo los atenienses presumían de caballos hasta el punto de la presunción: Fidípides, el hijo del protagonista, es adicto a las carreras de caballos y por ello arruina a su padre Estrepsíades.

La mayoría de los granjeros criaban algunos animales, como aves de corral u otros animales de pequeño tamaño que pastaban en páramos o comían las sobras de la comida. A veces se combinaban la actividades propias de la granja con las de la ganadería, y muchos se especializaron en ésta última. Una inscripción menciona a un tal Eubolo de Elatia, en Focea, que poseía 220 caballos y cabezas de ganado y al menos 1000 ovejas y cabras. Los rebaños de ovejas se trasladaban entre los valles en invierno y a las montañas en verano. Existían impuestos especiales para el paso de los rebaños en las ciudades.

Otros productos

Se usaba muy frecuentemente la madera, principalmente para uso doméstico; las casas y los carros estaban hechos de este material así como el arado. En los grandes bosques griegos situados en las montañas pastaban cabras, y además en allí se producía carbón de leña. Pronto faltaron árboles y hubo que importarlos para la fabricación de barcos (véase trirreme).

Finalmente, la apicultura producía miel, el único sustituto del azúcar que conocían los griegos. También se usaba en las medicinas y en la producción de aguamiel.

Trabajo agrícola

Cosecha de la oliva, Museo Británico

Cosecha de la oliva, Museo Británico

Los trabajos y los días de Hesíodo (siglo VIII a. C.) y la Economía de Jenofonte (siglo IV a. C.) nos proporcionan información valiosa acerca del cultivo de la tierra.

La cosecha de la oliva tenía lugar desde finales del otoño hasta principios del invierno, ya fuera a mano o con un bastón (ver ilustración). Entonces se colocaban en cestas y se dejaban fermentar por unas cuantas semanas antes de ser prensadas. La prensa de tornillo, aunque Plinio el Viejo la llamaba prensa griega (XVIII, 37), fue un invento romano algo más tardío, del siglo II a. C. El aceite se conservaba en vasijas de terracota para usarlo durante el año. Esta también era la época de la poda de árboles y vides, y de la cosecha de legumbres.

La primavera era la estación lluviosa, y los granjeros aprovechaban la lluvia para preparar las tierras de barbecho. En efecto, practicaron una rotación bienal de cosechas, alternando de año en año entre barbecho y cultivos. Los intentos de introducir una rotación trienal de cosechas, usando legumbres en el tercer año, no salieron bien dada la pobreza del suelo griego, la falta de mano de obra y la ausencia de maquinaria. Los griegos no usaban estiércol, posiblemente debido al poco ganado bovino que poseían. De hecho, el único abono eran las malas hierbas devueltas de nuevo a la tierra durante el período de preparación de barbecho.

En el verano, la irrigación era imprescindible. En junio, cosechaban con hoces, pues no utilizaban guadañas. El trigo era trillado por los animales: bueyes, burros y mulas lo pisoteaban. El grano resultante se almacenaba, y éste lo utilizaban las mujeres y esclavos para molerlo y hacer pan.

El otoño era la estación más importante. A principios de esta estación se cortaba la madera para preparar los suministros de leña para calefacción: si el invierno era suave en la costa, era más duro en las zonas montañosas. También se preparaba la tierra para sembrar la nueva cosecha, deshaciendo la costra reseca que se había formado durante el verano en las tierras de barbecho. Esto se hacía en tres pasos : se araba la tierra con el arado de madera, ya que el arado con reja de hierro no era habitual. Una azada de dos dientes (dikella) y un mazo completaban el equipo necesario para romper los terrones y preparar la tierra. Se sembraba a continuación con la técnica de a voleo (repartiendo las semillas en los surcos con la mano ), en el barbecho del año anterior. Era también la época de la vendimia. Los racimos son estrujados con los pies en grandes tinas y el mosto se dejaba fermentar en tinajas.

Escena de fabricación de vino por sátiros, bajorrelieve dionisiaco en un altar que datación incierta, Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

Escena de fabricación de vino por sátiros, bajorrelieve dionisíaco en un altar que datación incierta, Museo Arqueológico Nacional de Atenas.

Entre Hesíodo y Jenofonte, pasaron casi cuatro siglos, sin que se tenga la percepción de que hubiera alguna mejora en los métodos de trabajo agrícola durante ese tiempo. Las herramientas siguen siendo mediocres y ningún invento facilitaba el trabajo humano o animal. Habrá que esperar a que los romanos inventaran el molino de agua, que sustituiría la fuerza muscular por la energía hidraúlica. Ni el riego, ni el abonado de las tierras o la ganadería progresaron. En general, los rendimientos eran pobres. Sólo en las tierras muy ricas, como la de Mesenia, toleraban dos cosechas sucesivas.

Propiedades agrícolas

Las propiedades agrarias son poco conocidas, salvo en el caso de Atenas o de algunas ciudades donde las fotografías aéreas han revelado rastros de delimitaciones de terrenos. Desde el período Arcaico la tierra pertenecía a los grandes terratenientes, como los Eupátridas en Ática. Incluso las propiedades pueden variar de una región a otra: en Atica, las tierras están muy parceladas, mientras que las de Tesalia se encuentran poco divididas.

Desde el siglo VIII a. C., surgieron tensiones entre los grandes terratenientes y los pequeños agricultores, para los que cada vez era más difícil sobrevivir. Estas tensiones se explican probablemente por el crecimiento de la población debido a la disminución de la mortalidad, agravada por la práctica del reparto equitativo de la tierra en el momento de las sucesiones ( herencias ) (como se demuestra en la obra de Homero y Hesíodo). En Atenas, la crisis se resolvió con la llegada al poder de Solón ( -594 ), que prohibió la esclavitud por deudas y tomó medidas para ayudar a los pequeños agricultores. Al preparar las bases para la distribución del poder, sin embargo, fundamentó su censo de clases en la producción agrícola.

En el siglo V a. C., siempre en Atenas, la práctica de la liturgia, obligando a los más ricos a garantizar los servicios públicos, llevó a una reducción de las principales propiedades. Se estima que la mayoría de los ciudadanos de rango hoplítico poseían alrededor de 5 hectáreas de terreno. Sin embargo, también sabemos que en el 403  a. C.,la Asamblea ateniense rechazó la propuesta de Phormisios encaminada a limitar los derechos políticos a los terratenientes. De acuerdo con Dionisio de Halicarnaso, que se refiere a este caso, esto hubiera llevado a privar a 5000 ciudadanos de sus derechos, lo que representaría del 20 al 25% del conjunto de los ciudadanos. En Esparta, «la reforma de Licurgo» más radical, llevó a una división de la tierra en lotes (kleroi) iguales de (10 a 18 hectáreas), distribuidos a todos los ciudadanos. En otros lugares, los tiranos llevaron a cabo la redistribución de las tierras confiscadas a los enemigos políticos ricos.

Desde el siglo IV a. C., sin embargo, hay una concentración de propiedades, incluyendo Esparta donde, según Aristóteles (política, II, 6, 1415), «la tierra está en pocas manos». Es difícil representar con exactitud esta declaración porque tenemos muy pocos datos sobre las propiedades. De acuerdo con Moses Finley los datos, publicaciones e inscripciones, se reducen a cinco citas:

  • La propiedad de un cierto Phainippos, del que se sabe que sus tierras tienen 180 y 400 hectáreas, (pseudo-Demóstenes, 42, 5, ( 330 nbsp;a. C.);
  • Propiedad de Alcibíades ( 450-404 antes de Cristo. ), una extensión de 28 hectáreas (Platon, Premier Alcibiade, 123c) ;
  • La propiedad de un hombre llamado Aristófanes (distinto del autor cómico), una extensión de 28 hectáreas también, confiscada el ( 390 nbsp;a. C. ) por el Estado ateniense (Lisias, 19, 29);
  • Una tierra donada al final del siglo V por el Estado ateniense a Lisímaco, hijo de Arístides, con una extensión de 18 hectáreas;
  • Una propiedad de 5,5 hectáreas, citada como ejemplo por el orador Iseo por su pequeño tamaño (V, 22).

Los grandes dominios aristocráticos griegos son pequeños comparados con los grandes latifundios romanos.

Si bien muchos autores griegos del período Arcaico hasta el período helenístico, se quejan de los «nuevos ricos» que manejan mucho dinero, la tierra está íntimamente ligada a la idea de la riqueza. El padre de Demóstenes posee 14 talentos y como bienes raíces sólo tiene su casa, pero es una excepción. Cuando el banquero Pasión hizo su fortuna, se apresuró a comprar tierras.

Por último, una parte significativa de la tierra griega es pública y / o sagrada. Cada ciudad posee tierras y se estima que en Atenas, en el período clásico, estas tierras representaban una décima parte de las tierras agrícolas. Eran propiedades de la propia ciudad, de una división administrativa (por ejemplo, en Ática, un deme) o un templo. Se arrendaban a particulares y la mayoría solían ser muy ricas.

Artesanía

Gran parte de la artesanía de la antigua Grecia formaba parte de la esfera doméstica. Sin embargo, la situación fue cambiando gradualmente entre los siglos VIII y IV a. C. con el incremento de la comercialización de la economía griega. Por tanto, tareas tan importantes como son el tejido o la preparación de pan, eran realizadas solamente por mujeres antes del siglo VI a. C. Con el crecimiento del comercio comenzó a utilizarse mucho la mano de obra de los esclavos en las artesanías. Sólo los paños teñidos de la mejor calidad, y en particular el púrpura de Tiro se hacía en los talleres.

Por otro lado, el trabajo con el metal, el cuero, la madera o la arcilla eran actividades especializadas que sí que se llevaban a cabo en talleres especializados. El taller prototípico solía ser familiar y, en ocasiones, recurría al trabajo de los esclavos. El taller de fabricación de escudos de Lisias, por ejemplo, utilizaba a 120 esclavos, y el padre de Demóstenes, que fabricaba espadas, usaba 32.

Tras la muerte de Pericles en 429 a. C. emergió una nueva clase social compuesta por los ricos dirigentes de talleres de artesanía. Entre estos podemos encontrar a Cleón de Atenas o a Cleofonte, que tenía un taller de liras.

Los trabajadores libres recibían una remuneración en función de cada trabajo llevado a cabo, dado que los talleres no podían permitirse garantizar un trabajo continuado. En Atenas, aquellos que trabajaban para la ciudad estado recibían un dracma al día, sin importar el trabajo que realizaran. El día de trabajo comenzaba normalmente a la salida del sol y finalizaba por la tarde.

Cerámica

El trabajo de la cerámica consistía en elegir la arcilla, dar forma a la vasija, secarla y hornearla para luego aplicar un barniz. Parte de la producción se dedicaba al uso doméstico (platos, vasijas, lámparas de aceite, etc.) o para usos comerciales, y el resto se dedicaba a funciones religiosas o artísticas.

La fabricación de vasijas decoradas en Grecia tuvo influencias extranjeras muy fuertes. Por ejemplo, el estilo de figuras negras sobre fondo rojo procede muy probablemente de los artesanos corintios, que a su vez se deriva del estilo sirio de metalurgia. La altura a la que llevaron los griegos el arte de la cerámica es, por tanto, debida enteramente a su sensibilidad artística, y no a su capacidad técnica.

La alfarería en la antigua Grecia era a menudo realizada por esclavos. Muchos de los fabricantes de cerámicas de Atenas se encontraban reunidos entre el ágora y el Dípylon, en el barrio que se conoce como el Cerámico. La mayoría eran pequeños talleres que estaban compuestos por un maestro, varios artesanos pagados y esclavos.

Metalurgia

Las menas de metales son comunes en Grecia. Dentro de éstas las más conocidas son los yacimientos de plata en Laurión.

Las minas contribuyeron al desarrollo de Atenas en el siglo V a. C., cuando los atenienses aprendieron a hacer prospecciones y luego tratar y refinar las menas. Además, la composición de la tierra de la zona hacía que el drenaje no fuera necesario, lo cual tenía mucha importancia si tenemos en cuenta que las técnicas de drenaje de la antigüedad no permitían la excavación por debajo de las aguas del subsuelo.

Los pasadizos y niveles de las minas griegas eran excavados con la misma preocupación por la proporción y la armonía que se ponía en la construcción de los templos. El trabajo era extremadamente difícil, dada la profundidad de los túneles, que podía ser mayor a los 100 metros. El minero, equipado con un pico y un martillo de hierro, trabajaba encorvado para extraer la galena. Las minas de Laurión, por ejemplo, eran explotadas por una gran población de esclavos, la mayoría procedentes de regiones del Mar Negro como Tracia o Paflagonia.

Otras minas griegas son:

Comercio

Comercio marítimo

Peso de plomo, encontrado en el Ágora de Atenas, que era utilizado con fines comerciales. Museo Arqueológico Nacional de Atenas

Peso de plomo, encontrado en el Ágora de Atenas, que era utilizado con fines comerciales. Museo Arqueológico Nacional de Atenas

Muy pronto en la historia de Grecia, su posición geográfica y la necesidad de importar grano forzaron a su población a embarcarse en el comercio marítimo. Las áreas geográficas en las que los griegos encontraban el trigo que necesitaban eran Cirenaica, Egipto, Italia (especialmente el área de la Magna Grecia y la isla de Sicilia) y las regiones que rodean el Mar Negro. Atenas y Corinto servían como estaciones de paso del comercio para las islas del Mar Egeo.

Además del grano, se importaron productos como el papiro, especias, productos manufacturados, metales y materiales de construcción de naves como la madera, el lino o resina. Por otra parte, las ciudades griegas exportaban vino, cerámicas y aceite de oliva. Atenas vendía el mármol que extraía de la montaña de Penteli, que tenía un gran renombre en el mundo griego, así como monedas de plata, conocidas por su elegante acuñación y por la calidad de su aleación. Las monedas no sólo servían como dinero, sino que eran una fuente de metal (plata) en aquellos lugares en los que no se usaban como dinero.

Las fuentes actuales no tienen suficiente información como para evaluar con una gran precisión el volumen de bienes intercambiados en el comercio griego. Sin embargo, sí que existen algunas estimaciones imprecisas de la importancia relativa del comercio en su economía: Daniel Jew, por ejemplo, calcula que cerca de la mitad de la riqueza generada en la Atenas del siglo IV a. C. debía proceder de los beneficios del comercio. Ian Morris, por su parte, estima que el volumen de comercio del siglo IV en el mar Mediterráneo era aproximadamente el 20 % del volumen de comercio del siglo I.

Los impulsores del comercio griego eran los pertenecientes a la clase social de los comerciantes, conocidos como emporoi (ἕμποροι), a los que el estado imponía ciertos impuestos a la carga que transportaban. En el puesto del Pireo (el principal de Atenas) el impuesto fue inicialmente fijado en un 1% de la carga, y luego fue aumentado al 2%. Para finales del siglo V a. C., el impuesto se había incrementado hasta 33 talentos.

En el año 413 a. C. Atenas perdió los ingresos que le suponían la recolección de impuestos de la Liga de Delos e impuso una tarifa del 5% en todos los puertos de su imperio esperando con ello aumentar los ingresos. Los impuestos no tenían una finalidad proteccionista, sino meramente recaudadora.

El crecimiento del comercio en Grecia llevó al desarrollo de técnicas financieras. Muchos mercaderes, ante la ausencia de suficientes activos líquidos, recurrían a la financiación de todas o de parte de sus expediciones. Uno de los préstamos típicos para este tipo de actividades en el siglo IV a. C. en Atenas era normalmente una importante suma de dinero (aunque no solía ser superior a 2.000 dracmas), prestada por un corto plazo de tiempo (la duración del viaje, que podía ser de varias semanas o meses), a un alto tipo de interés (a menudo del 12%, si bien podía alcanzar niveles del 100%). Las condiciones contractuales siempre se establecían por escrito, y se diferenciaban de los préstamos entre amigos (eranoi). El prestador asumía todos los riesgos del viaje, y a cambio el prestatario garantizaba el préstamo con la carga y con su flota, que como precaución era inmovilizada al retorno del viaje en el puerto del Pireo.

El comercio en la antigua Grecia era una actividad libre en la que el estado sólo controlaba el suministro de grano. En Atenas, después de la primera reunión de los Pritanos, la normativa sobre el comercio fue revisada y se creó un comité especial para la supervisión del comercio del trigo, la harina y el pan.

El número de naufragios encontrados en el mar Mediterráneo nos da una evidencia muy valiosa del desarrollo del comercio en la antigüedad. Sólo dos naufragios han sido fechados antes del siglo VIII a. C., mientras que los arqueólogos han encontrado 46 del siglo IV a. C. Esto da una idea de que hubo un gran incremento del volumen de comercio entre estos siglos y, considerando el aumento medio del tonelaje de los navíos, se calcula que el volumen de comercio total probablemente se incrementó unas 30 veces.

Comercio al por menor

La información que se tiene sobre la actividad minorista en Grecia es poca. Los obreros y artesanos solían vender sus propios productos, si bien también existieron comerciantes minoristas conocidos como kápêloi (κάπηλοι). Estaban reunidos en gremios y se dedicaban a la venta del pescado, aceite de oliva y verduras. Las mujeres vendían perfume y lazos decorativos.

Pagaban un impuesto por el espacio que ocupaban en el mercado y no solían estar bien vistos por la mayoría de la población, siendo objeto a menudo de hacer trampas con las medidas. Los pesos utilizados se solían revisar periódicamente y comparar con los pesos estándar.

Además, en paralelo a los mercaderes profesionales, estaban también los individuos que vendían el excedente de la producción doméstica, ya fuesen vegetales, aceite de oliva o pan, como ocurría con muchos pequeños granjeros de Ática. Entre los habitantes de las ciudades, esta tarea también recaía en las mujeres. Tenemos constancia de que, por ejemplo, la madre de Eurípides vendía verduras de su jardín.

Impuestos

La imposición directa no estaba bien desarrollada en la antigua Grecia. Existía un impuesto llamado eisphorá (εἰσφορά) que se imponía a los muy ricos, pero que sólo se recaudaba cuando se necesitaban los fondos (normalmente en tiempos de guerra). Las grandes fortunas también estaban sometidas a las liturgies, que consistían en la obligación de financiar las obras públicas. Podrían consistir en el mantenimiento de un trirreme, un coro durante un festival de teatro o un gimnasio. En algunos casos el prestigio que acarreaba llevar a cabo estas acciones servía para atraer a los voluntarios. En otros casos se trataba de una donación obligatoria.

En algunas ciudades, como Mileto o Teos, se imponían fuertes tributos a los ciudadanos.

Por otra parte, los impuestos indirectos eran bastante importantes. Se imponían impuestos sobre las casas, los esclavos, el ganado y animales domésticos, el vino y el heno, así como sobre otros productos. El derecho a recolectar esos impuestos solían transferirse a los publicanos, o telônai (τελῶναι). Sin embargo, esto no era así en todas las ciudades: las minas de oro de Tasos o los impuestos sobre el comercio de Atenas les permitían eliminar esos impuestos indirectos. Otros grupos dependientes como los penestes con respecto a Tesalia o los hilotas con Esparta pagaban los impuestos a la ciudad estado a la que se encontraban sometidos.

Moneda

Moneda ateniense, Museo del Ágora de Atenas

Moneda ateniense, Museo del Ágora de Atenas

Moneda ateniense en la que aparece representado el famoso búho.

Moneda ateniense en la que aparece representado el famoso búho.

La acuñación de monedas comenzó en Lidia alrededor del año 600 a. C. Las primeras monedas que se fueron creando se pusieron en circulación en las ciudades de Asia Menor que estaban bajo su control.

La técnica de acuñación de monedas llegó a Grecia alrededor del año 550 a. C., comenzando por ciudades comerciales costeras como Egina o Atenas. Su uso se fue extendiendo y las ciudades estado pronto regularon un monopolio para la creación de las mismas.

Las primeras monedas estaban compuestas de electrum (una aleación de oro y plata) y luego aparecieron las de plata pura, que era el metal valioso más común de la región. Tracia y Macedonia extraían el metal de las minas del monte Pangaion, mientras que Atenas lo extraía de las minas de Laurium. Más adelante, a partir del siglo V a. C., comenzarían también a acuñarse monedas menos valiosas, realizadas en bronce.

Las monedas más famosas de la antigüedad griega fueron los “búhos atenienses”, que todavía hoy se utilizan para ilustrar la moneda de euro que es acuñada en Grecia.

Las monedas tenían varios usos en el mundo Griego:

  • Servían como dinero, para realizar intercambios comerciales, y siendo utilizados por las ciudades-estado sobre todo para la contratación de mercenarios y para el pago a los ciudadanos por sus servicios.
  • Eran una fuente de ingresos. Los extranjeros tenían que intercambiar su moneda por la local con un tipo de cambio favorable a la ciudad-estado.
  • Servían como una forma de almacenar metales preciosos y así poder trasladarlos como bien de consumo. Eso explica los descubrimientos de monedas atenienses con altas concentraciones de plata a grandes distancias de la ciudad.
  • Por último, la producción de moneda propia suponía para la ciudad-estado que la llevaba a cabo un cierto prestigio frente a la que no era capaz de hacerlo.

La antigua Grecia

Como en tantos otros lugares, la historia griega está en íntima relación con su paisaje. En conjunto, la Grecia prehelénica viene a coincidir, grosso modo, con su actual territorio, al que hay que sumar las costas egeas de Asia Menor, hoy día integradas en la República de Turquía. Grecia es un conjunto de paisajes diversos e incluso separados en partes que nada tienen que ver entre sí, diferentes por la orografía y los recursos disponibles. Los principales accidentes geográficos en Grecia son las montañas y el mar. La Grecia continental es, prácticamente, una cadena montañosa que se hunde en el Egeo; el mayor número de sus islas no constituyen más que las cimas de esta cordillera sumergida. Este fenómeno ha dado lugar a unas líneas costeras muy recortadas y abruptas, con abundantes penínsulas, islotes próximos, lenguas de tierra, bahías y promontorios, además de unos valles interiores bastante cerrados y de difícil acceso en ocasiones, producto de una orografía muy accidentada. Hay montañas de más de tres mil metros, como el Olimpo en Tesalia, o de unos dos mil quinientos metros, altura del Ida en Creta, ambos en zonas muy cercanas al mar. Las llanuras son escasas y de poca extensión, aunque bien situadas y protegidas por los macizos montañosos, dejando estrechas franjas en algunos tramos costeros.
Como nexo de unión de estas diferentes áreas está el mar Egeo; a él se asoman todas ellas, con las cadenas montañosas a sus espaldas. Salvo las regiones occidentales, muy estrechas y volcadas hacia el mar Jónico, el resto de Grecia está en torno al Egeo. Dentro del mar y por todas partes, multitud de islas están siempre presentes en lontananza, como seguras referencias para una temprana navegación en todas direcciones: en días claros y en cualquier zona del mar, se observa casi siempre alguna cota de tierra firme. Al sur y como tierra límite de este mar interior que es el Egeo, se encuentra la mayor isla del Mediterráneo oriental, Creta, con una excelente ubicación geográfica, tal y como ya observaron los autores antiguos: “esta isla ocupaba una posición muy favorable para las salidas a todas las partes del mundo” (Diodoro, IV, 17).
Estas condiciones geográficas tan variadas tienen su trasunto en los productos naturales. El clima es diverso, como corresponde a la elevada altitud de las principales montañas, la mayor parte del año cubiertas de nieve y con su rápido descenso hacia el mar, en pocas horas de camino, se produce un escalonamiento de microclimas y, por ende, de sus floras y faunas asociadas. A juzgar por los restos arqueológicos y por las representaciones artísticas primitivas, la variedad de plantas y animales era algo más abundante que la existente hoy día. La mayor presencia de bosques en zonas actualmente casi devastadas supuso la existencia en grandes cantidades de animales de caza, tales como el ciervo rojo, el jabalí o la liebre. También son numerosas las zonas que contaban con animales que pronto serán domesticados: cabra montés, oveja, cerdo, etc. Ya en la antigüedad, al igual que hoy, era difícil ver ganado vacuno en el paisaje griego debido a lo abrupto del terreno y a la inexistencia de pastizales, tal como es característico en el paisaje mediterráneo, cálido y suave, con colinas cubiertas de monte bajo y matorrales. El terreno fértil apto para el cultivo no es muy extenso y se encuentra al fondo de los valles o en ciertas llanuras del norte de Grecia o en Creta. El afloramiento aquí y allá de la roca madre, generalmente caliza, configura una superficie muy agreste y no precisamente generosa con la agricultura, hecho que abocará al griego antiguo a buscar nuevas tierras que soporten y den sustento al excedente demográfico. Esta característica explica la perenne vocación del pueblo griego a proyectarse hacia el exterior, bien empleando su actividad en el comercio o bien en la colonización de nuevos territorios (aún en la actualidad, prácticamente la mitad de la población griega busca sus recursos en la emigración al extranjero).
La multiplicidad de aspectos de la geografía griega ha condicionado de modo indudable la trayectoria histórica, caracterizada por una fuerte regionalización ya desde épocas prehistóricas. El hombre de Neanderthal, documentado en Grecia, se instaló en algunas zonas costeras del centro y noroeste, dejando restos de hace unos 70.000 años. En el Paleolítico Superior ya hay comunidades instaladas en territorios como Tesalia y Beocia (los más fértiles de Grecia continental) y Olimpia o la Argólida, en el Peloponeso. Estos cazadores y recolectores no son los antecedentes de la población griega ya que, al final del Paleolítico Superior, se produjo un cambio climático con abundancia de lluvias que inundaron las zonas ocupadas, sepultándolas bajo una capa de lodo de hasta cinco metros en algunos yacimientos. Existen bastantes restos arqueológicos de la etapa mesolítica, alguno de ellos de gran interés, como es la aparición de utillaje lítico realizado en obsidiana procedente de la isla de Milo, lo cual nos revela la existencia de navegación a través del Egeo ya en el X milenio antes de Cristo.

Los habitantes de la antigua Grecia se llamaban a sí mismos helenos, y a su tierra, Grecia, la llamaban la Hélade. El territorio de la Grecia antigua coincide aproximadamente con el actual, pero para completar el mundo helénico es preciso añadir las costas egeas de Asia Menor, así como las del sur de Italia y la isla de Sicilia.
La historia y la cultura griegas están íntimamente relacionadas con el paisaje. La Grecia continental es prácticamente una cadena montañosa que se hunde en el Mar Egeo, cuyas numerosas islas no son más que las cimas de esta cordillera sumergida. Este fenómeno ha dado lugar a unas líneas costeras muy recortadas y abruptas, con abundantes penínsulas y pequeñas islas próximas, además de unos valles interiores cerrados y de difícil acceso. Las llanuras, por el contrario, son escasas y de pequeña extensión.
El nexo de unión de estas diferentes áreas es el mar, vía de enlace de los diferentes territorios y factor de expansión del mundo griego. La escasez de terreno fértil obligará al griego antiguo a buscar nuevas tierras que alimenten a la población sobrante. De ahí la vocación comercial del pueblo heleno o la colonización de nuevos territorios, que caracterizarán a la Grecia antigua.
Pero el paisaje griego, con ser importante, no ayuda por sí solo a explicar el maravilloso legado cultural helénico. El racionalismo como actitud ante la vida, la consideración del hombre como medida de todas las cosas, el amor a la belleza y un elevado sentido estético o la democracia como sistema político, son valores espirituales presentes en nuestro mundo. “Opino que es justo favorecer al pueblo en general en detrimento de los nobles y los ricos, porque es el pueblo quien, al dar los hombres para la marina y el comercio, constituye la fuerza de Atenas. En consecuencia, justo es que participe de los cargos que dependen de una elección”, dirá Jenofonte en el siglo IV. Estos valores, sin duda una deuda reconocible con el mundo griego, no surgen de manera repentina, sino que son el fruto de evolución de casi 3.000 años.
Durante estos tres milenios, pueblos diferentes poblaron las tierras de la Hélade. Desde el año 3000 a.C., en que finaliza el Neolítico, hasta el 1100 antes de nuestra Era, se desarrolla la Edad del Bronce. En esta etapa emergen sucesivamente tres grandes culturas. La primera, la Cicládica, tiene como característica principal el desarrollo de un floreciente comercio.
Mucho más importante será la cultura minoica, cuyo núcleo es la isla de Creta. Alrededor del 1900 a.C. surgen grandiosos palacios en Cnosós y Festo, imponentes residencias reales con cientos de habitaciones, algunas de ellas bellísimamente decoradas con frescos vivos y coloristas. Los palacios cretenses señalan la aparición de un poder absoluto, sustentado económicamente por una intensa actividad comercial, basada en el intercambio de suntuosos objetos de artesanía.
La civilización minoica presenta una religión en la que tiene un lugar central una poderosas diosa de la fertilidad, a la cual estaba asociado el animal-símbolo de Creta, el toro. Las creaciones artísticas cretenses expresan plenamente la fantasía y la inventiva de un pueblo pacífico, ciertamente hedonista, como prueban los frescos y los objetos suntuarios que se pueden apreciar en el Museo de Iraklión. Alrededor del año 1450 a.C. la explosión de un volcán en la isla de Théra provocó un grave cataclismo que afectó a toda la región y debilitó especialmente a Creta, que a partir de entonces no pudo ofrecer resistencia a la expansión micénica.
La micénica, la tercera gran cultura de la Edad del Bronce en Grecia, debe su nombre a Micenas, la principal ciudad de los aqueos. Éstos, un pueblo de pastores-guerreros siempre en busca de pastos para sus rebaños, ocupan la Grecia continental y el Peloponeso entre los años 2000 y 1600 a.C. Los aqueos traen consigo la doma del caballo, el carro de guerra y las espadas largas de bronce. Las ciudades-estado propias de su momento de máximo apogeo, entre el 1600 y el 1100 a.C., como Micenas o Tirinto, se rodean de poderosas murallas, como corresponde a una cultura guerrera, y en ellas se impone una rígida pirámide social sustentada por una notable producción de objetos suntuarios, con los que comerciarán en todo el Egeo y el Mediterráneo oriental.
Con la invasión de los dorios acabó la cultura micénica y la Edad del Bronce, dando paso a la Edad del Hierro, allá por el siglo XI a.C. Entre los años 900 y 725 a.C., un lento crecimiento demográfico y económico consolida las nacientes poleis o ciudades-estado griegas. Atenas, Argos, Corinto y las ciudades de Eubea, entre otras, irrumpen en la escena del comercio mediterráneo, gracias a sus refinadas producciones cerámicas y de metal y a las exportaciones de aceite y vino. La expansión comercial de estas ciudades hizo que, hacia el siglo IX antes de nuestra Era, diera comienzo la fundación de colonias por todo el Mediterráneo, desde el Mar Negro hasta Iberia y desde el Norte de Africa hasta las costas francesas, buscando el beneficio del trasiego mercantil.
El siglo VI a.C. constituye la etapa de consolidación del carácter griego, sobre todo a partir de la gran prueba que supone su enfrentamiento con los persas en las Guerras Médicas. Entonces, Grecia entró de lleno en la etapa de madurez, lo que conocemos como el periodo Clásico de la Antigüedad. El siglo V, tras las victorias sobre los persas en las batallas de Maratón y Salamina, significó la etapa de apogeo del mundo griego. Las ciudades eran gobernadas en su mayoría por sistemas democráticos, mientras que la artesanía y el comercio alcanzaron sus más altas cotas.
como centros religiosos, además de como sedes de competiciones deportivas y literario-teatrales que atraen a competidores de todo el mundo conocido. En Delfos y en Olimpia, las poleis encuentran una sede diplomática común, un espacio en el que solventar sus diferencias y conflictos. Esto es especialmente significativo en el caso de Olimpia, donde los juegos atléticos y culturales, celebrados durante siete días cada cuatro años, provocan una tregua militar de obligado cumplimiento para todas las ciudades. Los vencedores, considerados También en esta centuria continúa la consolidación de los santuarios panhelénicos de Delfos y Olimpiahéroes, semidioses, competían en deportes diversos, sabedores de que su éxito les prestigiaba no sólo a ellos, sino también a su polis de origen.
En Atenas, la gran ciudad del periodo Clásico, el dirigente Pericles gobernó entre los años 461 y 429 a.C., dando su nombre a todo el siglo por el prestigio que consiguió para su ciudad. A su intervención personal se debe el maravilloso conjunto arquitectónico de la Acrópolis, la obra cumbre del arte clásico, con sus majestuosos Propileos, el deslumbrante Erecteion y el fabuloso Partenón, templo dedicado a Atenea Partenos, la diosa protectora de la ciudad.
Grecia se encuentra, durante el periodo Clásico, en su máximo esplendor económico, cultural y artístico. Arquitectos y escultores persiguen el ideal de belleza y lo encuentran en la proporción, el equilibrio, la medida y la armonía. Los escultores trabajan y estudian minuciosamente la forma de representar las medidas perfectas, los cuerpos ideales conforme al canon griego. Como resultado, atletas, dioses y héroes salen del cincel de los artistas manifestando una naturalidad más aparente que real, pues todo ha sido sabiamente calculado. Los arquitectos, por su parte, levantan templos de finas proporciones y maduran sus construcciones hacia formas y estructuras de exquisita armonía, en las que se exalta la grandiosidad y el refinamiento decorativo, como queda de manifiesto en los cada vez más ricos e intensos frontones.
No sólo el arte, también la filosofía, la astronomía, la geografía o la física se benefician de esta efervescencia cultural. La razón, la lógica, se convierte en el motor del conocimiento y sitúa al ser humano al frente de su propia existencia, pues los sabios griegos consideran que la explicación mágica o religiosa, por sí sola, no bastan para entender el mundo, la naturaleza y la propia esencia humana. “Muchas cosas hay admirables, pero ninguna es más admirable que el hombre”, dirá el dramaturgo Sófocles. Sócrates, Platón, Aristóteles… argumentan y crean escuelas, buscan la sabiduría, a la que aman: son filósofos.
El teatro es otra de las grandes realizaciones griegas. Metáfora del mundo, de la vida cotidiana, de los mitos y los actos de los dioses, las representaciones congregaban a miles de personas, pues tenían un significado no sólo lúdico, sino ritual y filosófico. Esquilo, Eurípides, Aristófanes o el ya mencionado Sófocles escribieron obras que aún hoy producen admiración. La perfecta acústica de los teatros, como el de Epidauro, permite a los actores hacerse oír por el más lejano de los 15.000 espectadores presentes, convirtiendo al público en parte integrante de la obra.
La hegemonía de Atenas en el siglo V a.C., su expansionismo imperialista, provoca rebeliones y conflictos contra la política ática en todo el mundo griego. La rivalidad con Esparta, Corinto y otras ciudades desencadena la Guerra del Peloponeso, que durará treinta años y de la que Atenas saldrá derrotada. Esta lucha provocó una transformación del mundo clásico, aunque éste aún se prolongará hasta el año 338 a.C., en que Alejandro Magno, hijo de Filipo, un monarca procedente de Macedonia, en el norte de Grecia, conquistará a todas las ciudades-estado y organizará el Imperio griego. Alejandro reanuda con fuerza la lucha contra los persas, emprendiendo una marcha triunfal que le hará conquistar Egipto, llegar incluso hasta la India y formar el primer imperio universal de la historia.
Tras la muerte de Alejandro en el año 323 a.C., el imperio se divide en reinos, ligas y pequeños estados, pero la civilización griega antigua, aun en su etapa final, conoce un periodo de esplendor, el helenístico. Aunque Atenas sigue manteniendo su prestigio cultural y artístico, otras ciudades como Antioquía, Rodas, Pérgamo, Mileto o Alejandría se convertirán en centros culturales de gran importancia. Arquitectura y arte tienden ahora a la grandilocuencia, a la búsqueda de la emocionalidad, al lujo exaltador del poder. La fuerza de Grecia y de su arte es tal que, pese a su definitiva caída bajo el dominio de Roma en el año 146 a.C., el lenguaje helenístico sobrevivirá con éxito hasta la llegada de Augusto al poder, hasta el punto de convertirse en parte de la expresión romana.
Fundamento, esencia, alma de la cultura y el pensamiento occidental, la Grecia antigua es parte fundamental del Mediterráneo y de Europa, raíz de la civilización. El paso del tiempo, Cronos implacable, deja a la piedra como principal testigo de lo que un día fue, pero la fascinación ejercida durante siglos se mantiene aún hoy viva, pues, como escribió sobre Grecia un viajero del siglo XVII, “la mente se fascina, el cuerpo desfallece y los ojos se deleitan y humedecen”.

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