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Civilización Alemana

Imperio Alemán

Historia

Surgimiento

El segundo reich fue fundado el 18 de enero de 1871 tras la victoria de Prusia en la Guerra franco-prusiana y supuso la unificación de los diferentes estados alemanes en torno a Prusia, excluyendo a Austria. Prusia se convirtió en Alemania, bajo el liderazgo del canciller Otto von Bismarck, quien fuera el verdadero artífice de la unificación.

Desarrollo

Con el advenimiento del Imperio, se inicia un período de gran desarrollo de Alemania en todos los campos: científico, económico, geográfico, político y militar. A partir de ese momento, Alemania se transforma junto al Imperio Británico en una de las dos grandes potencias mundiales.

Desde entonces y durante las siguientes dos décadas se establecen los llamados “sistemas bismarckianos”, que dominan la política europea en ese período. Entre 1884 y 1885 Bismarck convoca la conferencia de Berlín, en la que las potencias establecen las pautas para el reparto colonial de África.

Con la coronación de Guillermo II como Kàiser, comienza un enfrentamiento entre éste y Bismarck, que provoca la caída del canciller. El emperador será incapaz de continuar con las políticas implantadas por Bismarck y Alemania se ve cada vez más incapaz de mantener el equilibrio europeo, que para entonces era más que nunca la base del equilibrio mundial.

Caída del Imperio

En 1914 estalla la Primera Guerra Mundial que, al provocar la derrota de Alemania en 1918, marca el fin de la dinastía Hohenzollern. Las naciones vencedoras imponen el Tratado de Versalles y con ello se inicia la República de Weimar. El territorio alemán se ve nuevamente dividido.

Epílogo

Durante la República de Weimar, algunos partidos propugnaron sin éxito el retorno a la monarquía. Después, durante la dictadura de Adolf Hitler, los movimientos monárquicos fueron prohibidos. En 1944, un atentado encabezado por Claus von Stauffenberg pudo haber cambiado la historia, con una eventual restauración monárquica; pero fracasó por completo.

Finalizado tan negro periodo, algunos pocos grupos como Tradition und Leben siguen sosteniendo la causa monárquica, sin mayor convocatoria.

El actual jefe de la dinastía Hohenzollern es Jorge-Federico de Prusia.

Estados miembros del Imperio

Estado Capital
Reinos (Königreiche)
Prusia (Preußen) Berlin
Baviera (Bayern) Munich
Sajonia (Sachsen) Dresde
Wurtemberg Stuttgart
Grandes Ducados (Großherzogtümer)
Baden Karlsruhe
Hesse (Hessen / Hessen-Darmstadt) Darmstadt
Mecklenburg-Schwerin Schwerin
Mecklenburg-Strelitz Neustrelitz
Oldenburgo Oldenburgo
Sajonia-Weimar (Sachsen-Weimar-Eisenach) Weimar
Ducados (Herzogtümer)
Anhalt Dessau
Brunswick (Braunschweig) Brunswick
Sajonia-Altenburgo (Sachsen-Altenburg) Altenburgo
Sajonia-Coburgo-Gotha (Sachsen-Coburg und Gotha) Coburgo
Saxe-Meiningen (Sachsen-Meiningen) Meiningen
Principados (Fürstentümer)
Lippe Detmold
Reuss (Línea menor) Gera
Reuss (Línea mayor) Greiz
Schaumburg-Lippe Bückeburg
Schwarzburg-Rudolstadt Rudolstadt
Schwarzburg-Sondershausen Sondershausen
Waldeck-Pyrmont Arolsen
Ciudades Hanseáticas Libres (Freie Hansestädte)
Bremen
Hamburgo
Ciudad Libre de Lübeck
Territorio Imperial (Reichsland)
Alsacia-Lorena Elsaß-Lothringen Estrasburgo

Territorios dominados por Alemania en diferentes Épocas, en Azul oscuro el Territorio de la Alemania Continental bajo el Segundo Reich, en Azul claro las colonias alemanas, y en Amarillo el Territorio bajo administración de los Welser en pago a unos créditos y revocado por incumplimiento de contrato, y dentro de la soberanía española en 1528, fuera de lo que fue el II Imperio Alemán

Mapa de las provincias del Reich Aleman
Mandatos en el Parlamento Alemán 1890–1912
1890 1893 1898 1903 1907 1912
Conservadores 73 72 56 54 60 43
Conservadores liberales 20 28 23 21 24 14
Liberales nacionalistas 42 53 46 51 54 45
Liberales de izquierdas 66 37 41 30 42 42
Centro 106 96 102 100 105 91
Socialdemócratas 35 44 56 81 43 110
Minorías 38 35 34 32 29 33
Antisemitas 5 16 13 11 22 10
Partido del pueblo alemán 10 11 8 6 7 -
Especiales 2 5 18 11 11 9


Entre 1871 y 1918 tuvo lugar en Alemania uno de los períodos históricos más importantes: la construcción del imperio alemán a partir de la unificación de Alemania alrededor del estado de Prusia y con la entronización de Guillermo I de Prusia como emperador en 1871. Este período termina con la proclamación de la república alemana y la abdicación del emperador Guillermo II en noviembre de 1918.

El verdadero artífice del imperio alemán fue el canciller prusiano Otto von Bismarck, un político autoritario con quien Alemania dejó de ser un estado liberal y democrático, volviéndose una auténtica potencia tras una serie de guerras contra Dinamarca, Austria y Francia para recuperar estados que consideraba perdidos. Bismarck unificó Alemania alrededor de la hegemonía prusiana y congregando alrededor de esta a Baviera, Wurtenberg y el gran ducado de Baden.

En 1871, en pleno asedio de la ciudad de Paris, los alemanes confederados y sus aliados del sur proclaman el imperio alemán y coronan a Guillermo I de Prusia como emperador en el salón de los espejos del Palacio de Versalles, acto que constituiría una humillación total para los franceses que fueron vencidos poco después.

Una vez proclamado el imperio, la primera tarea de Bismarck como nuevo canciller fue esbozar el plan general de la Constitución del Imperio. El canciller también organizó el cuerpo diplomático y el Parlamento (Reichstag). En el nuevo imperio el poder estaba dividido entre el emperador, que detentaba el poder ejecutivo, con el canciller (kaiser) y el consejo federal de los diputados (Bundesrat) que serán los encargados de legislar. Aunque oficialmente el canciller era un secretario de gabinete del emperador, en la práctica detentó un enorme poder, haciéndose cargo de asustos como la guerra, las finanzas, la política exterior. La cámara admitía las nuevas leyes, pero era el canciller el único facultado para proponerlas.

Prusia dominaba el panorama del imperio, a pesar de que los acuerdos marcaban la misma altura política entre todos los estados que lo conformaban, dado que era el estado alemán más grande y económicamente más sólido del imperio. La corona del imperio quedó en manos de la familia Hohenzollern, reyes prusianos. El canciller del imperio, además, era el primer ministro prusiano ejerciendo ambos cargos de manera simultánea.

Guiado por Bismarck, el imperio se convirtió en una potencia mundial. De ser un grupo de treinta y nueve estados separados por largas guerras locales, el llamado “canciller de hierro” había logrado la lealtad de la mayoría de ellos. Una enorme expansión económica siguió a esta unificación.

Las dos fuentes de riqueza más importantes del imperio fueron el carbón y el acero, multiplicado la producción en más de un mil por ciento en treinta años en el caso del acero y de un quinientos por ciento con el carbón. Alemania comenzó a exportar maquinaria y productos químicos. La industria alemana era, para 1914, la segunda más pujante del mundo después de la norteamericana.

Como constraste, el campo alemán estaba casi abandonado y sus trabajadores en la ciudad vivían en condiciones deplorables: explotados en jornadas de 12 a 14 horas, sin vacaciones ni descansos, lo que devino en una serie de protestas y levantamientos sofocados violentamente casi todos. En 1912, el partido social demócrata de tendencia marxista adquiere fuerza mayoría. Para Guillermo II, el rol del ejército ante la creciente presencia marxista es un asunto prioritario: “Nacimos uno para el otro. Nada nos podrá separar” llegó a decir en un discurso.

El estallamiento de la Primera Guerra Mundial en 1914 cambió todo el panorama. Al iniciarse la movilización de las fuerzas armadas rusas en apoyo de los serbios contra el imperio austrohúngaro, Alemania, aliada de este último, se vio obligada a declararle también la guerra a Rusia. En 1918 termina la hegemonía de Hohenzollern con la derrota del imperio alemán y el inicio de la República de Weimar, tras la firma de el famoso Tratado de Versalles, cuestiones que supusieron el fin del imperio. Alemania de nuevo se verá dividida.

Por años, bajo la República de Weimar, se intentó reinstaurar el imperio sin éxito alguno, bajo el nazismo se prohibieron las manifestaciones pro-monárquicas tras el atentado del noble alemán Claus Von Stauffenberg contra Hitler. Tras la Segunda Guerra mundial algunos grupos políticos siguieron intentando, sin lograrlo, la vuelta del imperio alemán.

Fuente: Wikipedia

Imperio Cartaginés

Mapa de Fenicia y ubicación de Tiro

Mapa de Fenicia y ubicación de Tiro

Cartago

Cartago fue una importante ciudad de la Antigüedad, fundada por los fenicios procedentes de Tiro en un enclave costero del norte de África, cerca de la actual ciudad de Túnez. Su fundación tuvo lugar aproximadamente en el siglo XIII a. C. con el nombre de Qart Hadašt (en púnico: <קרת חדשת qrt ħdʃt>) es decir, Ciudad Nueva.

Tras la decadencia de Tiro, Cartago desarrolló un gran Estado, de carácter republicano con ciertas características monárquicas o de tiranía, que evolucionó a un sistema plenamente republicano. En sus inicios, el territorio cartaginés comprendía sólo la ciudad y una pequeña área de unos 50 km². En el siglo VI a. C. los cartaginenses fueron ocupando un territorio entre 30.000 y 50.000 km², que constituyó la base del Estado Cartaginés. Partiendo de esta área, que se suele denominar metropolitana, se expandieron para crear entre los siglos V y III a. C. un imperio mercantil marítimo, aprovechando las factorías y ciudades existentes fundadas por los fenicios, o estableciendo otras nuevas, en Hispania, Sicilia, Cerdeña, Ibiza y en el norte de África, consolidando además su poder sobre Numidia y Mauritania. En su apogeo fue la primera potencia económica y militar en el Mediterráneo occidental. La República Cartaginesa se enfrentó a la República Romana por la hegemonía, siendo derrotada en el 146 a. C., lo que comportó la desaparición del Estado cartaginés y la destrucción de la ciudad de Cartago.

En el 29 a. C. Octavio fundó en el mismo lugar la colonia romana Julia Cartago, que se convirtió en la capital de la provincia romana de África, una de las zonas productoras de cereales más importantes del imperio. Su puerto fue vital para la exportación de trigo africano hacia Roma. La ciudad llegó a ser la segunda en importancia del Imperio con 400.000 habitantes. En el año 425, los vándalos conquistaron Cartago durante el reinado del rey Genserico y la convirtieron en la capital de su nuevo reino. La ciudad fue reconquistada por el general bizantino Belisario en el año 534, permaneciendo bajo influencia bizantina hasta el 705, cuando un ataque musulmán la devastó nuevamente, reduciéndola a cenizas y masacrando a todos sus habitantes.

La ciudad

El conocimiento trasmitido procede casi en su totalidad de la gran campaña internacional de excavaciones para la salvaguarda de Cartago de 1975.

Cartago estaba situada en una península comprendida entre el golfo y el lago de Túnez. La ciudad estaba protegida por una triple muralla, cada sección contaba con 25 m de altura y unos 10 m de anchura, situada en el istmo, a unos 4 km del mar. La propia muralla tenía cuarteles con capacidad para albergar a 20.000 infantes. El diseño urbanístico y la arquitectura eran una mezcla de modelos con antecedentes sirio-palestinos de tipo predominantemente orgánico y de modelos de lógica hipodámica, en parte creada por su propia práctica de la construcción y, en parte, sobre todo en su última fase, por influencia griega y helenística.

La zona alta se desplegaba partiendo de la colina de Byrsa, donde se hallaba la inexpugnable fortaleza del mismo nombre y el templo de Eshmún. En las laderas de la colina se encontraban las grandes residencias de la aristocracia cartaginesa. Se descubrieron restos de casas recubiertas por las cenizas del incendio de su destrucción, en el año 146 a. C. poseían características muy similares a las helenísticas, siendo un recinto con calles concéntricas. En el barrio Magón se observa una operación a gran escala de una remodelación urbanística del siglo III a. C., con el aprovechamiento del espacio que ocupaba la antigua puerta de la muralla, del siglo V, para construir viviendas de lujo. El barrio de Salambó era el centro político y económico de la ciudad, estaba unido al puerto comercial por tres avenidas descendentes, y en él se hallaba el foro principal y el ágora, donde se establecía un intenso comercio. Probablemente, el Senado de Cartago se reunía para tomar decisiones en algún edificio de este barrio. Cerca del foro se alzaba el templo de Tofet, donde se han descubierto miles de estelas y de urnas que contenían esqueletos de niños calcinados, así como una capilla del siglo VIII a. C. Otros templos importantes eran aquellos dedicados a Melqart, a Shadrapa, Sakon o Sid. Era la parte de la ciudad más próxima al mar, donde se encontraban el puerto comercial y el militar. Estaba dotada con almacenes suficientes para albergar las mercancías comerciales y por casas de la clase baja. Dentro del área defendida por las murallas, al noroeste de la ciudad, se hallaba el amplio suburbio de Megara, ocupado por casas rurales, campos de cultivo y jardines.

Plano de Cartago romana.

Plano de Cartago romana.

Puertos púnicos de Cartago

El término de puertos púnicos de Cartago sirve para designar a los antiguos puertos de la ciudad de Cartago que estuvieron en funcionamiento durante la Antigüedad.

Cartago era ante todo una potencia que se podría denominar como un Imperio de los mares, es decir, una talasocracia,[1] cuyo poder se basaba principalmente en la magnitud de su comercio. El pueblo cartaginés no era el único que seguía esta política de dominio de los mares, ya que varios de los pueblos de la Antigüedad «vivieron por y para el mar».

Producto de una colonización oriental, Cartago o Qart Hadasht (Ciudad Nueva) tiene su origen en la hija del rey de la ciudad de Tiro, Dido. Esta princesa tiria fue la fundadora y la primera reina de la ciudad en 814 a. C. (fecha convencionalmente más admitida) tal y como relata su leyenda recogida en La Eneida.

Cartago no fue la primera colonia fenicia en la costa norteafricana, puesto que Útica había sido fundada aproximadamente en 1100 a. C. Más allá de su origen, la ciudad dominó ampliamente toda la cuenca occidental del mar Mediterráneo, desarrolló su “hinterland” africano, que llegó a su fin cuando tuvo que enfrentarse a un poder entonces emergente, la República Romana, potencia que provocó su caída definitiva. Debido a su identidad, Cartago fue punto de anclaje entre las dos cuencas del Mediterráneo, la parte oriental, la cuna de Fenicia, y la parte occidental, espacio de su expansión y de su caída.

Los puertos de una ciudad de tales características, que suponían el punto de comunicación más importante con el exterior, revisten en consecuencia y en dicho contexto una importancia fundamental en la historia de Cartago. Su historia está documentada en una fuente esencial, Apiano, un historiador de la Antigua Grecia, que vivió en el (siglo II a. C.). A pesar de su descripción, la localización de los puertos fue obra de las excavaciones arqueológicas iniciadas en la década de 1970.

Localización de los puertos púnicos.

Localización de los puertos púnicos.

República Cartaginesa

Cartago fue una República de la Antigüedad clásica creada por la propia Ciudad de Cartago. Tras la decadencia de su metrópoli (Tiro), la ciudad desarrolló un gran Estado de carácter republicano con ciertas características monárquicas o de tiranía, que con el tiempo evolucionó a un sistema plenamente republicano.[2] [3] En sus inicios, el territorio cartaginés comprendía sólo la ciudad y una pequeña área a su alrededor, lo que obligó a los cartagineses a buscar en el mar y su comercio las materias y recursos que necesitaban para subsistir. A partir del siglo VI a. C. los cartaginenses fueron ocupando gradualmente la región que hoy identificaríamos con Túnez, que constituyó el corazón del Estado Cartaginés. Partiendo de esta área que se suele denominar metropolitana, se expandieron para crear entre los siglos V y III a. C. un gran imperio mercantil marítimo, aprovechando las factorías y ciudades existentes fundadas por los fenicios, o estableciendo otras nuevas, en Hispania, Sicilia, Cerdeña, Ibiza y en el norte de África, consolidando además su poder sobre Numidia y Mauritania. Su crecimiento territorial y comercial causó por todo el Mediterráneo occidental diversas guerras con las polis griegas entre ellas Siracusa. En esta época Cartago estaba en su mayor apogeo y fue la primera potencia económica y militar del Mediterráneo occidental. La República Cartaginesa a finales del siglo III a. C. entro en contacto con la otra gran república de su tiempo, la República Romana. Roma paralelamente también estaba inmersa en un gran crecimiento territorial, tras derrotar y anexionarse las polis griegas del sur de Italia entro en contacto directo con Cartago. Las aspiraciones de las dos repúblicas chocaron de frente provocando el odio y una gran rivalidad entre ambos pueblos. Su enfrentamiento se materializó en tres grandes conflictos bélicos entre ambas republicas, conocidos por el nombre de Guerras Púnicas, consideradas como las guerras más trascendentes de la antigüedad clásica. Cartago siempre resultó derrotada y el fin de los enfrentamientos cesó únicamente tras la total destrucción de la República de Cartago y de su capital en el 146 a. C..

Historia de la República

Hasta la llegada de los fenicios a finales del II milenio a. C., las costas de Mauritania, Numidia y Libia eran un territorio apartado de la civilización, escasamente poblado, sin grandes asentamientos y ajeno a la cultura del bronce. El establecimiento de factorías y colonias fenicias representó el primer contacto con una cultura superior, siendo incierto el momento inicial de este proceso.

Los fenicios, en sus exploraciones y empresas comerciales, fundaron numerosas factorías y colonias, en el norte de África, en Iberia y en las grandes islas del Mediterráneo occidental, cubriendo todo el litoral hasta Mogador. Algunas de ellas fueron el origen de ciudades como Útica, Medjerda, Hippo Regius, Tapso, Lixus, Caralis, Gadir o Motia.[4] Una de estas ciudades fue Cartago, situada estratégicamente en una península cerca de la actual ciudad de Túnez. A través de la acción comercial e influencia colonial fenicia, la vida urbana penetró en el litoral mauritano y númida, además del desarrollo intensivo de la agricultura con la introducción de la vid, el olivo y, posteriormente, el uso del hierro.

Extensión de la República

Cartago nunca fue un estado homogéneo con límites definidos. Sus territorios se extendían por todo el litoral africano, desde Cirene hasta el Atlántico, por el sur de Hispania y por las grandes y fértiles islas del Mediterráneo occidental.
En sus inicios Cartago no era poseedora del suelo que ocupaba, por lo que pagaba tributo a los indígenas libios por el alquiler; con el devenir del tiempo, prosperó conquistando tierras hacia el interior y en los países vecinos, dejando de pagar tributo a los indígenas en el año 450 a. C. Los libios fueron sometidos y reducidos a una condición inferior. Cartago fue llevando sus fronteras hasta las montañas y los límites del desierto gradualmente. Las posesiones norteafricanas, donde contaba con mayor influencia, en las costas de Numidia y Mauritania, fueron lentamente dominadas, salvo en la estrecha zona del litoral. Únicamente se establecían los cartagineses con solidez y rapidez en aquellas zonas en pugna con los griegos o de gran importancia comercial; por el este los límites de la República con la Cirenaica fueron determinados después de sangrientas guerras. Estrabón citó Turris Euprantus, en la parte oriental de la Gran Sirte, como la última ciudad cartaginesa. Por la parte occidental, los límites de Cartago llegaban hasta la costa atlántica marroquí, sin que se tenga un conocimiento exacto de dónde terminaban.

El núcleo de estos vastos dominios era el área metropolitana situada en el entorno de Cartago. Sus fronteras llegaban hasta las montañas númidas y los límites del Sahara. Ante la imposibilidad de someter a las tribus berberiscas que lo recorrían pastoreando sus ganados, las fronteras fueron custodiadas por una línea de puntos fortificados que cubrían el territorio. En Numidia y Mauritania Cartago controlaba muchas ciudades, tales como Hipona, Hadrumeto, Leptis Minor, Leptis Magna, Tapso y Tanapé. Después de la Primera Guerra Púnica expandieron sus dominios hacia el interior, hasta unos 240 km desde la línea costera, conquistando la ciudad más importante de los indígenas, situada en el inicio del río Bagradas, llamada Theveste.

En los dominios cartagineses las colonias tenían gran importancia, formando un verdadero imperio. La más rica era Cádiz y se extendían por toda la costa sur de España una cadena de importantes establecimientos comerciales. Las Baleares fueron colonizadas desde el siglo VII a. C., sirviendo de base de operaciones contra sus enemigos, los griegos de Massalia. Ya en el siglo VI a. C. se encontraban los cartagineses establecidos en Cerdeña, donde fundaron Cagliari. En Sicilia controlaban las importantes ciudades de Lilibea, Panormo y Solocis. Se establecieron al noroeste de la isla, si bien su territorio varió debido a los conflictos con los griegos. Las pequeñas islas vecinas también les pertenecían, las Egadas, Melita, Gaulos y Cosira. En general, los indígenas habían tenido que optar entre buscar refugio en las montañas o someterse a la voluntad de los púnicos. Cartago tenía una concepción más abusiva y dura de la labor civilizadora que Roma. Las propias ciudades libio-fenicias del territorio cartaginés siempre fueron sometidas a condiciones muy duras.

Ejército de Cartago

El ejército de Cartago fue una de las fuerzas militares más importantes de la Antigüedad clásica. Si bien para Cartago la armada siempre desarrolló un rol preferencial, el ejército adquirió un papel clave en la extensión del poder púnico sobre los nativos del norte de África y del sur de la Península Ibérica, en un periodo comprendido entre el siglo VI a. C. y el siglo III a. C.. Desde el siglo V a. C. momento en el cual Cartago inició un ambicioso programa de expansión hacia Cerdeña, las islas Baleares y el norte de África, el ejército desarrolló una composición multiétnica, debido a la escasez de recursos humanos propios, lo que motivó la necesidad de enrolar contingentes de tropas foráneas, principalmente como mercenarios, lo que convirtió al ejército cartaginés en un conglomerado de unidades púnicas, aliadas y mercenarias.

En cuanto a su estructura militar, se trató siempre de un ejército combinado, que disponía de infantería pesada y ligera, de artillería, hostigadores, caballería ligera y pesada, así como secciones de Elefantes de guerra y carros de guerra. El mando supremo del ejército fue inicialmente ostentado por los sufetes, hasta el siglo III a. C. A partir de entonces, lo recibieron generales nombrados directamente por el Senado o la Asamblea.

El ejército cartaginés se enfrentó en numerosas ocasiones a ejércitos griegos por la hegemonía en Sicilia, lo que influenció el desarrollo de las tácticas y armas púnicas, que basó su ejército en unidades de falange. La disputa por Sicilia resultó inconclusa, y Cartago nunca llegó a conquistar la ciudad de Siracusa.

El ejército cartaginés tuvo su mayor reto al enfrentarse a las legiones romanas en las Guerras Púnicas. Si bien Cartago fue finalmente derrotada, su ejército consiguió notables triunfos a manos de hombres excepcionales como Aníbal y Amílcar Barca.

Carga de los elefantes púnicos en Zama.

Carga de los elefantes púnicos en Zama.

Fuente: Wikipedia

Mosaico Romano

Cuando los romanos fueron conquistandos a lo largo del siglo II a. C. las regiones de Grecia y de Asia Menor, la obra de mosaico era ya común en todo el mundo de habla griega. El arte del mosaico pasó con facilidad al orbe romano comenzando así un género artístico-industrial, del que hicieron una verdadera especialidad. Se extendió de tal forma que puede decirse que no hubo casa o villa romana donde no hubiera mosaicos. Los mosaicos romanos son fáciles de descubrir para los arqueólogos y hasta el momento (año 2004) su número es muy elevado, pero presentan una gran dificultad de conservación. El lugar idóneo parece ser que está en los museos donde el cuidado, la limpieza, temperatura, humedad, etc., se hallan a su disposición, pero el problema está en el espacio que se necesitaría para almacenarlos de manera merecedora.

Los romanos construían los mosaicos con pequeñas piezas llamadas teselas, de ahí que se refiriesen a ellos también como opus tessellatum. Las teselas son piezas de forma cúbica, hechas de rocas calcáreas o material de vidrio o cerámica, muy cuidadas y elaboradas y de distintos tamaños. El artista las disponía sobre la superficie, como un puzzle, distribuyendo el color y la forma y aglomerándolas con una masa de cemento.

Los mosaicos eran para los romanos un elemento decorativo para los espacios arquitectónicos. Llegó a ser un arte tan apreciado y difundido que en el siglo III el emperador Diocleciano promulgó un decreto en el que estableció el precio que los artistas podían dar a sus obras, según los grados de calificación previa. Cuando en el año 330 el emperador Constantino trasladó la capital del Imperio romano de Oriente a Bizancio, otorgó bastantes facilidades y favoreció el éxodo a los maestros griegos y romanos fabricantes de mosaicos (llamados mosaistas). En Bizancio el arte del mosaico se unió con la tradición oriental y dio lugar a una evolución que se distinguió sobre todo por el uso muy generalizado de grandes cantidades de oro.

Al principio, cuando el arte del mosaico empezó a desarrollarse en Roma, se hacía sobre todo para decorar los techos o las paredes y pocas veces los suelos porque se tenía miedo de que no ofreciera suficiente resistencia a las pisadas. Pero más tarde, cuando este arte llegó a la perfección, descubrieron que se podía pisar sin riesgo y comenzó la moda de hacer pavimentos de lujo. Los mosaicos como pavimento eran para los romanos como puede ser una alfombra persa y de alta calidad en los tiempos modernos.

Dependiendo del tamaño de las teselas, de los dibujos y del lugar de destino del mosaico, los romanos daban un nombre diferente a este trabajo:

* Opus vermiculatum era de origen egipcio y se hacía con unas piedras muy pequeñitas. Con ellas el artista podía dibujar con bastante facilidad las curvas, las siluetas y toda clase de objetos que pudieran requerir más precisión. Se colocaban las teselas en una hilera continua que seguía las líneas del contorno y del dintorno (límite de las principales partes internas) de las figuras que se quería dibujar. El nombre viene del diminutivo latino vermiculus (de vermis -is, gusano). Lo llamaban así porque las líneas del dibujo recordaban las sinuosidades del gusano.
* Opus musivum, que se hacía para los muros. Este término empezó a emplearse a finales del siglo III.
* Opus sectile, cuyos dibujos estaban hechos con piedras más grandes y de diferentes tamaños. La técnica era recortar placas de mármol de diversos colores para componer las figuras geométricas, de animales o humanas. Era un trabajo muy parecido a la taracea. Los mejores ejemplos de este trabajo se conservan en el Palatino de Roma y proceden del Palacio Flavio.
* Opus signinum, de Signia (en la región del Lacio, en la Italia central junto al mar Tirreno). En este lugar había fábricas de tejas y en ellas se obtenía con los desechos un polvo coloreado que al mezclarlo con la cal daba un cemento rojizo muy duro e impermeable. Este producto se empleó bastante en toda Italia y en Occidente para crear los suelos y como revestimiento de piscinas (estanques para peces), cubas de salazón, aljibes, etc. A veces, para darle más consistencia se añadían a la masa guijarros y piedras machacadas.

Distinguían además entre la obra de musivum (mosaico) y la de lithostrotum (λιθoστρωτoν), literalmente “pavimento de piedra” en sentido general. Se llamaba así al pavimento de una vía o camino, de una plaza abierta o de un foro, o al del suelo de algún edificio (como el del Partenón de Roma, hecho en porfirio).

Se daba a la obra este nombre de lithostrotum cuando el material consistía en piedras naturales de formación volcánica (sílex) y mármoles de diferentes colores. Los bloques para la construcción eran poligonales.

Fuente: Wikipedia

Villa romana de Tejada en Quintanilla de la Cueza

Villa romana de Tejada en Quintanilla de la Cueza

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Cerámica Romana

Cerámica romana de tradición

Cerámica romana de tradición

La cerámica romana contiene vasijas de greda o arcilla sin barnizar (así son, por ejemplo, las grandes ánforas y las tinajas o dolium para el vino y el aceite) otras barnizadas con un barniz rojo u oscuro y lustroso pero no vidriado y otras vidriadas (con barniz vitrificado) aunque raras. Tiene además objetos de plástica monumental para obras arquitectónicas como antefixas y metopas con bajorrelieves, también usadas por los griegos. Muchas piezas llevan estampilla o marca de fábrica en letras romanas mayúsculas lo cual se observa asimismo en algunos vasos de procedencia griega y con caracteres griegos. Entre la vasijas de tipo romano goza de celebridad la llamada cerámica aretina (de Arezzo) cubierta de un barniz lustroso no vitrificado de color rojo uniforme. Carece de pinturas pero tiene ornamentación en relieve (cuando la lleva) consistente en florones, ramitas, medalloncitos, pequeñas figuras humanas o de animales, orlas o grecas y diversos trazos rectilíneos, hecho todo con moldes sobre el barro fresco. Suelen ostentar estas vasijas su estampilla o marca de fábrica por lo cual y por los dibujos moldeados reciben el nombre de terra sigillata y de ellas se encuentran numerosas en los Museos ya en forma de copas o tazas, ya en la de catinos o platos, ya en la de lucernas o candilejas y de jarritos con asa.

Muy parecida a dicha cerámica y tal vez más antigua es la llamada de Aco (antigua población italiana donde se descubrió) la cual se distingue por la finura de su barro de color rojo o pajizo y por no llevar moldeadas las figuras de relieve sino aplicadas a la superficie por medio de algún frasquito que vertía el barro decorador en estado pastoso. Se supone que esta cerámica es de los últimos tiempos de la República y la aretina, del Imperio.

Semejantes e incluso idénticas ala cerámica aretina son la galo-romana de Francia y la saguntina de España ambas de fabricación colonial o regional sin que se limite la última a la región de Sagunto sino que se halla extendida en toda la Península Ibérica con el nombre de terra sigillata. Los tipos de vasijas de toda esta cerámica imitan a los de la griega en sus

Fuente: Wikipedia

Vaso de cerámica de Samos.

Vaso de cerámica de Samos.

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Pintura Romana

Los orígenes de la pintura romana se confunden con los de su escultura y de tal modo se hallan en el arte helenista que aun los ejemplares que de ella se conservan, sobre todo, los mejores, se atribuyen hoy a mano griega si bien la escuela llegara por fin a romanizarse. Los procedimientos usados en esta pintura debieron ser el encausto, el temple y el fresco. Sus géneros, el decorativo de vajillas y muros y el histórico y mitológico en los cuadros murales. Y aunque los descubiertos hasta el presente ofrecen más que todo un carácter decorativo llegan a ser verdaderas composiciones pictóricas y se juzga con fundamento que hubo también otros de pintura independiente a semejanza de los actuales de tabla o de caballete. Se cultivaron con dicho carácter decorativo mural el paisaje, la caricatura, el retrato, los cuadros de costumbres, las imitaciones arquitectónicas y las combinaciones fantásticas de objetos naturales constituyendo con estas últimas el género que los artistas del Renacimiento llamaron grutesco, hallado en las antiguas Termas de Tito y que sirvió al célebre Rafael como fuente de inspiración para decorar las Logias del Vaticano. Destacó también el arte pictórico de la civilización romana en el procedimiento del mosaico, no limitado como hasta entonces, a simples decoraciones de pavimentos sino extendido a cuadros pensiles según lo revelan algunos ejemplares que se guardan en los museos y abrazando en uno y otro caso, asuntos y composiciones históricas. La miniatura sobre pergamino fue otro género que estuvo muy en boga entre los bibliófilos romanos de la época de Augusto, pero de ella no se han descubierto ni se conservan ejemplares anteriores al siglo III de nuestra era.

Los principales monumentos de pintura greco-romana que hoy existen se han extraído de las ruinas de Herculano, Pompeya, Stabia, el Palatino de Roma y de las necrópolis de El-Fayun, en Egipto, además de los mosaicos descubiertos en numerosas ciudades que fueron romanas. El Museo de Nápoles, centro principal de estudio para el arte romano, conserva más de mil fragmentos de pintura al fresco, arrancados de los muros de Herculano y Pompeya. Entre los más famosos cuadros murales de este arte greco-romano se cuentan

* el de las bodas aldobrandinas (Museo Vaticano)
* el de Paris juzgando a las tres Diosas
* el de Io libertada por Hermes
* el de Ceres en su trono (de Pompeya, hoy en el Museo de Nápoles)

Entre los mosaicos, el de la Batalla de Isso, en el referido museo napolitano con otros muchos. En cuanto a miniaturas, las más célebres y de las más antiguas de sabor pagano son

* los fragmentos de una Ilíada del siglo III en la Biblioteca Ambrosiana de Milán
* las cincuenta viñetas de Virgilio de la biblioteca Vaticana que datan del siglo IV al V.

Romanizada la pintura griega, tomó un carácter propio según puede verse en las decoraciones murales de Pompeya que constituyen el llamado estilo pompeyano. Se distingue éste por la delicadeza, gracia y fantasía del dibujo, sobre todo, en vegetales estilizados, por la viveza del colorido por el realismo y la voluptuosidad en las figuras y por cierto contraste de colores y luces tal que aproxima el estilo al de la escuela impresionista moderna. Todo ello, aunque no sale del género decorativo, refleja el espíritu de una sociedad bulliciosa, elegante, frívola y voluptuosa.

La cerámica hispano-romana carece de figuras pintadas y sólo las presenta en relieve y sin color distinto del fondo como puede observarse en los llamados barros saguntinos.

Floreció en España el cultivo del mosaico durante la dominación de Roma al estilo de la metrópoli y de ello son testimonio fehaciente los magníficos ejemplares que se guardan en el Museo Nacional y en los de Tarragona, Barcelona, Gerona, Pamplona, Lugo, Córdoba y Sevilla cuyas composiciones son de asuntos mitológicos y motivos geométricos. Pero fuera de estas labores artísticas apenas se conservan otras de género pictórico en la Península correspondientes a la época y al estilo romano sino fragmentos decorativos murales, hallados en Cartagena con otros de Tarragona de estilo más o menos pompeyano y las decoraciones de la necrópolis romana de Carmona entre las cuales figura un banquete funerario.

Fuente: Wikipedia

Fresco hallado en Pompeya

Fresco hallado en Pompeya

Mosaico hallado en una villa en Palencia (España)

Mosaico hallado en una villa en Palencia (España)

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Los Vikingos

Vikingo es el nombre dado a los miembros de un grupo étnico originario de Escandinavia, de los países nórdicos, que vivió entre los años 789 y 1100. Fueron descendientes de un pueblo de origen germánico que se estableció en la península escandinava hacia el año 2000 a. C..

Sus ataques y su aparición en la escena política europea comenzaron con el saqueo del monasterio de Lindisfarne (793) en el norte de Gran Bretaña, al que pronto siguieron ataques a otros monasterios. Los anales y crónicas de los dos siglos siguientes están repletos de relatos aterradores. En grupos más o menos numerosos, los vikingos atacaron con sus barcos las costas europeas, remontaron los ríos de Francia, Alemania y Rusia, conquistaron gran parte del territorio de los pueblos eslavos de la antigua Rusia, las islas británicas Irlanda e Inglaterra y asolaron el Mediterráneo.

Su actuar violento aterrorizó a las antiguas comunidades que, aunque acostumbradas a la guerra, no tenían forma de prever cuándo habría una incursión. Estos ataques influyeron de forma indirecta en la creación de un período de inestabilidad que favoreció la descentralización política del feudalismo.

Durante los siglos siguientes, los vikingos tuvieron gran influencia en la historia europea: en las Islas Británicas gobernaron durante muchos años hasta ser finalmente conquistadas por los normandos, descendientes de vikingos; en Rusia contribuyeron a la formación del estado ruso; en Francia terminaron recibiendo como feudo la región de Normandía; en Italia fundaron el reino normando de Sicilia e incluso llegaron a influir con sus incursiones en el Califato de Córdoba y el Imperio Bizantino.

El último reducto hostil lo representaba el rey Harald el Despiadado, que murió en la Batalla del puente Stamford en el año 1066 cuando intentaba tomar posesión del territorio de Inglaterra.

La Era Vikinga terminó en 1100, año en que finalizan las incursiones vikingas.

Origen y pueblos vikingos

Pertenecían étnicamente a la familia de los pueblos germanos y su lengua y cultura eran germánicas, como las de todos los pueblos escandinavos. Los primeros monjes cristianos germanos asociaron a su pueblo al hijo mayor de Noé llamado en la Biblia Gomer o cimerios. Esta comunidad lingüística y cultural de toda el área escandinava ha de tenerse en cuenta a la hora de profundizar en el conocimiento del espíritu que llevaban estos pueblos.

Estos pueblos, al igual que los griegos, habitaban una geografía muy segmentada que – junto al clima y los animales carnívoros – hacía muy difícil la comunicación por tierra, lo que les obligó a navegar. El mar se convertiría en su principal medio de comunicación.

Pueden distinguirse tres grupos de vikingos:

* Daneses: al principio tenían una organización militar muy fuerte, realizaron incursiones piratas rápidas, cuyo único fin era el botín. Era también el pueblo más numeroso de los tres. Habitaban en las penínsulas de Jutlandia y Escania, aparte de las islas que separan al mar Báltico del mar del Norte entre ambas penínsulas. Esto les daba una gran ventaja estratégica que les permitía dominar las rutas de comercio, al igual que Constantinopla.
En Dinamarca se han hallado restos de fortificaciones, de fines del período de apogeo vikingo, donde podía concentrarse gran número de tropas. Las fortificaciones tienen forma circular y están divididas en cuatro cuadrantes, con edificios en cuadro en cada uno de ellos. Los recintos fortificados están concebidos con una precisión que atestigua gran sentido del sistema y del orden por parte de los jefes vikingos, y también que, en el séquito del rey danés, había gente con profundos conocimientos de geometría. Un ejemplo de este tipo de asentamientos es la antigua Haithabu.

* Noruegos: empezaron surcando los mares y ríos con fines pacíficos, que posteriormente cambiarían por incursiones a mayor escala que las de los daneses, con fines de conquista. Se les conocía por ser muy buenos navegantes y fue también en Noruega donde se conservó mejor la tradición naval.
Cabe señalar que los noruegos controlaron el mar del Norte, recorrieron el océano Atlántico y llegaron incluso a competir con la influencia árabe del mar Mediterráneo, surcando grandes ríos al igual que los suecos. Los noruegos colonizaron Islandia, Groenlandia y Vinlandia.

* Suecos: realizaron grandes viajes a través de los mares entre los siglos VIII y XI. Recorrieron toda la Europa septentrional y meridional, fundando la nueva nación que hoy se conoce como Rusia. Se piensa que pueden haber llegado incluso a tierras budistas, pues entre algunos tesoros vikingos enterrados en Suecia se han encontrado una estatua de Buda y objetos del Lejano Oriente.

Expansión

Es un misterio por qué estos pueblos nórdicos se lanzaron a la expansión, en busca de tierras que conquistar o colonizar a partir del siglo VIII.

Una teoría bastante común sugiere que Escandinavia podría haber sufrido una etapa de superpoblación. La generalización de una agricultura mucho más eficiente en los tiempos precedentes habría permitido a la población dispararse, con la consiguiente presión demográfica por nuevas tierras. Esto, en un pueblo costero con una avanzada navegación, supondría una era de expansión a través de los mares. Aunque casi todas las explicaciones toman como base esta teoría, pues se hace difícil imaginar una extensión semejante sin una presión por nuevas tierras, generalmente se la considera como parte de una explicación mayor. La principal objeción a esta teoría es la falta de pruebas de tal aumento demográfico y la falta de argumentos para las incursiones y saqueos. Además, las tierras nórdicas, aunque duras, disponían y disponen de amplias zonas sin habitar que no parecen haber sido ocupadas.

Otra argumentación bastante usada es que los vikingos se aprovecharon de la debilidad de las regiones que atacaban y ocupaban. Así, la época de grandes ataques coincide con la fractura del Imperio Carolingio y la división británica.

Se considera también que el declive de las antiguas rutas comerciales puede haber sido un factor decisivo. Desde la caída del Imperio Romano en 476, los intercambios comerciales en Europa no hicieron más que disminuir, y la unidad política y de mercado se rompió. Así, los vikingos tuvieron una gran ocasión como comerciantes: cambiaban las pieles y esclavos de su tierra por plata y especias árabes, que usaban para comerciar y comprar armas a los francos, ocupando un puesto vacío de intermediarios.

Otro factor importante fue la destrucción del poder naval frisio por los francos, que dejó a los vikingos sin rivales en el Atlántico Occidental, dándoles la oportunidad de ocupar su antigua zona de influencia. A este hecho se suma también el avance en las mejoras técnicas navales de los vikingos. Por ejemplo, sus embarcaciones tenían poco calado, lo cual les permitía navegar por ríos poco profundos, adentrándose tierra adentro por vías fluviales. Construyeron barcos de unos 20-25 metros de eslora por 3-6 metros de manga, con una capacidad de entre 40 y 100 personas, pero siempre manteniendo una maniobrabilidad y ligereza que les daba ventaja en cualquier situación. Desarrollaron además la orientación astronómica.

Otra de las causas parece responder a un factor político. Según se cree, en los años precedentes a la expansión, en Escandinavia se sucedieron una serie movimientos de unificación. Las tribus o grupos que quedaban fuera de estos movimientos debían buscar nuevas zonas de asentamiento.

Sin embargo, estas últimas hipótesis explican más bien cómo pudieron extenderse, aunque no el porqué.

La Era Vikinga: el terror del norte

Los contactos entre los países nórdicos y el resto de Europa venían de antiguo. Los hérulos, por ejemplo, fueron unos claros predecesores de los futuros vikingos, ya que también procedían de Escandinavia y efectuaron algunas expediciones de saqueo a lo largo de las costa atlántica de Europa a bordo de embarcaciones. Los hallazgos arqueológicos muestran que el comercio y la influencia datan de varios milenios adC. No obstante, los países escandinavos constituían un remoto rincón de poca importancia política y económica para el resto de Europa.

Sus ataques y su aparición en la escena política europea comenzaron con el saqueo del monasterio de Lindisfarne en 793. Los monasterios, que acumulaban amplias posesiones, alimentos y cobijo, son objetivo de sus siguientes ataques, que se producen con gran facilidad y rapidez (al fin y al cabo, los monjes no podían defenderse). En 794, son saqueados el monasterio de la isla escocesa de Iona, los monasterios de Jarrow y Monkwearmouth en la costa inglesa y el monasterio de Inishboffin en Irlanda. Dichos ataques se repetirían en los años siguientes, azotando la zona. No obstante, hay que tener en cuenta que la mayoría de fuentes de esa época fueron redactadas por los pueblos atacados, por lo que es posible que muchos de los datos estén exagerados. De hecho, los ataques fueron vistos en muchos casos como herejías por los monjes de los monasterios, ya que suponían un ataque directo a Dios.

En 799, los vikingos se empiezan a aventurar lejos de esa zona y arriban por primera vez a la costa francesa en Bretaña. El estuario del Loira y las islas de la región fueron víctimas de las razias vikingas. En el 820, ya una flota de 13 navíos ataca por el Sena. En 834 se tienen noticias de sus primeros ataques a los Países Bajos.

En las Islas Británicas y el Canal de la Mancha, el paso del tiempo sólo incrementó el número de ataques, su fuerza y su alcance. En 840, se tiene constancia de su primer campamento invernal en Irlanda, donde, para protegerse de los daneses, los jefes locales se alían con los noruegos, que desde 853 pasan a controlar Irlanda. En 850, invernan también en Inglaterra, donde fundan en 866 un asentamiento permanente en York y conquistan una amplia porción del país. Al sur, también empeoran las cosas: en 845 se produce el primer ataque a París y en 847 a Burdeos.

La primera expedición vikinga al Mediterráneo data de 844, cuando queman Sevilla. En el 858, una expedición de más de 62 barcos saquea las costas del Levante ibérico y la Toscana italiana. A partir de esa época, comienzan a remontar ríos, siendo rechazados en 863 frente a Colonia, aunque obteniendo éxito en otras incursiones por Alemania y Francia. Al oeste, remontan el Volga por Rusia, apoderándose en 861 de Nóvgorod y en 863 de Kiev. En el 865, una primera expedición sin éxito trata de llegar a Constantinopla.

En 878, el rey de Wessex Alfredo I el Grande venga los múltiples saqueos de Inglaterra y logra derrotar a un ejército danés, garantizando la independencia de su tierra, aunque tiene que reconocer el dominio de éstos sobre la otra mitad de Inglaterra. La guerra no tardaría en reanudarse, pero desde entonces los vikingos llevan la peor parte. En 885 su ataque más afamado a París sólo se evita con el pago de un rescate y el permiso para saquear las tierras durante su camino de vuelta. Pero en 888, Alain de Bretaña logra derrotarlos también. El comienzo del siglo X en Europa Occidental marca el fin de sus grandes éxitos. En 911, se rechaza el último ataque a la desembocadura del Sena, y en 931 son expulsados de sus bases en el Loira. La década siguiente ve sus últimos ataques a Bretaña.

En Oriente su esplendor duraría más, y a lo largo del siglo X, varias expediciones tienen éxito en sus ataques por el Mar Negro y el Caspio. Los comienzos del siglo XI verían un último reaparecer cuando en 1014 se reinstaura el dominio vikingo de Inglaterra y con el vikingo Canuto. Este renacer se considera definitivamente terminado cuando el rey Harald III “el despiadado” muere en la batalla del puente Stamford en 1066, durante conflictos dinásticos en Inglaterra.

La Era Vikinga termina en 1100 cuando Suecia se convierte al cristianismo. Ese mismo año acaban las incursiones vikingas.

Aun así, los descendientes de los vikingos lograron consolidarse en el ámbito europeo y fundaron el primer reino ruso en Kiev. Los normandos, vikingos asentados en Francia, salieron de Normandía y subieron a los tronos del reino de Jerusalén, Inglaterra, Sicilia, Nápoles y del Imperio Latino.

Sociedad y cultura

Los vikingos fueron un pueblo marinero muy mitificado en los relatos medievales. Sin embargo, tenían una personalidad real que ya ha sido estudiada y se refleja en su ordenada sociedad.

Estructura social

Campesinos y artesanos

El núcleo de la sociedad estaba formado por campesinos y artesanos, los que constituían una clase media muy generalizada e instruida. Eran hombres libres y tenían señalados derechos, tales como:

* Uso de las armas.
* Privilegio de integrar la asamblea local (en su condición de propietarios de tierras).

La vida diaria de los campesinos está abundantemente descrita en algunas sagas, narraciones poéticas en prosa sobre los pueblos nórdicos, y no parece diferenciarse mucho de la vida que hacía el resto de los campesinos escandinavos. El elemento natural de la vida campesina era la granja. Éstas estaban organizadas en una estricta economía cerrada, de manera que cada una producía por sus habitantes todo lo necesario para la vida.

La clase guerrera: nobles y el rey

Por encima de esta clase estaban los dirigentes guerreros del pueblo supeditada al rey. Los miembros de esta clase superior, elegidos por el pueblo, eran los que dirigían las campañas bélicas, de cuyo éxito dependía su posición.

Los comerciantes

Los bienes de consumo que no provenían de la producción local, sobre todo los artículos de lujo, habían de ser adquiridos a los comerciantes, quienes constituían otra clase social (aunque no en pocas ocasiones eran también propietarios de tierras).

Los esclavos

En su inmensa mayoría provenientes de las regiones saqueadas o individuos endeudados, o sus descendientes, tenían asignados los trabajos más duros, que no requerían ninguna especialización, sino sólo la fuerza física. Desde su nacimiento, los esclavos pertenecían a sus dueños. A diferencia de los siervos, no tenían ningún tipo de derecho legal y les estaba enteramente prohibido el uso de las armas. Caso especial son las mujeres raptadas para esposas o concubinas. Con el tiempo, en climas templados aptos para la agricultura, la esclavitud fue evolucionando hacia la servidumbre, siguiendo el ejemplo del feudalismo.

El papel de la mujer

Las mujeres solían casarse en matrimonios acordados. La esposa era la jefa en el interior de la casa y a menudo se hacía cargo de la marcha de la granja cuando su marido y sus hijos estaban ausentes por motivos guerreros o comerciales.

Sin embargo, numerosas naves normandas eran comandadas y tripuladas en su totalidad por mujeres. Es el caso de Rusla de Noruega, hija del rey Rieg y hermana de Tesandus que fue desposeído de su trono por el rey Omund de Dinamarca. La muchacha primero armó un barco y con el tiempo se hizo con una flota entera, con la que atacó todas las naves danesas que pudo, para vengarse de la afrenta realizada a su hermano. En contra de lo que se podría pensar, fue Tesandus quien la capturó, tras el naufragio de su drakkar, y la sujetó por sus trenzas mientras sus hombres la mataban con los remos (el rey Omund había conseguido atraer bien al príncipe hacia su causa después de adoptarlo.

El mar

Los diversos pueblos vikingos se encontraban interrelacionados a través del mar, que comunicaba los numerosos núcleos habitados sin unidad política. Las diferencias en sus costumbres y en las rutas marítimas elegidas se deben sobre todo a su posición geográfica y a sus peculiares características físicas.

Para surcar estos mares usaban dos tipos de barcos drakkars (dragones en nórdico) y knarr. Los knarres eran barcos veleros de casco corto y amplio, lentos pero de gran capacidad. El desarrollo de los drakkares, barcos largos y estrechos de fácil navegación y muy útiles para desembarco y transporte de tropas, sin igual en la Europa Medieval, fue uno de los motivos que impulsó su rápida expansión.

Las guerras

Durante la Era Vikinga, Escandinavia fue escenario de numerosas guerras. Sin embargo, éstas tenían un carácter más de rencillas entre los magnates locales por dominar a sus rivales que de verdaderas luchas entre naciones. Hasta la segunda mitad de la Era Vikinga no se puede hablar de verdaderos reyes locales, ni de estados definidos.

Religión, mitología y cosmología

Los vikingos tenían tres deidades principales: Odín, Thor y Freyr (o Frey). Odín, jefe de todos los dioses, que gobierna en Asgard (residencia de los “Aesir”), dios de la sabiduría, de la poesía, de la música, de los muertos en combate, es el más poderoso de los dioses vikingos. Su representación más habitual es la de un guerrero equipado para el combate, con una lanza (de nombre Gungnir) como arma. Su ojo izquierdo está hueco y le flanquean dos cuervos: Hugin (Pensamiento) y Munin (Memoria). Ayudantes de Odín y las portadoras de la victoria son las valkirias, quienes cabalgan con Odín en la batalla y recogen a los valerosos guerreros que cayeron con honor en combate y los llevan a Valhalla, el cielo de los guerreros.

Thor es el dios del trueno, el hijo de Odín. Si los caudillos y los guerreros honran a Odín, a Thor le adoran los campesinos y la gente llana, que depende del trueno y de las lluvias y de que los temporales se apiaden de sus cosechas. Thor es un dios impetuoso, de naturaleza violenta y raramente reflexivo. De cabellos y barba rojos, lo más destacado de él es su fuerza, representada por Mjöllnir, su martillo, que descarga en forma de rayo mientras provoca un gran estruendo. La actividad preferida de Thor es la caza de trolls o la caza de gigantes. Según los vikingos, en los lugares más inhóspitos viven trolls, gigantes y otros enemigos declarados de los hombres. Thor es su principal enemigo y, siempre protector de la humanidad, viaja a menudo a Jotunheim para darles caza.

Freyr es el dios de la fertilidad y de la naturaleza. Pese a ser el tercer dios en importancia de los vikingos, no es de la familia de los “Aesir”, sino de otra familia de dioses, los “Vanir”. Freyr y su hermana Freyja son gemelos y todas las cosas que crecen lo hacen gracias a ellos.

Otros dioses de importancia en la mitología vikinga son:

* Frigg: esposa de Odín. Es el prototipo de perfecta esposa y adorada por las amas del hogar.
* Sif: esposa de Thor. De preciosa cabellera rubia, perdió sus cabellos por una travesura de Loki.
* Tyr: Dios de la guerra, un sacrificio en honor suyo precedía al inicio de la Thing, la reunión socio-jurídica de los vikingos. Perdió su mano en las fauces del lobo Fenrir.
* Baldr: el más bello y amado de los dioses, hijo de Odín y Frigg.
* Njord: el padre de los “Vanir”, es el dios del mar y de los pescadores. Sus hijos son Freyr y Freyja.
* Heimdall: dios de la Luz y enemigo de Loki.
* Freyja: diosa del amor, hermana de Freyr.
* Hodur: el dios ciego. Por su mano cometerá Loki su penúltima fechoría, el asesinato de Balder.
* Mimir: el dios de la sabiduría, es consejero de Odín. Es el guardián del Pozo del Conocimiento, y permitió a Odín beber de él a cambio del sacrificio de su ojo.
* Loki: hermano de sangre de Odín, Loki es un espíritu cambiante. Ha sido un dios embustero y un leal compañero, de naturaleza perversa, por él llegarán todos los males a los dioses y desencadenará la Ragnarok.

Sus principales enemigos (y enemigos de los hombres son):

* Fenrir: hijo de Loki. Es un lobo temible, que de cachorro fue el juguete de los dioses en Ásgard hasta que fue demasiado mayor y peligroso para los dioses. Intentaron encadenarlo pero rompió las cadenas. Le ataron mediante una cinta especialmente creada para él a una roca de la que no se puede mover hasta que, llegada la Ragnarok, se libere. Durante la Ragnarok, matará a Odín.
* Jormugandr: la serpiente mundial. Es otro hijo de Loki, enemigo declarado de Thor, quien sujeta el mundo en su torso y se enrolla sobre sí misma devorando su propia cola. En la Ragnarok, Thor matará a la serpiente, y ésta a su vez lo envolverá en vapores venenosos que finalmente acabarán con su vida.
* Surt: es el enemigo de Freyr. Por casarse con la hija de Surt, Freyr tuvo que regalarle su espada mágica, que lucha sin que nadie la empuñe. Cuando llegue la Ragnarök, Freyr morirá a manos de Surt. Liquidado su combate, la llama de este gigante de fuego consumirá todo lo existente en el mundo.

Runas

Las runas fueron un signo de escritura utilizado por los antiguos escandinavos. Las runas son signos y símbolos, y se cree que constituyen un alfabeto. Se les atribuye un uso práctico y otro sagrado. En este sentido, tienen relación con la magia, posturas de meditación e incluso rituales. Su origen se remonta a la Edad del Bronce y quizás a un tiempo anterior.

En su origen las runas se labraban en pequeñas piezas de piedra, por lo general cantos rodados, aunque también las hay en arcilla y actualmente se las reproduce en juegos de naipes con diseños muy variados.

Celebridades

Uno de los vikingos más famosos es el noruego Erik el Rojo, que colonizó Groenlandia. Su hijo Leif Erikson también está en la lista de vikingos célebres por haber descubierto América antes que Cristóbal Colón.

También es bastante conocido Canuto el Grande, rey de Dinamarca, que logró someter todo el este de Inglaterra.

Otro de los grandes fue Harald Haardrade (Harald el Despiadado), quien es considerado el último vikingo. Harald huyó muy joven a Constantinopla, donde participó en la Guardia Varega durante diez años, siendo uno de sus mejores líderes. Luego escapó con la hija de la emperatriz hacia Novgorod, para enviarla de vuelta a Constantinopla. Compartió el reino de Noruega con su sobrino (Magnus I el Bueno) a cambio de la mitad de su riqueza acumulada en Constantinopla, pero después de un corto tiempo su sobrino falleció en extrañas circunstancias y quedó gobernando en solitario.

Cuando Harald supo que Guillermo el Bastardo (quien después de conquistar Inglaterra sería llamado El Conquistador) tenía la intención de apoderarse de Inglaterra, diseñó un árbol genealógico según el cual tenía derecho a ser rey de Inglaterra, reunió un ejército y, junto con Tostig (hermano del rey Haroldo II de Inglaterra) se embarcó a conquistar la isla. Desembarcó en el norte y fue descendiendo hasta llegar a York, encontrando poca resistencia, pues el ejército del rey Harold II se hallaba en el sur de la isla. Y en una rápida y larga marcha, Harold II llegó hasta donde estaba Haardrade, quien ya consideraba que estaba todo bajo control, pero se encontró con una férrea defensa y cayó en la batalla de Stamford Bridge (25 de septiembre de 1066).

Otro muy conocido fue Goodrya Lafred, también llamado el “El de la barba larga”, que según la historia sería apodado “El que cura” debido a su capacidad de atender a las personas enfermas.

Fuente: Wikipedia




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Los Celtas

Prehistoria e historia de los pueblos celtas

Es muy difícil distinguir los pueblos celtas o gaélicos entre los primeros grupos de indoeuropeos que penetraron en la Europa occidental y central. Sin embargo, es prácticamente seguro que participaron, junto a itálicos e ilirios, en la rápida y espectacular expansión de la Cultura de los Campos de Urnas del siglo XIII a. C., protagonizándola en la Europa occidental. En esta primera oleada, descendieron por la margen derecha del Ródano, ocupando Languedoc, Cataluña y el bajo valle del Ebro. Otra línea de expansión celta los llevó a Bélgica y el sureste británico.

Julio César ya había luchado contra ellos durante su conquista de la Galia y, con el tiempo, los romanos les arrebataron también sus dominios británicos e ibéricos. A finales del Antiguo Imperio Romano (476 d. C), los celtas tan sólo ocupaban partes del noroeste de Francia, Irlanda, Gales y algunas zonas de Escocia. Durante el transcurso de la Edad Media, reforzaron su control de Escocia e hicieron varios intentos de ampliar su territorio en Inglaterra.

A partir del siglo VIII a. C., los celtas participaron junto a los ilirios de la cultura de Hallstatt (Hierro-I), extendiéndose en esta fase por el interior de la Península Ibérica (siglo VII a. C.). En el siglo VI a. C. compartieron, sin embargo, el noreste ibérico con los íberos. Así, los celtas de Iberia iniciaron un desarrollo paralelo al de sus compatriotas continentales.

Desde el siglo IV a. C. los celtas continentales inauguran la cultura de La Tène, específicamente celta (Hierro-II). En esta fase, los celtas acabaron de ocupar el norte y centro de Francia (la Galia), el norte de Italia, así como la mayor parte de las islas británicas. También se extendieron por los Balcanes, alcanzando incluso una comarca de Asia Menor, que será conocida como Galatia. En esta época se construyen importantes villas fortificadas (lat. oppidum; pl. “oppida”), que sirven de centros comerciales y políticos. Es también en este período cuando el druidismo se extiende entre los celtas. Contrariamente a lo que se cree, los druidas no tenían templos de piedra ni arqueológicamente se ha podido enlazar el druidismo celta con Stonehenge, siendo la cultura megalítica anterior en varios milenios a la cultura celta y al fenómero del druidismo. Este error de asociar la cultura megalítica atlántica (presente en las islas británicas, Francia y España) con Stonehenge está muy extendido entre la gente por ser un invento del romanticismo del siglo XVIII. Como ejemplo: los celtas ibéricos no conocieron el fenómeno druídico, pero en España hay muchos restos megalíticos.

A partir del siglo II a. C., los celtas acusan la creciente presión militar de los germanos por el norte y, algo después, la de los romanos por el sur. En pocas décadas toda la Galia está ocupada por los romanos. La presencia romana en Gran Bretaña fue de escasa duración, lo que permitió a las lenguas celtas de esta isla (galés) sobrevivir y, más tarde, regresar al continente (Bretaña francesa).

Todavía en el siglo VII d. C. los celtas llevaron a cabo su quizá última expansión: los escotos irlandeses invadieron Caledonia, región que pasó a ser llamada Escocia.

Entre los restos arqueológicos celtas destacan los castros y los petroglifos (nota: muchos petroglifos son mil años anteriores a la cultura celta, aunque se seguirán haciendo durante el periodo celta), que se encuentran con frecuencia en el noroeste de la Península Ibérica.

Los pueblos y cultura célticas tuvieron una fuerte presencia, documentada por Plinio y otras fuentes, como el Leabhar Ghabhála Érenn, en el noroeste de la Península, en lo que es hoy la actual Galicia, el norte de Portugal, y la parte occidental de Asturias y León, asimilándose a la cultura castreña preexistente.

Celtíberos

El territorio peninsular sobre el que se asientan los recién llegados (preceltas)estaba habitado por pueblos preíberos (a parte de geográfico, íbero es un término cultural). Se discute mucho si se produjo un desplazamiento, una conquista, una alianza, asimilación, pacto o fusión entre celtas e íberos (de buen grado o como siervos). Los datos disponibles son contradictorios y las teorías de los autores difieren sobre el tema. Incluso podría darse una mezcla de todas las opciones posibles ya que las densidades de población y los recursos disponibles son muy especulativas. Las relaciones e influencias mutuas cambiaron con el paso del tiempo. Se atestigua una gran presencia precelta en zonas la Bética (actual Huelva, Sevilla) que se intentan explicar mediante la presencia de siervos, mercenarios o bolsas aisladas de colonos. Lo evidente es que en la península Ibérica falta realizar una campaña arqueológica seria que pueda dar datos fiables que permitan reconstruir el pasado.

Las primeras referencias escritas sobre los celtíberos se deben a geógrafos e historiadores greco-latinos (Estrabón, Tito Livio, Plinio y otros, aunque su estudio, que arranca del siglo XV, no adquiere rango científico hasta los inicios del siglo XX (marqués de Cerralbo, Schulten, Taracena, Caro Baroja, etc.), cobrando renovado impulso en los últimos años. Pese a este excepcional acervo literario, aún hoy se discuten aspectos claves para su definición: los confines de su solar, su verdadera personalidad o su propia genealogía.

Las fuentes clásicas son muy imprecisas respecto a su territorio, aunque podemos considerar que los celtíberos históricos se extendieron con seguridad por las provincias de Soria y Guadalajara, buena parte de La Rioja, este de Burgos, oeste de Zaragoza y Teruel, quizás norte de Cuenca y Asturias; diferentes interpretaciones amplían este marco hacia oriente y occidente. Pueden ser considerados como un grupo étnico, ya que incorporan entidades menores (arévacos, tittos, bellos y lusones, resultando polémica la inclusión de vacceos, pelendones y berones), sin que ello signifique la existencia de un poder centralizado y ni siquiera de una unidad política, salvo quizás, y de forma coyuntural, con ocasión de los acontecimientos militares del siglo II a. C.

Dado lo heterogéneo de la información literaria y de las evidencias arqueológicas de la cultura celtibérica, resulta difícil definirlos a partir de un único rasgo; no obstante, nos consta que hablaban una misma lengua, el celtibérico, cuyos testimonios escritos (utilizando el alfabeto ibérico), aunque tardíos, se extienden por un territorio que viene a coincidir básicamente con el descrito.

Según la visión tradicional, se explicaba su origen como resultado de la fusión entre celtas e iberos. En la actualidad, a partir de recientes estudios genéticos, se entienden como fruto de la evolución experimentada por algunos pueblos célticos peninsulares de la primera Edad del Hierro, sobre los que posteriormente ejerció una marcada influencia la cultura ibera.

La cultura de los celtíberos hizo suya la herencia de los iberos, de quienes adoptaron el sistema de escritura. Tras la caída de Numancia en el 133 a. C., su territorio pasó a formar parte de la provincia romana Hispania Citerior.

Los primeros textos celtíberos pueden fecharse aproximadamente entre principios del siglo II a. C. y el I d. C. El alfabeto utilizado en los textos más tempranos es el ibérico, que no resulta del todo adecuado para representar los distintos sonidos de la lengua celtibérica. El alfabeto latino ya está presente en algunos de los textos más tardíos. Muchas de las inscripciones contienen una fórmula onomástica estereotipada, como la que puede encontrarse en una lápida localizada en Ibiza: “Tirtanos de la familia de Abolus, hijo de Letondu, de Kontrebia Belaiska”.

Existe también un buen número de monedas grabadas con el nombre celtíbero de la ciudad o de los habitantes de la ciudad en donde aquéllas fueron acuñadas. Además, se han encontrado 20 tesserae hospitales grabadas, pequeñas placas de bronce utilizadas como símbolo de pacto entre dos partes, generalmente entre un individuo y una comunidad, con las que el portador podía solicitar hospitalidad a lo largo de sus viajes. La mayoría de estas inscripciones son muy breves, con la excepción de la tessera de Luzaga (24 palabras).

Religión

La religión de los antiguos celtas, particularmente la de los galos antes de la conquista romana, no es bien conocida, y los datos de que se disponen para reconstruirla son escasos y no muy precisos.

El culto estaba a cargo de los “druidas”, sacerdotes que a la vez eran los educadores de la juventud. Los monumentos llamados “Piedras Druídicas”, anteriores a la llegada de los celtas al oeste de Europa, parecen no haber representado ningún papel en la religión de los antiguos galos.

Durante mucho tiempo sólo existieron cultos locales especialmente relacionados con las montañas, los bosques y las aguas, a quienes se invocaba bajo diferentes nombres. Hallamos el dios Vosgos, la diosa Ardenas, el dios Dumias; las divinidades de las fuentes o de los rios: Sequana (la fuente del Sena), Nemausis (la fuente de Nimes).

Más tarde se estableció el culto de las grandes divinidades, más o menos común a toda la Galia, y que en la época galorromana se fueron identificando con las divinidades de Roma: Teutates, especie de Mercurio con algo de Júpiter y de Marte; Taranis, relacionado con el rayo, pero carente del poder supremo de Júpiter; Esus, dios de la guerra y del ganado, asimilado de Marte o de Silvano; Belenus, dios de las artes, relacionado con el sol y comparado con Apolo; Cernumnos, dios del sueño y de la muerte, como Plutón.

Junto a ellos figuraban diosas, como: Rosmerla, asociada a Teutates; Belisma, diosa de las artes del fuego, asimilada de Minerva; Epona, diosa de la abundancia agrícola, asimilada a Ceres.

Los galos tuvieron también divinidades abstractas o genios de las ciudades.

Entre las prácticas de la superstición popular es famosa la recolección, de acuerdo con prescripciones fijas, del muérdago, al que se consideraba dotado de virtudes extraordinarias.

Música celta

Con el término genérico de música celta la industria discográfica, las revistas musicales y los comercios intentan agrupar un conjunto de géneros musicales que comprenden desde la música folk tradicional de las poblaciones de lengua celta del Oeste de Europa hasta la música producida actualmente y que toma aportes rítmicos de ésta. El término corresponde a un nicho de mercado sabiamente identificado por la estrategia de mercadotecnia. El término música celta puede referirse tanto la tradición transmitida oralmente, como a las grabaciones de música popular que sólo tienen una similitud superficial con los estilos populares de los pueblos celtas.

Generalmente, el término se aplica también a la música de Irlanda y Escocia, debido a que ambos países producen una música con estilos bien conocidos y definidos además de ambientes puramente genuinos de este estilo musical. La música de Gales, Cornualles, Isla de Man, Bretaña, Northumbria y, particularmente en España, la música de Galicia, Cantabria y Asturias, asimilada a la corriente principal de la música celta desde la década de 1960

La tradición céltica es fuerte en Bretaña, donde hay numerosos festivales a lo largo del año. Por último, la música celta se ha expandido tanto que puede encontrarse también fuera de Europa. Un ejemplo de ello son Canadá y Estados Unidos.

Arte celta

El arte celta tiene varios puntos en común independientemente del territorio en el que fue elaborado, pues los distintos pueblos célticos tenían las mismas costumbres, mitología y también sentido estético. Este sentido estético está dominado por un fuerte abstraismo de las formas naturales, llevado al punto en que la figura humana y animal pierden toda materialidad. Al artista celta no le interesa tanto la fidelidad con el mundo natural o físico, sino la idea que quiere representar, así como la posibilidad de poner en práctica toda su imaginación en decorar o adornar sus productos artísticos. Si bien, tenemos el conocimiento actualmente, sobre todo por manuscritos y códices de época alto medieval (Ca.800 d.c. Book of Kells, Irlanda) que no obstante sabían cómo expresar el naturalismo en sus obras, pero, el convecionalismo estético del abstraismo les llevaba a reuhir esta forma de expresión artística clásica de Griegos y Romanos, contemporaneos suyos.

Características del arte celta

* Originalidad: el esfuerzo del artista celta por ser distinto a todo lo predominante en su época, así como frente a compañeros propios del mismo oficio.
* Abstraismo: se desmaterializa el arte, guardando solamente las formas que nos ayudan a distinguir, incluso a veces ni eso, las líneas esenciales de la figura representada. El arte celta es muy “simbolista”.
* Variación en las formas: dentro de un mismo esquema nos encontramos con variantes en la plantilla general de un mismo motivo, ya sea animal o vegetal.
* Imaginación desbordante que supera la obra: muchas veces la obra solo es un pretexto para dar rienda suelta a la técnica y genialidad del artista.
* Horror Baccui: el llamado horror al vacío, acuñado por los romanos (véase la Columna de Trajano) también es característica común del arte celta. No encontramos practicamente ningún punto vacío en el espacio dispuesto por el artista.
* Predilección por las figuras de caracter zoomórfico: los animales, ya vengan de una especie existente o bien sean de caracter fantástico, tienen preferencia a la hora de ser incluidos en la decoración céltica. Estas figuras normalmente eran de carácter apotropaico, es decir, protector.
* Predominancia de la decoración “marginal” frente al contenido principal: el artista celta puede situar una escena en el centro de la obra pero siempre se recreará en los adornos secundarios, que, para éste, parecen ser lo más atractivo y que conjuntan mejor con su manera de expresarse.

Lenguas celtas

Las lenguas celtas son un grupo de idiomas pertenecientes a la familia indoeuropea, en la que se incluyen

* el irlandés,
* el gaélico escocés,
* el gaélico manés,
* el galés,
* el córnico,
* el bretón, y
* todas aquellas lenguas muertas de esta familia que en un tiempo hablaron los pueblos celtas en Europa.

Historia

Procedente del proto-indoeuropeo, el grupo de lenguas célticas ocupa una posición intermedia, cronológicamente hablando, dentro de la familia indoeuropea, haciendo su aparición después de las lenguas anatolias (2000 a. C.), el griego (1400 a. C.), las lenguas índicas (1000 a. C.), las lenguas iranias (700 a. C.) y las lenguas itálicas (600 a. C.), pero antes de las lenguas germanas (siglo I d. C.), el armenio (siglo V), el tocario (siglo VII), las lenguas eslavas (siglo IV), las lenguas bálticas (siglo XV) y el idioma albanés (siglo XVI).

Éstas fueron habladas por los pueblos celtas, una serie de pueblos y tribus de la Europa Central y Occidental que compartían unas características culturales similares: creencias religiosas, estructura social, estilos artísticos, sistemas de producción, etc, pero sobre todo, estos pueblos hablaban una lengúa común, o más bien una serie de dialectos inteligibles entre sí. En nombre para designarse a sí mismos utilizaban era *gal- o *kel- como muestran los nombres de sus lenguas y los nombres de los pueblos celtas: Galli, Gálatae, Galaici, Gaelige, Kel(toi), Gálatai. De ahí que los griegos los llamaran keltoi y los romanos galli (pronunciado gal-li). El nombre celta procede del griego keltoi, nombre que usaban los geógrafos griegos en la primera mitad del I milenio a. C. para designar a los pueblos que habitaban Europa central. La primera referencia a este pueblo la hallamos en la Ora Marítima de Avieno, procónsul en África en el 336 d. C., basándose en un original griego del siglo VI a. C., aunque se encuentran esparcidas diversas alusiones a los celtas en Hecateo de Mileto, Heródoto y Aristóteles.

La aparición de las lenguas celtas está marcada por el debate sobre las teorías al respecto, que tienden a ser contradictorias entre sí. Una de ellas afirma que las lenguas célticas insulares son una unidad frente a las lenguas célticas continentales. Otra de las teorías propugna la existencia de una relación galo-britónica de un origen más arcaico, frente al goidélico, el idioma celtíbero y el idioma lepóntico.

Más tarde los celtas aparecerían en los registros romanos como los galli, nombre que permaneció en la denominación de determinados pueblos como los galos, los gálatas, o regiones como la Galia, Gallaecia o Galizia. Sin embargo, aunque los romanos denominaran a las tribus con sus nombres individuales (aedui, belgae, helvetti, boii…), sí reconocen ciertas características culturales entre éstas. La unidad lingüistica de estos pueblos es puesta de manifiesto por Tácito al percibir la similitud entre las lenguas brytónicas y las galas y San Jerónimo dejó constancia en sus escritos de que la lengua de los gálatas resultaba parecido el dialecto galo de Tréveris.

Los pueblos celtas, a lo largo de la historia se expandieron entre los siglos VIII y V a. C. desde su núcleo original centroeuropeo hacia otras regiones, ocupando el norte y centro de Francia (la Galia), el valle del Po en el norte de Italia, la península Ibérica, así como la mayor parte de las islas británicas. También se extendieron por los Balcanes, alcanzando incluso una comarca de Asia Menor, que será conocida como Galatia. En todas estás migraciones su lengua les acompañó allá donde fueran; en el siglo I a. C. se extendían por gran parte de Europa, desde la actual Turquía (Galacia) hasta Portugal.

Habladas ampliamente en Europa occidental en el primer milenio a. C., desde los tiempos romanos han experimentado un declive gradual, bien reemplazadas primero por el latín y luego por las lenguas romances en Francia, Portugal, Italia y España, bien desplazadas y sustituidas por otras ramas como la germana en las islas Británicas y Europa Central o la eslava en los Balcanes, o bien por la disipación e integración del pueblo celta y de su lenguas dentro de nuevas realidades históricas. A pesar de estos hechos, hubo pequeñas islas lingüísticas que sobrevivieron bastante tiempo a este influjo, habiendo testimonios de gálatas hablantes de lengua celta en el siglo IV d. C.

Sin embargo las lenguas célticas encontraron refugio a la romanización en el extremo noroccidental de Europa, en las islas Británicas. Allí las lenguas nativas gaélicas y britónicas mantuvieron su hegemonía hasta la Edad Media, siendo la lengua predominante en el Reino de Escocia y en los condados y reinos irlandeses y galeses.

Su declive en Gran Bretaña comenzó con las invasiones anglosajonas, quedando reducida su presencia tras Muralla de Offa a Gales, y al Reino de Escocia. Unos siglos más tarde también empezaron a perder peso y presencia las lenguas célticas en estas regiones y en Irlanda debido principalmente la perdida de independencia política y cultural, así como por el aislamiento económico, en detrimento del entonces pujante Reino de Inglaterra en el siglo XVI, si bien este proceso se dio de manera lenta y constante desde siglos atrás. La lengua hablada en la isla de Man se vería muy influenciada por aportes nórdicos, fruto de las sucesivas invasiones vikingas.

El origen del bretón, si bien se podría pensar fácilmente debido a su situación geográfica que es un reducto de la lengua gala hablada en época prerromana en la actual Francia, se remonta a migraciones de británicos (principalmente de las zonas de Cornualles y Gales) en el siglo V d. C. que huían de las invasiones anglosajonas a Gran Bretaña, estableciéndose tras cruzar el canal de la Mancha en la costa de Armórica, la actual Bretaña. Algunos de estos britanos llegaron incluso a la península ibérica, a las regiones de Galicia y Asturias.

Pese a su lento declive con los siglos, hoy día aún sobrevivien, únicamente, cuatro lenguas de la rama céltica, limitadas a pequeñas regiones de Europa: el idioma irlandés o gaélico irlandés en Irlanda, el gaélico escocés o escocés (nombre que lleva a la confusión con el también llamado escocés, idioma germánico) en Escocia, el idioma galés en Galés y el idioma bretón en Bretaña. Asimismo, hasta el siglo XVIII en Cornualles se hablaba el idioma córnico, de gran semejanza con el bretón y el galés. Hasta principios del siglo XX en la isla de Man se hablaba el idioma manés. También, fruto de la emigración, hay pequeñas colonias de hablantes de lengua celta en la Patagonia argentina y en algunas partes de Canadá.

Sin embargo, en mayor o en menor medida pero en la mayoría de los casos muy reducido, generalmente las lenguas posteriormente habladas en regiones de lengua celta mantienen un sustrato céltico en su vocabulario, como pueden ser el español, el francés, el portugués, el inglés o el alemán.

Mitología celta

La mitología celta es una serie de relatos de la aparente religión de los celtas durante la edad de hierro. Al igual que otras culturas indoeuropeas durante este periodo, los primeros celtas mantuvieron una mitología politeísta y una estructura religiosa. Entre el pueblo celta en estrecho contacto con Roma, como los galos y los celtíberos, esta mitología no sobrevivió al imperio romano, debido a su subsecuente conversión al cristianismo y a la pérdida de sus idiomas originales, aunque irónicamente fue a través de fuentes romanas y cristianas, contemporáneas, que conocemos detalles sobre sus creencias.

En contraste, la comunidad celta que mantuvo sus identidades políticas o lingüísticas (tales como las tribus de escotos y bretones de las Islas Británicas) transmitió por lo menos vestigios remanentes de las mitologías de la edad de hierro, las cuales fueron registradas a menudo en forma escrita durante la Edad Media.

Deidades celtas

Aunque el mundo celta en su apogeo abarcara la mayor parte de Europa occidental y central, no estaba políticamente unificada, ni existía alguna fuente central sustancial de influencia cultural; por consiguiente, había mucha variación en las prácticas locales de la religión celta (aunque ciertos motivos, por ejemplo, la adoración al dios Lugh, parece haber difundido en todas partes del mundo Celta). Las inscripciones de más de trescientas deidades, que a menudo se comparan con su contraparte romana, han sobrevivido, pero de éstas las más representadas parecen ser los genii locorum, dioses locales o tribales, de los cuales solo unos pocos fueron extensamente adorados. Sin embargo, de lo que ha llegado a nuestros días de la mitología celta, es posible distinguir las concordancias que insinúan un panteón más unificado de lo que a menudo se cree.

La naturaleza y las funciones de estos dioses antiguos pueden ser deducidas de sus nombres, de la localización de sus inscripciones, su iconografía, y de las deidades romanas con las que han sido comparadas.

Los dioses de Irlanda


El corpus mítico de mayor antigüedad lo encontramos en los manuscritos correspondientes a la alta edad media de Irlanda, los cuales fueron escritos por cristianos, por lo que la naturaleza divina de sus dioses fue modificada.

El mito originario parece ser una guerra entre dos razas aparentemente divinas: los Tuatha Dé Danann, literalmente las Tribus de la Diosa Dana que constituyen lo que se denomina los grandes dioses del panteón irlandés y los Fomoré, pueblo misterioso que aparece constantemente en la tradición irlandesa constituido por gigantes que viven en las islas que rodean Irlanda y que continuamente amenazan con invadirla sin llegar a concretarlo. Estas guerras entre ambas razas representan la base del texto Cath Maige Tuireadh (la Batalla de Mag Tuireadh), así como fragmentos de la gran construcción pseudohistórica Leabhar Ghabhála Érenn (Libro de la Invasión de Irlanda).

Los Tuatha Dé Dannan representan las funciones de la sociedad humana como la realeza, artes y guerra, mientras que los Fomoré representan la naturaleza salvaje y las fuerzas oscuras siempre dispuestas a llevar al caos a la sociedad humana y divina.

Dagda

El dios supremo del panteón irlandés parece haber sido Dagda. Es Dios-druida y dios de los druidas, señor de los elementos y del conocimiento, jurista y temible guerrero. Durante la segunda batalla de Mag Tured, llevó a los Tuatha Dé Danann a la victoria frente a los Fomoré. Se le denomina Dagda por que es el “dios bueno”, no bueno en un sentido moral, sino bueno en todo. Ha sido llamado Eochid (“padre de todos”), Lathir (“padre poderoso”)y Ruadh Rofhessa (“rojo de la gran ciencia”). Dagda es una figura-paterna, un protector de la tribu y el dios céltico básico del que otras deidades masculinas eran variantes. Los dioses célticos eran entidades mayormente no especializadas, y quizás deberíamos verlos como un clan en lugar de como un panteón formal. En cierto sentido, todos los dioses y diosas célticos eran como el dios griego Apolo, quién nunca podría ser descrito como dios de alguna cosa.

Debido al carácter particular de Dagda es una figura de la burla ridícula en la mitología irlandesa, algunos autores concluyen que él fue confiado para ser lo suficientemente benévolo (o ineficaz) para tolerar un chiste a sus expensas.

Los cuentos irlandeses retratan a Dagda como una figura de poder, fácil de distinguir por su extrema glotonería y desbordante sexualidad. Lleva un caldero cuyo contenido es inagotable, prototipo del Grial, y un arpa mágica que puede tocar, por si sola, aires de lamento, de sueño, de muerte o de risa. Posee también, una maza; si golpea a alguien con uno de sus extremos, lo mata; si lo hace con el otro, lo resucita. Es, pues, el dios de la vida y de la muerte, absolutamente ambiguo y poseedor de fuerzas temibles que pueden ser buenas o malas. En Dorset existe una silueta famosa de un gigante itifálico conocido como el Gigante de Cerne Abbas mostrando una maza. Aunque éste fue realizado en tiempos romanos, durante bastante tiempo se ha pensado que representa a Dagda sin embargo, esto ha sido reconsiderado en el último tiempo, por los recientes estudios que muestran que puede haber habido una representación de lo que parece ser una amplio paño que cuelga del brazo horizontal de la figura, llevando a la sospecha de que esta realmente representa a Hércules, (Heracles), con la piel del León de Nemea encima de su brazo y llevando la maza que utilizaba para matar. En Galia, se especula que Dagda se asocia con Sucellos, dios de la agricultura, los bosques y las bebidas alcohólicas, provisto de un martillo y una copa.

En los relatos épicos más recientes, así como en las novelas artúricas, el personaje de Dagda aparece a menudo con la forma de un “Hombre de los Bosques”, un patán que lleva una maza y que es señor de los animales salvajes.

Balar

Balar, Balor o Bolar, fue un dios irlandés que pertenecía a la raza de los gigantes Fomoré. Poseía un ojo en la frente y otro en la parte posterior del cráneo, que era maligno y que habitualmente mantenía cerrado. Cuando lo abría, su mirada era mortal para aquel en quien la fijara. Se conoce principalmente por haber matado al rey de los Tuatha Dé Danann, Nuada, motivo por el que su nieto Lug le dio muerte.

Mórrígan

Mórrígan, cuyo nombre significa literalmente “La reina de los fantasmas” era una diosa tripartita de la guerra de los celtas irlandeses antiguos que incitaba a los guerreros a combatir. Colectivamente era conocida como Morrigu, pero sus personalidades también eran llamadas; Nemhain (pánico), cuyo aspecto espantoso adoptaba sólo cuando se presentaba ante los que iban a morir; Macha (batalla), que aparece bajo la forma de una hembra de cuervo y Badh, cuyo nombre deriva del protocelta bodbh, “corneja”, aspecto con que incitaba a los guerreros a la batalla. Ella es comúnmente conocida por estar involucrada en la Táin Bó Cúailnge, donde es al mismo tiempo una auxiliadora y un estorbo para el héroe Cúchulainn. A menudo se representa como un cuervo o corneja aunque podía adoptar muchos formas distintas (vaca, lobo o anguila).

Lúgh/Lug

La difusión extendida del dios Lug (aparentemente relacionado a la figura mitológica Lúgh en irlandés) en la religión céltica se sustenta por el gran número de lugares en los que aparece su nombre, extendiéndose por todo el mundo celta de Irlanda a Galia. Las más famosos de éstas son las ciudades de Lugdunum (la ciudad francesa moderna de Lyon) , Lugdunum Batavorum (la ciudad moderna de Leiden) y Lucus Augusta (la actual ciudad de Lugo), además la raíz Lug está presente en todo el cantábrico, como ejemplo tenemos la tribu de los Astures de nombre Lugones o el término Lugas que en las tierras interiores de Cantabria se refiere a los rayos de sol que se cuelan entre las nubes. Lug es descrito en los mitos célticos como un allegado a la lista de deidades, y normalmente se describe teniendo la apariencia de un hombre joven. Aunque es el dios más importante de la mitología irlandesa, no es el dios supremo, sino el “dios sin función” porque las tiene todas. Lug pertenece a los Tuatha Dé Danann por su padre, pero a los Fomoré por su madre y en la segunda batalla de Mag Tured, se impone como caudillo de los Tuatha dé Danann y los conduce a la victoria, matando a su propio abuelo Balar, el del ojo pernicioso. Su nombre proviene de una palabra indoeuropea que significa “blanco”, “luminoso”, pero también “cuervo”, por lo que este animal parece estar vinculado de alguna forma con él. Posee un aspecto solar, pero no es un dios del sol, pues esta función era femenina entre los celtas. Sus armas eran la jabalina y la honda, y en Irlanda una fiesta, Lughnasa (irlandés moderno lúnasa) se conmemora en su honor.

Otros

Brigid (o Brigit), gran diosa irlandesa del fuego y la poesía. Se la considera hija de Dagda y pertenece a los Tuatha Dé Danann. Su nombre proviene de un radical que significa “altura”, “eminencia”, lo que señala su preeminencia. Aparece en la tradición irlandesa con distintos nombres, que simbolizan las funciones sociales que se le atribuyen, esquemáticamente ella es triple, pertenece a las tres clases de la sociedad indoeuropea; diosa de la inspiración y de la poesía (clase sacerdotal), protectora de los reyes y guerreros (clase guerrera) y diosa de las técnicas (clase de los artesanos, pastores y labradores).

Diosas de la naturaleza como Epona, diosa Gala o Galo-Romana, de los caballos. Se trata de la imagen de una antigua diosa-yegua cuyo nombre proviene del galo (“epo” = caballo, que corresponde al “hippos” griego y al “equus” latino), además de Tailtiu y Macha.

Los dioses masculinos incluyen a Goibniu, el dios herrero de los Tuatha Dé Danann. Es el señor de los artesanos, forja las armas de los guerreros y preside un extraño festín de inmortalidad, en el que los dioses se regeneran comiéndose los “cochinos mágicos” de Manannan. El nombre de Goibniu deriva del nombre “herrero” en celta.

Diancech, dios de la medicina en la tradición irlandesa. Participa en la batalla “Mag Tured” y abre una “fuente de salud” en la que mezcla numerosas hierbas que le permiten devolver la vida a los guerreros heridos o muertos

Angus, dios irlandés del amor, de sobrenombre “Mac Oc” (joven hijo). Hijo de Dagda e hijo adoptivo de Manannan. Posee un manto de invisibilidad con el que envuelve a quienes quiere proteger.

Los dioses de Gales


Los dioses de la Britania Prehistórica, también oscurecidos por siglos de cristiandad, llegan a nosotros por los manuscritos de Gales. Aquí existen dos grupos de lineajes de dioses; los niños de Dôn y los niños de Llyr, aunque cualquier distinción de función entre los dos grupos no está clara. Dôn, también conocida como Anna, Anu, Ana o Dana es la Diosa-madre de los antiguos celtas. En Irlanda, es la madre de los dioses, los famosos Tuatha Dé Danann. Se trata de una divinidad indoeuropea arcaica, conocida en la India con el nombre de “Anna Purna” (Ana la que provee) y en Roma como “Anna Parenna”. Es más que probable que este personaje divino fuera cristianizado bajo la figura de “Santa Ana”, madre de la Virgen María. Por otro lado Llyr es padre de un linaje de dioses, entre ellos Manannan, en la tradición irlandesa. Es una divinidad vinculada al mar, pero no es un dios del mar.

Dioses de la Galia


Los celtas de la Galia rindieron culto a varias deidades que nosotros conocemos poco más que sus nombres. El escritor romano Lucano (siglo I) menciona los dioses Taranis, Teutates y Esus, pero existe muy poca evidencia de que éstos fueran deidades célticas importantes. Algunas de estos dioses y diosas pueden haber sido variantes de otros; Epona, por ejemplo, puede haberse convertido en la heroína Rhiannon en Gales, y Macha a quien se le rendía culto principalmente en Ulster. Los pueblos politeístas raramente cuidan y mantienen sus panteones en un orden aseado y ordenado en que a los investigadores les gustaría encontrarlos. Algunas de éstas son:

Cernunnos

Cernunnos (El Astado), es evidentemente de gran antigüedad, pero nosotros conocemos muy poco de él. Probablemente es él quién aparece realzado en el famoso caldero de plata encontrado en Gundestrup, Dinamarca qué data de 1 o 2 siglos adC. Se cree que es el dios de la abundancia y amo de los animales salvajes. Su naturaleza es esencialmente terrenal. Se le representa mayor, tiene las orejas y los cuernos de un ciervo y lleva un “torque”, especie de collar galo. Está a menudo acompañado por una serpiente con cabeza de carnero. Aparece como el amo de los animales salvajes, terrestres y acuáticos. Sin duda manifiesta la fuerza, el poder y la perennidad (simbolizada por el ramaje). Se le representa como el donador de un altar con un cesto de vituallas, pasteles y monedas.

Belenus

Belenus era una deidad regional a la que se le rendida culto principalmente en el norte de Italia y en la costa de la Galia mediterránea. Él era principalmente un dios de agricultura. Una gran fiesta llamada Beltaine es asociada con él. Algunos todavía debaten si él realmente era en absoluto una deidad. Su nombre significa “luminoso y brillante” y algunos creen que ‘él’ simplemente representa las grandes hogueras de la fiesta de Beltaine. Coincidiendo con esta idea al topónimo asturiano Beleñu proveniente del céltico Belenus, se le añadió el de San Xuan, por ser este el día de la celebración del solsticio de verano en el que se hacen las hogueras coincidente con el día de Beltaine.

Teutates

Dios guerrero y protector de las tribus. Se le identifica como el Marte romano y Dagda de los irlandeses. Formaba parte de los “dioses de la noche” junto a Esus y Taranis, siendo un dios que recibía muchos sacrificios por parte de los druidas. Se le adoraba sobre todo en la Galia y en la Bretaña romana.

Taranis

Dios del trueno, de la tormenta y el cielo. Era un dios temido, cuyo culto se extendía por la Galia y parte de Bretaña. En particular, su adoración era muy parecida a la de Teutates, ya que para aplacar su ira se le dedicaban sacrificios y era miembro de la triada formada por estos dos más Esus. Se le relaciona con Thor, por su similitud con los poderes del rayo y el trueno, y los romanos le identificaban con Júpiter.

Esus

Dios sanguinario, señor de los bosques. Agrupado por Lucano junto a Teutates y Taranis como dioses principales de los galos. Recibía sacrificios debido al temor por ser un dios salvaje y ávido de sangre.

Cruz celta

La cruz celta es un icono religioso consistente en la unión de la cruz católica con un círculo, de simbología dudosa aunque indudablemente pagana.

Simbolismo e historia

La cruz celta aparece hacia el siglo V, con la conversión al cristianismo de los celtas -tribu indoeuropea habitante del norte de Hispania, la Britania y las zonas noroeste de Galia y Germania- por parte de apóstoles como Santiago o san Patricio. En ese momento se produjo la unión de la cruz con el círculo, en un ambiente general de sincretismo y unión religiosa en el que la religión druídica se fusionaba en parte con la católica, especialmente a partir del nombramiento de los primeros sacerdotes celtas.
El círculo de la cruz parece ser un símbolo solar, aunque hay otras interpretaciones. Esto tendría que ver con el mito céltico del rey Bran, señor del sol, aunque existen tradiciones más antiguas que le sitúan como divinidad de las olas y el mar. Este dios gigante está representado por una cabeza, pues pidió al morir que le decapitaran y que su testa fuera enterrada en la Colina Blanca de Londres, desde donde protegería a las islas si seguía sin ver la luz.

Utilizaciones actuales

Si bien no fue nunca un símbolo oficial del III Reich alemán, la cruz céltica es usada actualmente por diversos grupos nacionalsocialistas y fascistas de todo el mundo. Se sitúa en un marco general de utilización de símbolos paganos para legitimar el nacionalsocialismo, que rechaza la religión católica por proceder del tronco semítico y que quiere volver a las culturas de los viejos pueblos europeos precristianos, como los arios, los griegos o los celtas. Se trataría, pues, de un símbolo de transición.

Fuente: Wikipedia





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