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Los Celtas

Prehistoria e historia de los pueblos celtas

Es muy difícil distinguir los pueblos celtas o gaélicos entre los primeros grupos de indoeuropeos que penetraron en la Europa occidental y central. Sin embargo, es prácticamente seguro que participaron, junto a itálicos e ilirios, en la rápida y espectacular expansión de la Cultura de los Campos de Urnas del siglo XIII a. C., protagonizándola en la Europa occidental. En esta primera oleada, descendieron por la margen derecha del Ródano, ocupando Languedoc, Cataluña y el bajo valle del Ebro. Otra línea de expansión celta los llevó a Bélgica y el sureste británico.

Julio César ya había luchado contra ellos durante su conquista de la Galia y, con el tiempo, los romanos les arrebataron también sus dominios británicos e ibéricos. A finales del Antiguo Imperio Romano (476 d. C), los celtas tan sólo ocupaban partes del noroeste de Francia, Irlanda, Gales y algunas zonas de Escocia. Durante el transcurso de la Edad Media, reforzaron su control de Escocia e hicieron varios intentos de ampliar su territorio en Inglaterra.

A partir del siglo VIII a. C., los celtas participaron junto a los ilirios de la cultura de Hallstatt (Hierro-I), extendiéndose en esta fase por el interior de la Península Ibérica (siglo VII a. C.). En el siglo VI a. C. compartieron, sin embargo, el noreste ibérico con los íberos. Así, los celtas de Iberia iniciaron un desarrollo paralelo al de sus compatriotas continentales.

Desde el siglo IV a. C. los celtas continentales inauguran la cultura de La Tène, específicamente celta (Hierro-II). En esta fase, los celtas acabaron de ocupar el norte y centro de Francia (la Galia), el norte de Italia, así como la mayor parte de las islas británicas. También se extendieron por los Balcanes, alcanzando incluso una comarca de Asia Menor, que será conocida como Galatia. En esta época se construyen importantes villas fortificadas (lat. oppidum; pl. “oppida”), que sirven de centros comerciales y políticos. Es también en este período cuando el druidismo se extiende entre los celtas. Contrariamente a lo que se cree, los druidas no tenían templos de piedra ni arqueológicamente se ha podido enlazar el druidismo celta con Stonehenge, siendo la cultura megalítica anterior en varios milenios a la cultura celta y al fenómero del druidismo. Este error de asociar la cultura megalítica atlántica (presente en las islas británicas, Francia y España) con Stonehenge está muy extendido entre la gente por ser un invento del romanticismo del siglo XVIII. Como ejemplo: los celtas ibéricos no conocieron el fenómeno druídico, pero en España hay muchos restos megalíticos.

A partir del siglo II a. C., los celtas acusan la creciente presión militar de los germanos por el norte y, algo después, la de los romanos por el sur. En pocas décadas toda la Galia está ocupada por los romanos. La presencia romana en Gran Bretaña fue de escasa duración, lo que permitió a las lenguas celtas de esta isla (galés) sobrevivir y, más tarde, regresar al continente (Bretaña francesa).

Todavía en el siglo VII d. C. los celtas llevaron a cabo su quizá última expansión: los escotos irlandeses invadieron Caledonia, región que pasó a ser llamada Escocia.

Entre los restos arqueológicos celtas destacan los castros y los petroglifos (nota: muchos petroglifos son mil años anteriores a la cultura celta, aunque se seguirán haciendo durante el periodo celta), que se encuentran con frecuencia en el noroeste de la Península Ibérica.

Los pueblos y cultura célticas tuvieron una fuerte presencia, documentada por Plinio y otras fuentes, como el Leabhar Ghabhála Érenn, en el noroeste de la Península, en lo que es hoy la actual Galicia, el norte de Portugal, y la parte occidental de Asturias y León, asimilándose a la cultura castreña preexistente.

Celtíberos

El territorio peninsular sobre el que se asientan los recién llegados (preceltas)estaba habitado por pueblos preíberos (a parte de geográfico, íbero es un término cultural). Se discute mucho si se produjo un desplazamiento, una conquista, una alianza, asimilación, pacto o fusión entre celtas e íberos (de buen grado o como siervos). Los datos disponibles son contradictorios y las teorías de los autores difieren sobre el tema. Incluso podría darse una mezcla de todas las opciones posibles ya que las densidades de población y los recursos disponibles son muy especulativas. Las relaciones e influencias mutuas cambiaron con el paso del tiempo. Se atestigua una gran presencia precelta en zonas la Bética (actual Huelva, Sevilla) que se intentan explicar mediante la presencia de siervos, mercenarios o bolsas aisladas de colonos. Lo evidente es que en la península Ibérica falta realizar una campaña arqueológica seria que pueda dar datos fiables que permitan reconstruir el pasado.

Las primeras referencias escritas sobre los celtíberos se deben a geógrafos e historiadores greco-latinos (Estrabón, Tito Livio, Plinio y otros, aunque su estudio, que arranca del siglo XV, no adquiere rango científico hasta los inicios del siglo XX (marqués de Cerralbo, Schulten, Taracena, Caro Baroja, etc.), cobrando renovado impulso en los últimos años. Pese a este excepcional acervo literario, aún hoy se discuten aspectos claves para su definición: los confines de su solar, su verdadera personalidad o su propia genealogía.

Las fuentes clásicas son muy imprecisas respecto a su territorio, aunque podemos considerar que los celtíberos históricos se extendieron con seguridad por las provincias de Soria y Guadalajara, buena parte de La Rioja, este de Burgos, oeste de Zaragoza y Teruel, quizás norte de Cuenca y Asturias; diferentes interpretaciones amplían este marco hacia oriente y occidente. Pueden ser considerados como un grupo étnico, ya que incorporan entidades menores (arévacos, tittos, bellos y lusones, resultando polémica la inclusión de vacceos, pelendones y berones), sin que ello signifique la existencia de un poder centralizado y ni siquiera de una unidad política, salvo quizás, y de forma coyuntural, con ocasión de los acontecimientos militares del siglo II a. C.

Dado lo heterogéneo de la información literaria y de las evidencias arqueológicas de la cultura celtibérica, resulta difícil definirlos a partir de un único rasgo; no obstante, nos consta que hablaban una misma lengua, el celtibérico, cuyos testimonios escritos (utilizando el alfabeto ibérico), aunque tardíos, se extienden por un territorio que viene a coincidir básicamente con el descrito.

Según la visión tradicional, se explicaba su origen como resultado de la fusión entre celtas e iberos. En la actualidad, a partir de recientes estudios genéticos, se entienden como fruto de la evolución experimentada por algunos pueblos célticos peninsulares de la primera Edad del Hierro, sobre los que posteriormente ejerció una marcada influencia la cultura ibera.

La cultura de los celtíberos hizo suya la herencia de los iberos, de quienes adoptaron el sistema de escritura. Tras la caída de Numancia en el 133 a. C., su territorio pasó a formar parte de la provincia romana Hispania Citerior.

Los primeros textos celtíberos pueden fecharse aproximadamente entre principios del siglo II a. C. y el I d. C. El alfabeto utilizado en los textos más tempranos es el ibérico, que no resulta del todo adecuado para representar los distintos sonidos de la lengua celtibérica. El alfabeto latino ya está presente en algunos de los textos más tardíos. Muchas de las inscripciones contienen una fórmula onomástica estereotipada, como la que puede encontrarse en una lápida localizada en Ibiza: “Tirtanos de la familia de Abolus, hijo de Letondu, de Kontrebia Belaiska”.

Existe también un buen número de monedas grabadas con el nombre celtíbero de la ciudad o de los habitantes de la ciudad en donde aquéllas fueron acuñadas. Además, se han encontrado 20 tesserae hospitales grabadas, pequeñas placas de bronce utilizadas como símbolo de pacto entre dos partes, generalmente entre un individuo y una comunidad, con las que el portador podía solicitar hospitalidad a lo largo de sus viajes. La mayoría de estas inscripciones son muy breves, con la excepción de la tessera de Luzaga (24 palabras).

Religión

La religión de los antiguos celtas, particularmente la de los galos antes de la conquista romana, no es bien conocida, y los datos de que se disponen para reconstruirla son escasos y no muy precisos.

El culto estaba a cargo de los “druidas”, sacerdotes que a la vez eran los educadores de la juventud. Los monumentos llamados “Piedras Druídicas”, anteriores a la llegada de los celtas al oeste de Europa, parecen no haber representado ningún papel en la religión de los antiguos galos.

Durante mucho tiempo sólo existieron cultos locales especialmente relacionados con las montañas, los bosques y las aguas, a quienes se invocaba bajo diferentes nombres. Hallamos el dios Vosgos, la diosa Ardenas, el dios Dumias; las divinidades de las fuentes o de los rios: Sequana (la fuente del Sena), Nemausis (la fuente de Nimes).

Más tarde se estableció el culto de las grandes divinidades, más o menos común a toda la Galia, y que en la época galorromana se fueron identificando con las divinidades de Roma: Teutates, especie de Mercurio con algo de Júpiter y de Marte; Taranis, relacionado con el rayo, pero carente del poder supremo de Júpiter; Esus, dios de la guerra y del ganado, asimilado de Marte o de Silvano; Belenus, dios de las artes, relacionado con el sol y comparado con Apolo; Cernumnos, dios del sueño y de la muerte, como Plutón.

Junto a ellos figuraban diosas, como: Rosmerla, asociada a Teutates; Belisma, diosa de las artes del fuego, asimilada de Minerva; Epona, diosa de la abundancia agrícola, asimilada a Ceres.

Los galos tuvieron también divinidades abstractas o genios de las ciudades.

Entre las prácticas de la superstición popular es famosa la recolección, de acuerdo con prescripciones fijas, del muérdago, al que se consideraba dotado de virtudes extraordinarias.

Música celta

Con el término genérico de música celta la industria discográfica, las revistas musicales y los comercios intentan agrupar un conjunto de géneros musicales que comprenden desde la música folk tradicional de las poblaciones de lengua celta del Oeste de Europa hasta la música producida actualmente y que toma aportes rítmicos de ésta. El término corresponde a un nicho de mercado sabiamente identificado por la estrategia de mercadotecnia. El término música celta puede referirse tanto la tradición transmitida oralmente, como a las grabaciones de música popular que sólo tienen una similitud superficial con los estilos populares de los pueblos celtas.

Generalmente, el término se aplica también a la música de Irlanda y Escocia, debido a que ambos países producen una música con estilos bien conocidos y definidos además de ambientes puramente genuinos de este estilo musical. La música de Gales, Cornualles, Isla de Man, Bretaña, Northumbria y, particularmente en España, la música de Galicia, Cantabria y Asturias, asimilada a la corriente principal de la música celta desde la década de 1960

La tradición céltica es fuerte en Bretaña, donde hay numerosos festivales a lo largo del año. Por último, la música celta se ha expandido tanto que puede encontrarse también fuera de Europa. Un ejemplo de ello son Canadá y Estados Unidos.

Arte celta

El arte celta tiene varios puntos en común independientemente del territorio en el que fue elaborado, pues los distintos pueblos célticos tenían las mismas costumbres, mitología y también sentido estético. Este sentido estético está dominado por un fuerte abstraismo de las formas naturales, llevado al punto en que la figura humana y animal pierden toda materialidad. Al artista celta no le interesa tanto la fidelidad con el mundo natural o físico, sino la idea que quiere representar, así como la posibilidad de poner en práctica toda su imaginación en decorar o adornar sus productos artísticos. Si bien, tenemos el conocimiento actualmente, sobre todo por manuscritos y códices de época alto medieval (Ca.800 d.c. Book of Kells, Irlanda) que no obstante sabían cómo expresar el naturalismo en sus obras, pero, el convecionalismo estético del abstraismo les llevaba a reuhir esta forma de expresión artística clásica de Griegos y Romanos, contemporaneos suyos.

Características del arte celta

* Originalidad: el esfuerzo del artista celta por ser distinto a todo lo predominante en su época, así como frente a compañeros propios del mismo oficio.
* Abstraismo: se desmaterializa el arte, guardando solamente las formas que nos ayudan a distinguir, incluso a veces ni eso, las líneas esenciales de la figura representada. El arte celta es muy “simbolista”.
* Variación en las formas: dentro de un mismo esquema nos encontramos con variantes en la plantilla general de un mismo motivo, ya sea animal o vegetal.
* Imaginación desbordante que supera la obra: muchas veces la obra solo es un pretexto para dar rienda suelta a la técnica y genialidad del artista.
* Horror Baccui: el llamado horror al vacío, acuñado por los romanos (véase la Columna de Trajano) también es característica común del arte celta. No encontramos practicamente ningún punto vacío en el espacio dispuesto por el artista.
* Predilección por las figuras de caracter zoomórfico: los animales, ya vengan de una especie existente o bien sean de caracter fantástico, tienen preferencia a la hora de ser incluidos en la decoración céltica. Estas figuras normalmente eran de carácter apotropaico, es decir, protector.
* Predominancia de la decoración “marginal” frente al contenido principal: el artista celta puede situar una escena en el centro de la obra pero siempre se recreará en los adornos secundarios, que, para éste, parecen ser lo más atractivo y que conjuntan mejor con su manera de expresarse.

Lenguas celtas

Las lenguas celtas son un grupo de idiomas pertenecientes a la familia indoeuropea, en la que se incluyen

* el irlandés,
* el gaélico escocés,
* el gaélico manés,
* el galés,
* el córnico,
* el bretón, y
* todas aquellas lenguas muertas de esta familia que en un tiempo hablaron los pueblos celtas en Europa.

Historia

Procedente del proto-indoeuropeo, el grupo de lenguas célticas ocupa una posición intermedia, cronológicamente hablando, dentro de la familia indoeuropea, haciendo su aparición después de las lenguas anatolias (2000 a. C.), el griego (1400 a. C.), las lenguas índicas (1000 a. C.), las lenguas iranias (700 a. C.) y las lenguas itálicas (600 a. C.), pero antes de las lenguas germanas (siglo I d. C.), el armenio (siglo V), el tocario (siglo VII), las lenguas eslavas (siglo IV), las lenguas bálticas (siglo XV) y el idioma albanés (siglo XVI).

Éstas fueron habladas por los pueblos celtas, una serie de pueblos y tribus de la Europa Central y Occidental que compartían unas características culturales similares: creencias religiosas, estructura social, estilos artísticos, sistemas de producción, etc, pero sobre todo, estos pueblos hablaban una lengúa común, o más bien una serie de dialectos inteligibles entre sí. En nombre para designarse a sí mismos utilizaban era *gal- o *kel- como muestran los nombres de sus lenguas y los nombres de los pueblos celtas: Galli, Gálatae, Galaici, Gaelige, Kel(toi), Gálatai. De ahí que los griegos los llamaran keltoi y los romanos galli (pronunciado gal-li). El nombre celta procede del griego keltoi, nombre que usaban los geógrafos griegos en la primera mitad del I milenio a. C. para designar a los pueblos que habitaban Europa central. La primera referencia a este pueblo la hallamos en la Ora Marítima de Avieno, procónsul en África en el 336 d. C., basándose en un original griego del siglo VI a. C., aunque se encuentran esparcidas diversas alusiones a los celtas en Hecateo de Mileto, Heródoto y Aristóteles.

La aparición de las lenguas celtas está marcada por el debate sobre las teorías al respecto, que tienden a ser contradictorias entre sí. Una de ellas afirma que las lenguas célticas insulares son una unidad frente a las lenguas célticas continentales. Otra de las teorías propugna la existencia de una relación galo-britónica de un origen más arcaico, frente al goidélico, el idioma celtíbero y el idioma lepóntico.

Más tarde los celtas aparecerían en los registros romanos como los galli, nombre que permaneció en la denominación de determinados pueblos como los galos, los gálatas, o regiones como la Galia, Gallaecia o Galizia. Sin embargo, aunque los romanos denominaran a las tribus con sus nombres individuales (aedui, belgae, helvetti, boii…), sí reconocen ciertas características culturales entre éstas. La unidad lingüistica de estos pueblos es puesta de manifiesto por Tácito al percibir la similitud entre las lenguas brytónicas y las galas y San Jerónimo dejó constancia en sus escritos de que la lengua de los gálatas resultaba parecido el dialecto galo de Tréveris.

Los pueblos celtas, a lo largo de la historia se expandieron entre los siglos VIII y V a. C. desde su núcleo original centroeuropeo hacia otras regiones, ocupando el norte y centro de Francia (la Galia), el valle del Po en el norte de Italia, la península Ibérica, así como la mayor parte de las islas británicas. También se extendieron por los Balcanes, alcanzando incluso una comarca de Asia Menor, que será conocida como Galatia. En todas estás migraciones su lengua les acompañó allá donde fueran; en el siglo I a. C. se extendían por gran parte de Europa, desde la actual Turquía (Galacia) hasta Portugal.

Habladas ampliamente en Europa occidental en el primer milenio a. C., desde los tiempos romanos han experimentado un declive gradual, bien reemplazadas primero por el latín y luego por las lenguas romances en Francia, Portugal, Italia y España, bien desplazadas y sustituidas por otras ramas como la germana en las islas Británicas y Europa Central o la eslava en los Balcanes, o bien por la disipación e integración del pueblo celta y de su lenguas dentro de nuevas realidades históricas. A pesar de estos hechos, hubo pequeñas islas lingüísticas que sobrevivieron bastante tiempo a este influjo, habiendo testimonios de gálatas hablantes de lengua celta en el siglo IV d. C.

Sin embargo las lenguas célticas encontraron refugio a la romanización en el extremo noroccidental de Europa, en las islas Británicas. Allí las lenguas nativas gaélicas y britónicas mantuvieron su hegemonía hasta la Edad Media, siendo la lengua predominante en el Reino de Escocia y en los condados y reinos irlandeses y galeses.

Su declive en Gran Bretaña comenzó con las invasiones anglosajonas, quedando reducida su presencia tras Muralla de Offa a Gales, y al Reino de Escocia. Unos siglos más tarde también empezaron a perder peso y presencia las lenguas célticas en estas regiones y en Irlanda debido principalmente la perdida de independencia política y cultural, así como por el aislamiento económico, en detrimento del entonces pujante Reino de Inglaterra en el siglo XVI, si bien este proceso se dio de manera lenta y constante desde siglos atrás. La lengua hablada en la isla de Man se vería muy influenciada por aportes nórdicos, fruto de las sucesivas invasiones vikingas.

El origen del bretón, si bien se podría pensar fácilmente debido a su situación geográfica que es un reducto de la lengua gala hablada en época prerromana en la actual Francia, se remonta a migraciones de británicos (principalmente de las zonas de Cornualles y Gales) en el siglo V d. C. que huían de las invasiones anglosajonas a Gran Bretaña, estableciéndose tras cruzar el canal de la Mancha en la costa de Armórica, la actual Bretaña. Algunos de estos britanos llegaron incluso a la península ibérica, a las regiones de Galicia y Asturias.

Pese a su lento declive con los siglos, hoy día aún sobrevivien, únicamente, cuatro lenguas de la rama céltica, limitadas a pequeñas regiones de Europa: el idioma irlandés o gaélico irlandés en Irlanda, el gaélico escocés o escocés (nombre que lleva a la confusión con el también llamado escocés, idioma germánico) en Escocia, el idioma galés en Galés y el idioma bretón en Bretaña. Asimismo, hasta el siglo XVIII en Cornualles se hablaba el idioma córnico, de gran semejanza con el bretón y el galés. Hasta principios del siglo XX en la isla de Man se hablaba el idioma manés. También, fruto de la emigración, hay pequeñas colonias de hablantes de lengua celta en la Patagonia argentina y en algunas partes de Canadá.

Sin embargo, en mayor o en menor medida pero en la mayoría de los casos muy reducido, generalmente las lenguas posteriormente habladas en regiones de lengua celta mantienen un sustrato céltico en su vocabulario, como pueden ser el español, el francés, el portugués, el inglés o el alemán.

Mitología celta

La mitología celta es una serie de relatos de la aparente religión de los celtas durante la edad de hierro. Al igual que otras culturas indoeuropeas durante este periodo, los primeros celtas mantuvieron una mitología politeísta y una estructura religiosa. Entre el pueblo celta en estrecho contacto con Roma, como los galos y los celtíberos, esta mitología no sobrevivió al imperio romano, debido a su subsecuente conversión al cristianismo y a la pérdida de sus idiomas originales, aunque irónicamente fue a través de fuentes romanas y cristianas, contemporáneas, que conocemos detalles sobre sus creencias.

En contraste, la comunidad celta que mantuvo sus identidades políticas o lingüísticas (tales como las tribus de escotos y bretones de las Islas Británicas) transmitió por lo menos vestigios remanentes de las mitologías de la edad de hierro, las cuales fueron registradas a menudo en forma escrita durante la Edad Media.

Deidades celtas

Aunque el mundo celta en su apogeo abarcara la mayor parte de Europa occidental y central, no estaba políticamente unificada, ni existía alguna fuente central sustancial de influencia cultural; por consiguiente, había mucha variación en las prácticas locales de la religión celta (aunque ciertos motivos, por ejemplo, la adoración al dios Lugh, parece haber difundido en todas partes del mundo Celta). Las inscripciones de más de trescientas deidades, que a menudo se comparan con su contraparte romana, han sobrevivido, pero de éstas las más representadas parecen ser los genii locorum, dioses locales o tribales, de los cuales solo unos pocos fueron extensamente adorados. Sin embargo, de lo que ha llegado a nuestros días de la mitología celta, es posible distinguir las concordancias que insinúan un panteón más unificado de lo que a menudo se cree.

La naturaleza y las funciones de estos dioses antiguos pueden ser deducidas de sus nombres, de la localización de sus inscripciones, su iconografía, y de las deidades romanas con las que han sido comparadas.

Los dioses de Irlanda


El corpus mítico de mayor antigüedad lo encontramos en los manuscritos correspondientes a la alta edad media de Irlanda, los cuales fueron escritos por cristianos, por lo que la naturaleza divina de sus dioses fue modificada.

El mito originario parece ser una guerra entre dos razas aparentemente divinas: los Tuatha Dé Danann, literalmente las Tribus de la Diosa Dana que constituyen lo que se denomina los grandes dioses del panteón irlandés y los Fomoré, pueblo misterioso que aparece constantemente en la tradición irlandesa constituido por gigantes que viven en las islas que rodean Irlanda y que continuamente amenazan con invadirla sin llegar a concretarlo. Estas guerras entre ambas razas representan la base del texto Cath Maige Tuireadh (la Batalla de Mag Tuireadh), así como fragmentos de la gran construcción pseudohistórica Leabhar Ghabhála Érenn (Libro de la Invasión de Irlanda).

Los Tuatha Dé Dannan representan las funciones de la sociedad humana como la realeza, artes y guerra, mientras que los Fomoré representan la naturaleza salvaje y las fuerzas oscuras siempre dispuestas a llevar al caos a la sociedad humana y divina.

Dagda

El dios supremo del panteón irlandés parece haber sido Dagda. Es Dios-druida y dios de los druidas, señor de los elementos y del conocimiento, jurista y temible guerrero. Durante la segunda batalla de Mag Tured, llevó a los Tuatha Dé Danann a la victoria frente a los Fomoré. Se le denomina Dagda por que es el “dios bueno”, no bueno en un sentido moral, sino bueno en todo. Ha sido llamado Eochid (“padre de todos”), Lathir (“padre poderoso”)y Ruadh Rofhessa (“rojo de la gran ciencia”). Dagda es una figura-paterna, un protector de la tribu y el dios céltico básico del que otras deidades masculinas eran variantes. Los dioses célticos eran entidades mayormente no especializadas, y quizás deberíamos verlos como un clan en lugar de como un panteón formal. En cierto sentido, todos los dioses y diosas célticos eran como el dios griego Apolo, quién nunca podría ser descrito como dios de alguna cosa.

Debido al carácter particular de Dagda es una figura de la burla ridícula en la mitología irlandesa, algunos autores concluyen que él fue confiado para ser lo suficientemente benévolo (o ineficaz) para tolerar un chiste a sus expensas.

Los cuentos irlandeses retratan a Dagda como una figura de poder, fácil de distinguir por su extrema glotonería y desbordante sexualidad. Lleva un caldero cuyo contenido es inagotable, prototipo del Grial, y un arpa mágica que puede tocar, por si sola, aires de lamento, de sueño, de muerte o de risa. Posee también, una maza; si golpea a alguien con uno de sus extremos, lo mata; si lo hace con el otro, lo resucita. Es, pues, el dios de la vida y de la muerte, absolutamente ambiguo y poseedor de fuerzas temibles que pueden ser buenas o malas. En Dorset existe una silueta famosa de un gigante itifálico conocido como el Gigante de Cerne Abbas mostrando una maza. Aunque éste fue realizado en tiempos romanos, durante bastante tiempo se ha pensado que representa a Dagda sin embargo, esto ha sido reconsiderado en el último tiempo, por los recientes estudios que muestran que puede haber habido una representación de lo que parece ser una amplio paño que cuelga del brazo horizontal de la figura, llevando a la sospecha de que esta realmente representa a Hércules, (Heracles), con la piel del León de Nemea encima de su brazo y llevando la maza que utilizaba para matar. En Galia, se especula que Dagda se asocia con Sucellos, dios de la agricultura, los bosques y las bebidas alcohólicas, provisto de un martillo y una copa.

En los relatos épicos más recientes, así como en las novelas artúricas, el personaje de Dagda aparece a menudo con la forma de un “Hombre de los Bosques”, un patán que lleva una maza y que es señor de los animales salvajes.

Balar

Balar, Balor o Bolar, fue un dios irlandés que pertenecía a la raza de los gigantes Fomoré. Poseía un ojo en la frente y otro en la parte posterior del cráneo, que era maligno y que habitualmente mantenía cerrado. Cuando lo abría, su mirada era mortal para aquel en quien la fijara. Se conoce principalmente por haber matado al rey de los Tuatha Dé Danann, Nuada, motivo por el que su nieto Lug le dio muerte.

Mórrígan

Mórrígan, cuyo nombre significa literalmente “La reina de los fantasmas” era una diosa tripartita de la guerra de los celtas irlandeses antiguos que incitaba a los guerreros a combatir. Colectivamente era conocida como Morrigu, pero sus personalidades también eran llamadas; Nemhain (pánico), cuyo aspecto espantoso adoptaba sólo cuando se presentaba ante los que iban a morir; Macha (batalla), que aparece bajo la forma de una hembra de cuervo y Badh, cuyo nombre deriva del protocelta bodbh, “corneja”, aspecto con que incitaba a los guerreros a la batalla. Ella es comúnmente conocida por estar involucrada en la Táin Bó Cúailnge, donde es al mismo tiempo una auxiliadora y un estorbo para el héroe Cúchulainn. A menudo se representa como un cuervo o corneja aunque podía adoptar muchos formas distintas (vaca, lobo o anguila).

Lúgh/Lug

La difusión extendida del dios Lug (aparentemente relacionado a la figura mitológica Lúgh en irlandés) en la religión céltica se sustenta por el gran número de lugares en los que aparece su nombre, extendiéndose por todo el mundo celta de Irlanda a Galia. Las más famosos de éstas son las ciudades de Lugdunum (la ciudad francesa moderna de Lyon) , Lugdunum Batavorum (la ciudad moderna de Leiden) y Lucus Augusta (la actual ciudad de Lugo), además la raíz Lug está presente en todo el cantábrico, como ejemplo tenemos la tribu de los Astures de nombre Lugones o el término Lugas que en las tierras interiores de Cantabria se refiere a los rayos de sol que se cuelan entre las nubes. Lug es descrito en los mitos célticos como un allegado a la lista de deidades, y normalmente se describe teniendo la apariencia de un hombre joven. Aunque es el dios más importante de la mitología irlandesa, no es el dios supremo, sino el “dios sin función” porque las tiene todas. Lug pertenece a los Tuatha Dé Danann por su padre, pero a los Fomoré por su madre y en la segunda batalla de Mag Tured, se impone como caudillo de los Tuatha dé Danann y los conduce a la victoria, matando a su propio abuelo Balar, el del ojo pernicioso. Su nombre proviene de una palabra indoeuropea que significa “blanco”, “luminoso”, pero también “cuervo”, por lo que este animal parece estar vinculado de alguna forma con él. Posee un aspecto solar, pero no es un dios del sol, pues esta función era femenina entre los celtas. Sus armas eran la jabalina y la honda, y en Irlanda una fiesta, Lughnasa (irlandés moderno lúnasa) se conmemora en su honor.

Otros

Brigid (o Brigit), gran diosa irlandesa del fuego y la poesía. Se la considera hija de Dagda y pertenece a los Tuatha Dé Danann. Su nombre proviene de un radical que significa “altura”, “eminencia”, lo que señala su preeminencia. Aparece en la tradición irlandesa con distintos nombres, que simbolizan las funciones sociales que se le atribuyen, esquemáticamente ella es triple, pertenece a las tres clases de la sociedad indoeuropea; diosa de la inspiración y de la poesía (clase sacerdotal), protectora de los reyes y guerreros (clase guerrera) y diosa de las técnicas (clase de los artesanos, pastores y labradores).

Diosas de la naturaleza como Epona, diosa Gala o Galo-Romana, de los caballos. Se trata de la imagen de una antigua diosa-yegua cuyo nombre proviene del galo (“epo” = caballo, que corresponde al “hippos” griego y al “equus” latino), además de Tailtiu y Macha.

Los dioses masculinos incluyen a Goibniu, el dios herrero de los Tuatha Dé Danann. Es el señor de los artesanos, forja las armas de los guerreros y preside un extraño festín de inmortalidad, en el que los dioses se regeneran comiéndose los “cochinos mágicos” de Manannan. El nombre de Goibniu deriva del nombre “herrero” en celta.

Diancech, dios de la medicina en la tradición irlandesa. Participa en la batalla “Mag Tured” y abre una “fuente de salud” en la que mezcla numerosas hierbas que le permiten devolver la vida a los guerreros heridos o muertos

Angus, dios irlandés del amor, de sobrenombre “Mac Oc” (joven hijo). Hijo de Dagda e hijo adoptivo de Manannan. Posee un manto de invisibilidad con el que envuelve a quienes quiere proteger.

Los dioses de Gales


Los dioses de la Britania Prehistórica, también oscurecidos por siglos de cristiandad, llegan a nosotros por los manuscritos de Gales. Aquí existen dos grupos de lineajes de dioses; los niños de Dôn y los niños de Llyr, aunque cualquier distinción de función entre los dos grupos no está clara. Dôn, también conocida como Anna, Anu, Ana o Dana es la Diosa-madre de los antiguos celtas. En Irlanda, es la madre de los dioses, los famosos Tuatha Dé Danann. Se trata de una divinidad indoeuropea arcaica, conocida en la India con el nombre de “Anna Purna” (Ana la que provee) y en Roma como “Anna Parenna”. Es más que probable que este personaje divino fuera cristianizado bajo la figura de “Santa Ana”, madre de la Virgen María. Por otro lado Llyr es padre de un linaje de dioses, entre ellos Manannan, en la tradición irlandesa. Es una divinidad vinculada al mar, pero no es un dios del mar.

Dioses de la Galia


Los celtas de la Galia rindieron culto a varias deidades que nosotros conocemos poco más que sus nombres. El escritor romano Lucano (siglo I) menciona los dioses Taranis, Teutates y Esus, pero existe muy poca evidencia de que éstos fueran deidades célticas importantes. Algunas de estos dioses y diosas pueden haber sido variantes de otros; Epona, por ejemplo, puede haberse convertido en la heroína Rhiannon en Gales, y Macha a quien se le rendía culto principalmente en Ulster. Los pueblos politeístas raramente cuidan y mantienen sus panteones en un orden aseado y ordenado en que a los investigadores les gustaría encontrarlos. Algunas de éstas son:

Cernunnos

Cernunnos (El Astado), es evidentemente de gran antigüedad, pero nosotros conocemos muy poco de él. Probablemente es él quién aparece realzado en el famoso caldero de plata encontrado en Gundestrup, Dinamarca qué data de 1 o 2 siglos adC. Se cree que es el dios de la abundancia y amo de los animales salvajes. Su naturaleza es esencialmente terrenal. Se le representa mayor, tiene las orejas y los cuernos de un ciervo y lleva un “torque”, especie de collar galo. Está a menudo acompañado por una serpiente con cabeza de carnero. Aparece como el amo de los animales salvajes, terrestres y acuáticos. Sin duda manifiesta la fuerza, el poder y la perennidad (simbolizada por el ramaje). Se le representa como el donador de un altar con un cesto de vituallas, pasteles y monedas.

Belenus

Belenus era una deidad regional a la que se le rendida culto principalmente en el norte de Italia y en la costa de la Galia mediterránea. Él era principalmente un dios de agricultura. Una gran fiesta llamada Beltaine es asociada con él. Algunos todavía debaten si él realmente era en absoluto una deidad. Su nombre significa “luminoso y brillante” y algunos creen que ‘él’ simplemente representa las grandes hogueras de la fiesta de Beltaine. Coincidiendo con esta idea al topónimo asturiano Beleñu proveniente del céltico Belenus, se le añadió el de San Xuan, por ser este el día de la celebración del solsticio de verano en el que se hacen las hogueras coincidente con el día de Beltaine.

Teutates

Dios guerrero y protector de las tribus. Se le identifica como el Marte romano y Dagda de los irlandeses. Formaba parte de los “dioses de la noche” junto a Esus y Taranis, siendo un dios que recibía muchos sacrificios por parte de los druidas. Se le adoraba sobre todo en la Galia y en la Bretaña romana.

Taranis

Dios del trueno, de la tormenta y el cielo. Era un dios temido, cuyo culto se extendía por la Galia y parte de Bretaña. En particular, su adoración era muy parecida a la de Teutates, ya que para aplacar su ira se le dedicaban sacrificios y era miembro de la triada formada por estos dos más Esus. Se le relaciona con Thor, por su similitud con los poderes del rayo y el trueno, y los romanos le identificaban con Júpiter.

Esus

Dios sanguinario, señor de los bosques. Agrupado por Lucano junto a Teutates y Taranis como dioses principales de los galos. Recibía sacrificios debido al temor por ser un dios salvaje y ávido de sangre.

Cruz celta

La cruz celta es un icono religioso consistente en la unión de la cruz católica con un círculo, de simbología dudosa aunque indudablemente pagana.

Simbolismo e historia

La cruz celta aparece hacia el siglo V, con la conversión al cristianismo de los celtas -tribu indoeuropea habitante del norte de Hispania, la Britania y las zonas noroeste de Galia y Germania- por parte de apóstoles como Santiago o san Patricio. En ese momento se produjo la unión de la cruz con el círculo, en un ambiente general de sincretismo y unión religiosa en el que la religión druídica se fusionaba en parte con la católica, especialmente a partir del nombramiento de los primeros sacerdotes celtas.
El círculo de la cruz parece ser un símbolo solar, aunque hay otras interpretaciones. Esto tendría que ver con el mito céltico del rey Bran, señor del sol, aunque existen tradiciones más antiguas que le sitúan como divinidad de las olas y el mar. Este dios gigante está representado por una cabeza, pues pidió al morir que le decapitaran y que su testa fuera enterrada en la Colina Blanca de Londres, desde donde protegería a las islas si seguía sin ver la luz.

Utilizaciones actuales

Si bien no fue nunca un símbolo oficial del III Reich alemán, la cruz céltica es usada actualmente por diversos grupos nacionalsocialistas y fascistas de todo el mundo. Se sitúa en un marco general de utilización de símbolos paganos para legitimar el nacionalsocialismo, que rechaza la religión católica por proceder del tronco semítico y que quiere volver a las culturas de los viejos pueblos europeos precristianos, como los arios, los griegos o los celtas. Se trataría, pues, de un símbolo de transición.

Fuente: Wikipedia





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